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Gordiano, un sabueso en la Roma republicana.

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El noir es un género que ha utilizado variados escenarios geográficos y temporales. Uno de los subgéneros más prolíficos del mismo han sido las novelas y relatos situados durante la Roma clásica en diversos períodos de su historia. Entre las series más importantes que han aparecido a lo largo de los años, queremos hablar de la serie firmada por el texano Steven Saylor, protagonizada por Gordiano el Sabueso, un investigador o informador cuyas peripecias transcurren a lo largo del siglo I a.C.

Hasta la fecha, esta serie está compuesta por once novelas, dos libros de relatos, y tres novelas que son una precuela de la serie principal. Como curiosidad, hemos de reseñar un relato, “Mal vistos en Tiro”, que apareció en la antología Canallas, cuyo compilador fue George R. R. Martin. Este relato es un crossover con Fafhrd y el Ratonero Gris, de Fritz Leiber, historia que engarza con otro relato de estos famosos personajes de la espada y brujería aparecido en el volumen de Leiber, Espadas en la niebla.

Cicerón.

Gordiano es un plebeyo, que se dedica profesionalmente a ser informador o investigador por cuenta ajena. Tiene fama de discreto, resolutivo y tenaz, lo que le da buen crédito entre sus clientes. Lo conocimos en la primera entrega de la serie, Sangre romana, en el año 80 a.C., al ser requeridos sus servicios por un joven abogado llamado Marco Tulio Cicerón. En ese momento tiene treinta años, vive en una gran y destartalada casa en el monte Esquilino, y convive con una esclava egipcia llamada Bethesda. Su actividad como informador le viene de familia, pues su padre lo fue también, y veremos cómo esta tradición se transmite a sus hijos.

Mosaico que muestra un búho rodeado de aves. La inscripción reza algo así como: La envidia destroza a las aves y al búho no le importa.

Gordiano es un tenaz e inteligente investigador, con un punto de justiciero, pues demuestra una sensibilidad acusada ante el dolor y la verdad y, como veremos más adelante, una enorme capacidad de empatía, que le permite ponerse en la piel de los diversos personajes que se ven involucrados en sus tramas. De ahí que el mismo Cicerón piense de él:

Gordiano es un hombre complicado, a quien no resulta siempre fácil entender, pero en el fondo un hombre honorable y honrado.

Cicerón, según Saylor.

Como es lógico, sus clientes son mayoritariamente de las clases adineradas y del ámbito del poder, pero veremos cómo Gordiano intenta no convertirse en un sicario de sus clientes. Un elemento importante es la ambivalente valoración que recibe por su trabajo pues, igual que es reconocido por su buen hacer, de igual forma es despreciado, tanto por las características de su actividad, como por los secretos privados que su profesión le obliga a conocer, lo que le llevará a situaciones sociales un tanto desairadas.

Popina (una especie de bar) en Ostia. El mostrador es de mármol.

El personaje irá evolucionando a lo largo de la serie, pues lo conoceremos con treinta años, y la última entrega, ya con sesenta y seis, está situada en los idus de marzo del 44 a.C., durante el asesinato de Julio César. Gordiano se va haciendo más cínico y desalentado, pero siempre le podrá su curiosidad y su afán por la verdad. Pues conoceremos a lo largo de la serie a un hombre con sus pasiones y contradicciones, personales sociales y hasta amorosas, que sufrirá y se hará cargo de ellas, pero que nunca abandona, ni se rinde.

Triclinio.

Los asuntos que tendrá que investigar son de lo más variado, pues como bien indica el sobrenombre de la serie, Roma sub-rosa—“dícese de lo furtivo y encubierto”—, nuestro héroe tendrá que enfrentar desde el misterio por la muerte de un gato, a desentrañar intrincados complots políticos.

Mosaico hallado en La casa del Fauno, en Pompeya.

Empezando por estos últimos, Gordiano se verá involucrado en complejas tramas políticas de su época, en las que se juega el poder político y social. Es un observador y actor de una época especialmente convulsa de la historia de Roma, en la que veremos el final del sistema republicano, para ir pasando al modelo imperial.

Sila.

En varias de sus tramas nos relatará la descomposición del modelo republicano, basado en la elección de cargos públicos y el poder del Senado, para entrar en épocas dominadas por dictadores, o al menos hombres con poder militar. El autor nos muestra con maestría la incertidumbre y miedo de una sociedad que ve el fin de la República, y tiene importantes incertidumbres respecto de algo que todavía no se sabe qué va a ser.

César.

De esta forma desfilarán los pesos pesados de dicho período: Sila, Pompeyo, Craso, Cleopatra, o el mismo Cayo Julio César. De igual forma aparecerán otras figuras no tan famosas, pero que sí tuvieron gran relevancia en la vida cotidiana romana. Así, aparecerán Publio Clodio, Catilina, el ya citado Marco Tulio Cicerón—siempre acompañado de su secretario Tirón—, Sempronio, Lúculo, Milón, Marco Celio o Lucio Calpurnio Bestia.

