Amar y ser sabio de Josephine Tey.

Amar y ser sabio. Josephine Tey. Hoja de Lata.

Incluso a un dios le es difícil amar y ser sabio a la vez

Publilio Siro, siglo I a.C.

Cuando el escritor latino acuñó esa frase, no podía imaginarse que Francis Bacon ((1561-1626), el filósofo empirista, la retomaría, ya sin dioses, siglos después –“Es imposible amar y ser sabio”- y, menos aún, que la frase de Bacon daría pie a la escocesa Josephine Tey (1896-1952) para construir sobre ella una de las mejores novelas de Alan Grant, inspector de Scotland Yard.

En concreto, To Love and Be WiseAmar y ser sabio– es la tercera novela que Tey dedicó a ese personaje y una de las mejores -y eso es decir mucho cuando se habla de Josephine Tey-; quizás la mejor después de su magnífica La Hija del tiempo, reseñada ya en este blog

En realidad, ambas obras -la primera de 1950, la segunda de 1951- son producto de una madurez literaria que anunciaba grandes obras para el futuro, si las expectativas no se hubieran visto lamentablemente limitadas, por la prematura muerte de la escritora escocesa, a una quinta y última novela de Grant, que en España no hemos tenido la oportunidad de leer aún, aunque contamos con hacerlo alguno de los próximos veranos, si Hoja de Lata mantiene su encomiable tradición de ofrecernos un Tey cada verano.

Josephine Tey

La historia de Amar y ser sabio empieza con Alan Grant acudiendo a una fiesta literaria en  Bloomsbury -el barrio bohemio de Londres-. Grant no es amigo de este tipo de barullo, pero ha quedado en ir allí a recoger a su amiga Marta Hallard para llevarla a cenar.

“Es cierto que los policías no suelen llevar a cenar a actrices de éxito… [pero] Había tres razones para semejante privilegio, Y Grant era consciente de las tres. En primer lugar, era un acompañante presentable, en segundo lugar, podía permitirse cenar en el Laurente, y, en tercer lugar, a Marta Hallard no le resultaba fácil encontrar acompañante. Los hombres solían sentirse algo atemorizados por Marta a causa de su estatus y su atractivo.”

La amistad con Marta tendrá su  importancia en esta novela, más allá de lo útil que es en general en la vida de Grant -una amistad que también se evidencia en La hija del tiempo-, puesto que si “él era útil para Marta haciendo las veces de caballero cuando necesitaba uno, ella lo era incluso más para él como ventana al mundo. Cuantas más ventanas al mundo posea un policía mejor podrá hacer su trabajo, y Marta era su “ventanuco del leproso” (ventana de las iglesias medievales que permitía a los leprosos seguir los oficios desde el exterior del templo).

Ventana para leprosos. Iglesia de S. Pedro y Tomás, Strambourne, Essex

Así que Grant acude al evento, y nada más entrar en la fiesta traba conversación con un joven de rara belleza –”Un muchacho desconcertantemente atractivo”, según lo describe Marta Hallard- al que le hace el favor de presentarle a la escritora a la que el joven buscaba, Lavinia Fitch.

Y ahí se habría acabado la intervención en la historia de Grant, si no fuera porque Lavinia, por diversos motivos, invita al joven a que pase el fin de semana, con ella y su familia, en su impresionante mansión campestre.

Y a que, poco después, el joven, que es un afamado fotógrafo norteamericano, desaparece de la manera más misteriosa, en una situación que puede hacer pensar en un asesinato, por lo que los servicios profesionales de Grant son requeridos para que esclarezca, si puede, el misterio.

Mansión campestre británica de estilo historicista

Como la mansión, Villa Graciosa -de un graciosamente horrendo estilo gótico victoriano- se encuentra en un pueblecito encantador -Salcott St. Mary, en Orfordshire-, en el que  la monotonía campestre se ha visto rota por la irrupción de una colonia de artistas, cada uno bastante peculiar en su idiosincrasia, Amar y ser sabio nos da la oportunidad de disfrutar de ese mundo de mansión rural inglesa típico y tópico que tanto encanto tiene para muchos lectores de novelas detectivescas.

Pero en el caso de Josephine Tey, por muy bueno que sea el telón de fondo de sus novelas -y siempre lo es- esa no es la mejor baza de sus obras.

En lo que brilla, por encima de todo, es en su descripción de las personalidades de sus personajes; de sus mentalidades y sus motivaciones. La comprensión que Tey demuestra de la naturaleza humana -en sus grandezas, miserias y sutilezas- coloca a esta escritora muy por encima de la mayoría de los escritores, cualquiera que sea el género que aborden.

Y Tey tiene también la gran virtud de que su mirada, además de muy inteligente, es compasiva… excepto cuando Alan Grant ha de lidiar con personajes francamente malvados. Tey comprende muy bien los “grises” del alma humana y dota a su personaje protagonista de esa sabiduría, como bien se ve en Amar y ser sabio.

Un paisaje que bien pudiera ser el escenario de la novela

Eso es lo que es sobre todo Amar y ser sabio; el reflejo de la gran sensibilidad e inteligencia de una mujer capaz de comprender el mundo que le rodea y las fuerzas que motivan a las personas que en él habitan: el amor que puede hacernos ciego ante la verdadera personalidad del ser amado, el egoísmo que centra la mirada en uno mismo, la ridícula vanidad… 

Todo eso, y mucho más, se encuentra en Amar y ser sabio, además de una trama muy ingeniosa que vuelve a poner a prueba el instinto de un Alan Grant que, para deleite del lector y respiro de los inocentes, no se limita a seguir las órdenes de su jefe: “Grant, pruebas pruebas sólidas. No permita que su instinto tome las riendas, no lo permita”.

Al final de la novela, Tey, a través de Grant, hace una inteligente reflexión: “La vida está construida a base de compensaciones.”.

Pues una de esas “compensaciones” -una de las cosas agradables que nos compensa de algunos sinsabores- es la lectura de una buena novela. Amar y ser sabio lo es.

Los rescatados

Un comentario en “Amar y ser sabio de Josephine Tey.

  1. Pingback: Reseña de Amar y ser sabio de Josephine Tey – Leer es vivir dos veces

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