Ms. Tree: Una madre de armas tomar. Cómic.

  • Guión: Max Allan Collins
  • Dibujo: Terry Beatty (junto a Gary Kato en la última historia)
  • Color: Tom Ziuko y Erica Kalchelhofer
  • Cártem Comics

La vida de Michael Tree no ha sido tradicional, pero claro, si tu padre quiere un niño tanto como para llamar a su hija Michael y tu marido, un policía también llamado Michael que se convirtió en detective privado, es asesinado en la luna de miel por la familia mafiosa que controla los bajos fondos de Chicago (los Muerta), lo tradicional es lo que menos te importa cuando te toca encabezar la agencia de detectives Tree y crías a Michael Tree Jr., ese hijastro que te legó tu marido y con el que no te llevas demasiado bien. Y al demonio con todo lo demás, aquí estás para resolver asesinatos mientras esquivas las balas de los asesinos a sueldo, para encontrar a adolescentes y bebés secuestradas, aunque compartan apellido con los mafiosos que asesinaron a tu marido, y, cuando tienes un momento, para supervisar la seguridad del multimillonario compañero de instituto al que su esposa amenaza con armas de fuego o para acogotar al nuevo capo mafioso tanto que prefiera estar a tu lado en vez de enfrente.

Max Allan Collins (Muscatine –Iowa-, 1948) tenía claro desde pequeño que quería hacer cómics, nada sorprendente si vemos que desde una tierna infancia fue lector compulsivo de tebeos y novelas detectivescas (con predilección por las tiras de Dick Tracy y los relatos de Sherlock Holmes y el Santo, pero nutriéndose de cualquier fuente que encontraba y alertando, de paso, a unos cuantos preocupados educadores que le encontraban novelas de cubiertas “sugerentes” mezcladas con cuadernos y libros de clase), así que nadie debió levantó ni una ceja cuando el chico se apuntó a clases de escritura creativa en la universidad y, a mediados de los setenta, empezó a escribir profesionalmente novelas protagonizadas por detectives, ladrones o asesinos a sueldo.

Como la cabra tira al monte, en 1977 Collins sustituyó como guionista a Chester Gould en la strip de Dick Tracy y, habiendo envenenado ya la mente del dibujante Terry Beatty (hijo de su antiguo profesor de inglés y también nativo de Muscatine, aunque nacido en 1958), un buen día de 1981 crearon, en las páginas del primer número del Eclipse Magazine, a una detective privada con grandes dosis de rabia mal reprimida y un gatillo más bien suelto: Ms. Tree. Poco después y ante la sorpresa de unos cuantos –no en vano esta pareja creativa eran unos desconocidos en el ecosistema del cómic de la época y tenían todas las bazas para pasar a la irrelevancia en medio de una revista llena de nombres ya con solera como Englehart, McGregor, Gerber, Colan, Ken Steacy, Tom Sutton, Marshall Rogers o Trina Robbins, entre otros-, el personaje consiguió una colección en Eclipse Comics que duró, con diversos cambios editoriales, algo más de cincuenta entregas (convirtiéndose en una de las colecciones de comic detectivesco de andadura más larga) y, como quiebro final, acabó siendo publicada a primeros de 1990, en una serie trimestral con mayor número de páginas y bajo un sello “recomendado para lectores adultos”, por DC Comics, la segunda editorial más importante en ese momento.

Curiosamente, parte de esta última etapa son las historias que nos encontramos recopiladas en este primer volumen de la recuperación de Ms. Tree, llevada a cabo por la editorial Hard Case Crime y que a España nos trae la editorial Cártem Cómics. O quizá no tan curiosamente ya que, aparte de que en el texto que abre el volumen el propio Max Allan Collins nos dice que se escogieron porque son las mejores historias de toda la colección, lo cierto es que empezar en ese punto ofrece bastantes ventajas comerciales: se inicia la recuperación con unas historias detectivescas que, aparte de ser tan sólidas como era ya habitual con este personaje, resumen el enfrentamiento de Tree Investigations con la familia criminal Muerta, crean a ese maquiavélico y carismático personaje que es Don Donnie Muerta y, al mismo tiempo, trasmiten el espíritu de la serie con múltiples referencias que los lectores más veteranos del personaje reconocen sin que el nuevo lector se encontrase abrumado por esa continuidad previa.

