Bobby March vivirá para siempre, de Alan Parks.

Bobby March vivirá para siempre, Alan Parks. Tusquets.

Tercera entrega de las peripecias del inspector Harry McCoy de la policía de Glasgow, al que conocimos en Enero sangriento.

Nos encontramos en el verano de 1973, y este peculiar policía tendrá que enfrentarse a variados casos sin relación entre ellos. De esta forma participará en la búsqueda de una niña de trece años, investigará la muerte por sobredosis de una figura del rock, buscará a una joven adolescente, emparentada con un alto cargo de la policía, y finalmente como un caso derivado de los anteriores, tendrá que detener a un grupo de ladrones de bancos.

Como señalaba anteriormente, Harry McCoy es un policía un tanto peculiar. Es un hombre entregado a su trabajo, con una serie de principios éticos muy claros, que le enfrentan a las actitudes y comportamientos de sus compañeros y jefes. Pero también tiene un lado oscuro. Por un lado, es un bebedor y consumidor de drogas habitual, y además mantiene una singular relación con los delincuentes de su ciudad, especialmente con el capo Stevie Cooper, viejo compañero de infortunios en un hospicio. La intensa relación de un policía con un delincuente parece ser marca de los escritores escoceses de género noir—el llamado tartan noir—. Ejemplos de este fenómeno los tenemos en las novelas de Stuart McBride, donde su personaje, el inspector Logan McRae se encontrará como heredero del imperio delictivo de un capo de Aberdeen, o el caso de la singular relación que mantiene el inspector de Edimburgo John Rebus, del escritor Ian Rankin, con el mafioso Morris «Big Ger» Cafferty.

McCoy resulta igualmente paradójico, pues puede desempeñarse con gran dureza y brutalidad mientras resuelve sus casos, pero no soporta las autopsias ni la sangre. Y aunque es un hombre muy echado para adelante, en algunos momentos de la novela pasa mucho, pero que mucho miedo. Es un hombre atravesado por una insatisfacción vital muy intensa, con una sensación de fatalidad y desgracia, que intenta compensar con su trabajo policial, aunque en la resolución de esta novela, se cuestionará muy mucho su actividad y sus lealtades.

Pese a gustar de su actividad como policía, tiene grandes enfrentamientos con sus compañeros—especialmente con Bernie Raeburn, que mantiene una feroz lucha, con tintes personales, con McCoy—. En general no soporta la vinculación de la policía con los poderes fácticos de Glasgow, personificados en esta ocasión con los grupos masónicos, de los que los policías resultan casi unos meros matones. Tema aparte es su estupenda relación, llena de admiración y cariño, por su compañero «Wattie» Watson, de quien admira su entusiasmo y su buen talante natural.

Pero en general no tiene una buena impresión de sus compañeros de los que llega a afirmar que son ….

«Imbéciles ignorantes, que se dedican a hacer lo que quieren, a llenarse los bolsillos, a torcer la ley como les conviene. Y si ese era el caso, él no quería formar parte de ello.»

El caso que dispara toda la narración es el de la desaparición de la niña de trece años, Alice Kelly. Como suele ser habitual, el caso de una niña desaparecida tiene una enorme repercusión social, y puede convertirse en un gran éxito profesional para quien dé con el paradero de la menor. Así veremos las rencillas y malas prácticas que aparecen para poder apuntarse la resolución del caso. Alguna de ellas es sencillamente terrible, saltándose todas las normas éticas para tapar el fracaso de las pesquisas.

En este caso el autor carga contra la opinión pública, y cómo la misma, es manipulada y engañada por la prensa sensacionalista …

Esto ya lo vimos de forma dramática en la novela de Patrrick McGuinness, Echadme a los lobos.

«Este era el tipo de caso que vende periódicos, que hace que la gente hable, que quiera saber todos los detalles espeluznantes. El tipo de caso que hace que una multitud rebuzne fuera del tribunal.»

 El descubrimiento del cadáver del rockero Bobby March, muerto por una sobredosis, sirve al autor para ofrecernos un extenso, cariñoso y descarnado documental sobre el mundo del rock y los anhelos y frustraciones que se dan en el mismo. A lo largo de la novela se nos va relatando durante varios años, como es la llegada de un joven y brillante guitarrista, hasta su dramática muerte. Donde más carga las tintas el autor es en el peso que significó el consumo de drogas en esa generación, pues como los míticos Jimi Hendrix, Janis Joplin o Jim Morrison, Bobby March tiene veintisiete años cuando muere.