Con la excusa de los casos en que se ve involucrado Gordiano, Saylor nos ofrece unos detallados retratos de todos estos personajes, mostrando las múltiples y contradictorias facetas de los mismos, sin realizar juicios morales ni de valor. El caso paradigmático de este estilo es el de Catilina, un personaje muy controvertido, del que el autor se confiesa incapaz de resolver el misterio de su personalidad, de ahí que titule la tercera entrega de la serie como “El enigma de Catilina”.

Mosaico que representa el estado en que quedaba el suelo tras un festín.

Un singular método de introducirnos en las tripas de la lucha política será la participación de Gordiano en varios famosos juicios de la época. Siempre con Cicerón cerca, veremos cómo en estos, más allá de la cuestión tratada, aparecerán las fuerzas subterráneas del poder que manipulan estos presuntos actos de justicia. Son muy destacables los juicios de Sexto Roscio o el de Marco Celio, basados en hechos reales, y donde Saylor logra un extraordinario encaje entre hechos reales, sucesos históricos y ficción.

Catilina.

Pero como buen investigador que es, Gordiano no solo se ve involucrado en oscuras tramas políticas. Lo veremos desentrañando sucesos variados: robos, diversos tipos de asesinatos, desapariciones, y misterios de todo calado, incluyendo algunos enigmas históricos, de los que el autor nos ofrece singulares e inteligentes propuestas de solución.

Mosaico romano que representa un leopardo comiéndose la cara de un infeliz.

Otro gran eje de los relatos y novelas de Gordiano será todo lo referido a la pasión amorosa y la sexualidad. En muchos de sus casos lo amoroso y lo sexual tendrán un peso decisivo, y el autor logra algunas de sus páginas más brillantes describiendo cómo la pasión amorosa, en sus muy diversas posibilidades, resultan el motor de lo gozoso, pero también de lo criminal.

Carcer Tullianum, en la que se alojaron San Pedro y San Pablo.

Tanto en carne propia, como en la de sus personajes, se nos describirán las costumbres sexuales—tanto homosexuales, como heterosexuales—de la época, pero fundamentalmente se hablará de la pasión amorosa, de la Hybris, la desmesura, en contradicción con la lógica y la razón. Aunque hay grandes momentos a lo largo de esta serie referidos a lo amoroso, les recomendamos la escena en que el gran poeta Cayo Valerio Catulo declama en la fiesta de su ex-amante Clodia una composición referida a los que se dejan arrastrar por la pasión amorosa y religiosa. Es, sencillamente, sublime.

Detalle de una pintura mural en la villa de Livia.

Otro tema que irá adquiriendo importancia a lo largo de la serie lo constituye el peso de lo religioso y el poder de lo mítico como  poderosos motivadores de la vida de la gente de la época. Se nos describirán gran número de actividades religiosas referidas a deidades telúricas en Hispania, Italia o en Asia menor. Así, Venus, Minerva o la gran Cibeles, la Gran Madre con su piedra negra, estarán muy presentes, tanto como deidades invocadas, como en sus meras representaciones, que esconderán sorprendentes misterios. Les recomendamos las diversas escenas en que se describen ciertos rituales femeninos donde la ya citada Hybris, la desmesura, tendrá un papel fundamental.

Dados romanos.

Como es de suponer, el plantel de personajes que aparecen a lo largo de esta serie es muy extenso. Más allá de los grandes personajes de la época, voy a señalar algunos de los más importantes.

Gordiano, como buen romano, es un gran pater familias. Pero lo va a ejercer de una manera un tanto singular. Empezando por su esposa, Bethesda, que inicialmente fue su esclava. Una egipcia de gran temperamento—es temible su mirada de Medusa—, que acompaña a Gordiano en sus tribulaciones y, en algún caso, asume un papel protagonista sorprendente.

La columna lactaria, situada frente al Templo de la Piedad, se utilizaba para abandonar niños con el fin que fuesen “adoptados”. En la práctica, muchos de los infantes dejados a su suerte acababan como esclavos de quienes los recogían.

En cuanto a sus hijos, Gordiano será también algo peculiar, pues solo tiene una hija biológica, Gordiana—que será llamada Diana a lo largo de la serie—, hija de su madre … y de su padre también. Pero la familia de Gordiano se irá incrementando por la costumbre del protagonista de ir recogiendo niños, libres o esclavos, que terminarán siendo adoptados como hijos propios, de los que hay que destacar a Eco, que seguirá los pasos profesionales de su padre, o Metón, un antiguo esclavo, que terminará siendo secretario y asistente del gran Julio César, al que Saylor atribuye la redacción de las grandes obras literarias del gran caudillo.