Otra ventaja de empezar por estas historias es que la larga evolución de la serie, sobre todo la estética (con un muy novicio Terry Beatty que presentaba bastantes rigideces al inicio, aunque acabó despuntando como un narrador clásico y sólido, y con un color que, por limitaciones industriales de las pequeñas editoriales en que recaló la serie, se limitaba a blanco, negro y azul o rojo, resultándonos a día de hoy muy extraño), no se percibe y se nos entrega el producto en su cénit gráfico.

En las primeras páginas (con la historia s El regalo de la muerte) Collins y Beatty resumen perfectamente la personalidad y motivaciones de Ms. Tree, mostrándonos una mujer solitaria aunque segura de sí misma, fría en el momento de pasar a la acción y con una tendencia bastante acusada a ejercer de juez y ejecutor al mismo tiempo (tendencia no inhabitual en los personajes del escritor de Iowa, por otro lado), conservándose intacto ese personaje que el escritor se había encargado de delinear desde un principio para que no agradase a los lectores de entrada, creando un contraste entre esta antipatía y la eficacia de la investigadora, a pesar de ser publicada ahora por una de las editoriales mainstream. A este respecto, en todo el volumen no se hará referencia explícita a los problemas de manejo de la ira que sufre el personaje, pero más de una vez podremos intuirlos en sus acciones (esas páginas iniciales de la historia Muérete, encanto, con el partido de tenis, resultan paradigmáticas).

Las historias recopiladas aquí no siguen exactamente el orden de publicación del Ms. Tree Quarterly original, sino que se intercalan en torno al concepto de familia; Collins hace un contraste entre las familias Tree y Muerta, transformando desde la primera historia ese enfrentamiento previo (provocado por el asesinato del esposo de Ms. Tree) en una relación de cercanía no exenta de tiranteces, al tiempo que una novedad en la vida de la detective, por circunstancias que se revelarán plenamente a los lectores en el capítulo Asuntos de familia, obligará a ésta a cambiar en gran medida su estilo arrojado, si bien continuando en el papel de lo que hoy llamaríamos una heroína de acción.

Todo lo anterior no quiere decir que empezar por estas historias sea la decisión perfecta, en esta serie de episodios autoconclusivos se diluye algo del trasfondo con que contaba previamente al pasar los secundarios habituales (Dan Green, con su brazo izquierdo convertido en un garfio a imagen del detective real J.J. Armes, el eficiente Roger Freemont, el detective afroamericano Rafe Valer o la secretaria Effie) a ser testimoniales y la serie en su conjunto, hija de su época al fin y al cabo, se parece quizá demasiado a las series detectivescas que en esos tiempos podíamos ver en la tele, a lo Magnum o Los casos de Rockford, esto es, una serie de episodios en que cada capítulo te entregaba un caso completo en que la continuidad y evolución de los personajes era bastante tenue; sin embargo el último cómic, Una madre de armas tomar, desarrolla un caso de secuestro en el que podemos contemplar a Tree Investigations Inc y a casi todos los secundarios de la serie en toda su gloria, siendo uno de los cómics de esa década que mejor combinan el noir con la acción, al menos para este redactor, y uno de los momentos álgidos de la serie.

Como hemos mencionado, destaca como principal personaje secundario, por encima de los habituales, el de Don Donnie Muerta, quien toma sobre sus hombros la responsabilidad de dirigir a la familia mafiosa hacia la legalidad, aunque conservando un pie en el mundo del hampa, y que se erige por derecho propio en un oponente de categoría para la detective (a pesar de actuar como aliado poco fiable por sus ambiguos métodos). Es una pena que, al finalizar la colección en Estados Unidos, Collins no desarrollase la trama de este yuppie con raíces mafiosas, puesto que sus apariciones en este volumen dejan con ganas de más.