Les recomendamos no se pierdan la importante presencia que grandes mitos del rock de aquellos años, como los Rolling Stones o el cantante Rod Stewart tienen en la narración. Papel aparte es el del guitarrista de los Stones, Keith Richards, con el que el personaje establecerá importantes paralelismos.

El tercer caso se refiere al encargo personal que recibe McCoy por parte de su jefe y mentor, Héctor Murray, de dar con el paradero de su sobrina Laura, de quince años. Esta investigación permite al autor describir el fenómeno de la atracción de ciertas chicas jóvenes por los malotes, donde estas pueden meterse de hoz y coz en historias de lo que ahora se da en llamar violencia de género, señalando cómo la altanería de las chicas de buena posición económica y un tanto snobs, las mete en líos muy complicados y a veces mortales.

En esta línea Parks describe con crudeza la violencia que se da en numerosos grupos familiares, lo que le permite mostrarnos las muy variadas razones que pueden llevar a una adolescente a abandonar su casa.

Hay una cuarta trama de investigación referido a un grupo de ladrones de bancos. Esta investigación resulta un corolario de algunas de las tres anteriores, y permite al autor mostrarnos las relaciones de la población de Glasgow con el Ulster, y como es casi obligado por la época, se nos narra el terrible peso de la criminalidad del IRA en la vida cotidiana de aquellos años, y cómo esta, sirve de paraguas a otras actividades delictivas. En este sentido nos trae a la memoria las fantásticas novelas de Stuart Neville o Adrian McKinty.

Mientras acompañamos a Harry McCoy intentando resolver los diversos casos que debe enfrentar, conoceremos de muy diversas realidades de la ciudad de Glasgow. Así se nos describirá el gran peso de los gans criminales, y la violencia y ferocidad que despliegan entre ellos mismos, con tal de conseguir y mantener los teritorios necesarios para sus actividades. De igual forma se tratará el tema del consumo de drogas, con todo lo que significa en cuanto a su distribución, pero especialmente los devastadores efectos en las vidas de aquellos que se lanzan en la terrible vorágine de su consumo. Nos sorprenderá la identidad del caso más descrito en esta narración.

Ya he señalado el repaso que da el autor en esta novela del mundo del rock, donde se nos habla de los anhelos y frustraciones de los músicos, pero también se nos describirá los diversos personajes que les rodean. Por un lado, el mundo de los groupies, con su entusiasmo y los altos niveles de identificación, con las secuelas que este hecho puede alcanzar. En ese sentido nos recuerda a lo que se nos relataba en El rey perdido, de Jeff Noon, en el Swinging London del pop de principios de los ochenta. Por otra parte, se nos habla de la gente que rodea a los músicos: managers, productores y especialmente a sus camellos, entre los que encontraremos sorprendentes protagonistas.

La galería de personajes en una novela con tantas tramas y subtramas es enorme, pero les recomendamos especialmente el peso y el retrato de un grupo de mujeres muy duras y decididas: Iris la tabernera, Laura la adolescente escapada, Angela, la mujer del rock , Ellie, la novia de su amigo Stevie, o la periodista Mary Webster. Todas ellas decididas y valientes, en un mundo de varones bastante asilvestrados y violentos.

Finalmente hay que destacar el papel de la ciudad de Glasgow, con su dureza, sus luchas sociales, y su gran energía. Eso sí, en medio de un verano tórrido que lleva a decir al protagonista:

«Glasgow tampoco estaba acostumbrado a este tipo de clima, no le convenía de alguna manera. La dura luz del sol mostraba la realidad de la ciudad: no había tiempo nublado ni llovizna que suavizara la imagen. La luz del sol destacaba la decadencia, la basura de las calles, los rostros arruinados del grupo de hombres temblorosos que esperaban a que abriera la tienda».

«La ciudad se había vuelto polvorienta, seca; incluso olía diferente, a asfalto caliente y a desagües y contenedores volcados por el calor. Este era el tipo de clima que ponía a la gente nerviosa, a hacer cosas estúpidas, a beber demasiado, a iniciar peleas. El tipo de cosas que Glasgow necesitaba tanto como un agujero en la cabeza.»

Les recomendamos vivamente este Bobby March vivirá para siempre, una gran novela de intriga, social y de grandes personajes en la línea de otros grandes autores del noir que situaron sus narraciones en la gran metrópoli escocesa, como son Denise Mina, Craig Russell, y su inolvidable Lennox, o el canónico William Mcilvanney.

José María Sánchez Pardo

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s