Estatuilla de bronce que representa a un gladiador imitando el estilo hoplita.

Un personaje entrañable entre los muchos que aparecen en la serie es Lucio Claudio, un patricio, inicialmente cliente de Gordiano, que acabará siendo uno de sus mejores amigos. Además de concederle una imponente mansión en el Palatino—entre los ricos y poderosos de Roma—a su muerte, nos permitirá conocer las radicales diferencias entre patricios y plebeyos romanos, asunto muy importante en la vida cotidiana romana.

Mosaico romano que representa peces, mariscos y demás vida marina.

Capítulo aparte lo constituyen las mujeres en las novelas de Gordiano. Pese a mostrarnos muy diversas personalidades femeninas, destacan las mujeres de fuerte carácter, que tuvieron gran peso en la vida pública y que, además, son más dueñas de sus vidas de lo que pensaríamos hoy en día. Además de la ya citada Cleopatra, son impresionantes las apariciones de personajes reales como Clodia, Calpurnia o Sempronia.

Les recomendamos el inicio de la octava entrega de la serie, titulada La adivina, en la que el autor junta, en el funeral de la adivina Casandra, a siete de las mujeres más importantes de la historia romana del momento.

Como último detalle referido a las mujeres, Gordiano siempre se sorprenderá de los canales de información que corren entre ellas, fuera del control de los varones, y que en ningún momento logra desvelar.

Taberna romana con fresqueras en el mostrador.

Un tema que recorrerá toda esta serie es la situación de los esclavos en la sociedad romana. Partiendo de que la esposa de Gordiano fue esclava, y algunos de sus hijos adoptivos también nacieron esclavos, Saylor nos hace una descarnada descripción de la vida de los esclavos y su función en la sociedad romana. Pues Gordiano, pese a ser un hombre de su tiempo, que admite la presencia y uso de los mismos, tendrá una especial sensibilidad ante la situación y el trato infligido a estos, con algunas escenas que ponen los pelos de punta.

Este asunto se extenderá en un relato en el que nos hablará de la vida y circunstancias de los gladiadores. Tanto porque la rebelión de Espartaco es contemporánea con los hechos narrados en la serie, como por un relato muy especial que les dedica, Gordiano nos transmitirá una visión algo distinta de la habitual en novelas y películas sobre el tema.

Bomba hidráulica encontrada entre los restos de Pompeya.

Como no podía ser menos, la ciudad de Roma, y sus habitantes, constituirán un poderoso motivo en esta serie. Pese a que sus encargos llevan a Gordiano a diversos lugares de la época—Hispania, Egipto, Asia Menor y, por supuesto, a casi toda Italia—, la ciudad de Roma será el escenario fundamental de sus peripecias. De la mano del protagonista conoceremos los muy diversos habitantes que pueblan la urbe, sus costumbres, las brutales diferencias entre ellos, esclavos, plebeyos y patricios.

Mosaico romano que representa a sacerdotes egipcios dándoles de comer a los cocodrilos del Nilo.

Así conoceremos la vida de los ricos y poderosos, pero también las brutales condiciones de vida de los esclavos, y los diversos usos y costumbres tanto del pueblo llano romano, como de los múltiples extranjeros que circulan por sus calles. Sin especiales regodeos documentales nos hablará de los usos  alimentarios, de las relaciones familiares, de los juegos y diversiones, y mil y un detalles de la vida cotidiana de las gentes de la época.

Carta de vinos de un bar en Herculano, en la que se anuncian los precios de los caldos de la casa.

El estilo del autor es sencillo, sin grandes disquisiciones, con un ritmo ágil, en el que alterna reflexiones y observaciones del protagonista con magníficos diálogos, lo que permite pasar de la acción a la contemplación sin grandes sobresaltos. Pese al profundo conocimiento de la época, sus gentes y costumbres, Saylor no nos castiga con toneladas de documentación histórica, pese a que en algunos momentos se regodea en la descripción de ciertos actos, como pueden ser rituales funerarios, el triunfo otorgado a un general, o una carrera de cuádrigas.

Banquete flotante.

Toda la ambientación histórica está al servicio de las historias de intriga, lo que hace de sus relatos y novelas unas espléndidas narraciones noir, aunque sus protagonistas gasten túnicas y togas en lugar de corbatas y sombreros, y sus armas sean dagas en lugar de pistolas.

Daga romana restaurada.

Con todo lo reseñado, les ofrecemos la que consideramos mejor serie noir ambientada en la época romana, pues combina unas narraciones de intriga apasionantes, unos thrillers políticos sorprendentes, y una recreación de personajes, con una hondura y un nivel de sensibilidad y reflexión que nada tiene que envidiar a eso que se hace llamar gran literatura.

José María Sánchez Pardo.

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