El tomo se cierra con el cuento en prosa Inconvinience store, donde la protagonista se verá envuelta en un atraco en un pequeño comercio aderezado con toma de rehenes, en otra de las mejores historias del tomo (aunque aquí ya sin ilustraciones de Beatty). La inclusión de esta historia nos permite encontrarle otro pero a Collins, aquí vemos cómo en sus guiones para cómics (y también para películas y series de televisión) gran parte del trabajo de caracterización, que en las novelas construye a través de los pensamientos de los personajes, se lo deja al dibujante que en cada momento trabaje con su historia , perdiéndose esa labor que, en caso de encontrar una alternativa para incluirla en la historia, enriquecería sobremanera la narración (sin que los cuadros de texto que añade aquí y allá sean suficientes para suplir esta carencia).

Terry Beatty se encarga del dibujo de estas historias utilizando una división de las páginas en tres tiras de viñetas horizontales, subdivididas a su vez en dos o tres viñetas que optan, al estar las historias llenas de conversaciones que preparan cuidadosamente los momentos de violencia, por moverse principalmente en planos medios, alterados en momentos puntuales por picados, planos detalle o planos enteros y viñetas a sangre. Beatty usa una línea clara y definida, influenciada por los dibujantes de strips de aventuras clásicas y con momentos que recuerdan poderosamente a Johnny Craig y a Pete Morisi, habiendo dejado atrás las rigideces que presentaba en sus primeros trabajos y combinando la feminidad de Ms. Tree al tiempo que tiene un aspecto imponente; a pesar de lo que acabo de decir hay que aclarar que la influencia de Chester Gould sobre Beatty, que he visto enunciada a lo largo de los años en diversos lugares, no he sido capaz de captarla en ningún momento del cómic.

Beatty, a pesar de dibujar unas historias enclavadas en el género detectivesco, emplea las sombras de una manera menos habitual de lo que podría esperarse en este tipo de narraciones, lo que crea una sensación de amabilidad y de cierto optimismo a su estilo que no nos prepara para algunos de los momentos más crudos de la narración. Lo anterior no quiere decir que Beatty escatime las sombras cuando hay que emplearlas, ni que haya renunciado a usar tramas mecánicas, sino sólo a que ha refinado tanto su estilo que las emplea sólo cuando considera que son estrictamente necesarias (emparentándose con otros dibujantes de esa época, como Bruce Timm, Rick Burchett o Ty Templeton, con sus estilos de pocas rayas y levemente cartoon, que en varios casos se reunirán en torno a las series animadas de Batman y sus adaptaciones al cómic, adaptaciones a las que Beatty se incorporará por esos años).

El color de estos números se aplica por los coloristas Tom Ziuko, primero, y Eric Kachelhofer después, siendo un color plano, de bastante calidad para la época, que no parece buscar en ningún momento efectos psicológicos o narrativos. En cualquier caso, una mejora respecto del coloreado en bitono que marco el paso de la colección por pequeñas editoriales independientes.

Resumiendo, este primer volumen de Ms. Tree arroja un saldo positivo, con historias detectivescas no especialmente complicadas en su resolución pero sí muy entretenidas en su desarrollo, a pesar de echarse en falta las intervenciones de ese nutrido elenco de secundarios que tan bien habían sabido construir Collins y Beatty hasta ese momento. Por supuesto, como es habitual, la edición de Cártem Cómics viene con un tamaño ligeramente superior al standard del cómic-book y con un papel de gran calidad que permitirá un buen número de relecturas a este clásico que sólo había sido publicado en nuestro país incompleta y fragmentariamente hace muchos años.

Miguel Ángel Vega Calle

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