Bajo las llamas, de Hervé Le Corre.

Bajo las llamas, Hervé Le Corre. Reservoir Books.

Nos encontramos en los últimos y agónicos días de la Comuna de París de 1871. Mientras la ciudad es sometida a un brutal fuego artillero, varias personas pugnan por sobrevivir mientras llevan adelante los papeles en que se han visto involucrados en este gran drama revolucionario. De esta forma, conoceremos las peripecias de la pareja formada por Nicolas Bellec y su novia Caroline, que han tenido que dejar sus trabajos habituales para ponerse al servicio de la defensa de ese gran sueño revolucionario que significa la Comuna de París. Él, como sargento de la Guardia Nacional y ella, como enfermera en un hospital de guerra.

Pero en medio de este caos de muerte y destrucción, ciertos personajes se servirán de este momento de ruptura de todo control social para llevar adelante sus criminales apetitos. Y, así, irrumpirán en escena las inquietantes figuras del fotógrafo Charles Gantier y su cómplice, Henri Pujols, que pretenden seguir las ideas del conde de Lautréamont en cuanto al deseo y su culminación.

Para intentar poner coto a la maldad que surgirá en tan atribulados momentos, surge la figura del comisario Antoine Roques. Este, al igual que Nicolas y Caroline, tendrá que ejercer una función muy distinta a la suya habitual, y todo por mandato de un pueblo que ansía que nuevos hombres se vean en ocupaciones, como las policiales, que habían sido usurpadas por matones y sicarios de los poderosos. Tenemos que destacar la singular relación que establecerá el personaje del comisario Roques con su adjunto, Loubet, el único polizonte que no quiso huir a Versalles tras la proclamación de la Comuna, y con el que establecerá un tenso discurso sobre las posibilidades y aplicación práctica de los principios revolucionarios que inspiran la Comuna.

La narración se articula sobre distintos ejes. Entre ellos hay que señalar la descarnada descripción que se hace sobre la naturaleza de ciertos deseos, y de lo que implica llevarlos a cabo.

…hacer que ese instante de estupor voluptuoso durara, prolongar a voluntad esa tensión lasciva, era proporcionarse un tiempo gratuito para disfrutar en silencio, elevando el deseo hacia una idea, tal vez un ideal, en cierto modo como cuando se reza… Era mucho más poderoso que la imaginación, menos fugaz…

Vaya hasta el fondo de su deseo, de su vicio. Usted intenta corromper la inocencia, confiéselo. Violentar… Y congelar con sus aparatos el estupor y el miedo.

Bajo las llamas.

Pues el papel del nuevo arte de la fotografía tendrá una gran relevancia en estos sucesos, y nos propondrá ciertos usos inquietantes de la misma.

cuando la fotografía cobre vida a la manera de una linterna mágica, tanto las pequeñas inmundicias como los grandes horrores estarán al alcance del populacho por cantidades ridículas. No hace falta ser adivino para prever eso. No es más que una cuestión de técnica, de electricidad y de engranajes sutiles, se creará todo un comercio y se amasarán fortunas con la exhibición mecánica de los deseos soeces y las pulsiones macabras”.

Bajo las llamas.

Pues Bajo las llamas también es una reflexión sobre la naturaleza humana y sus apetitos. También, sobre qué ocurre cuando los hombres pretenden domeñar sus anhelos e instintos. Porque de la experiencia de la Comuna se llega a afirmar:

de esa Comuna que pretende desposeer a los ricos, combatir el vicio y promover la virtud, es decir, poner patas arriba el orden natural de las cosas desde que el mundo es mundo.

Bajo las llamas.

La trama criminal de la novela se va alternando con la narración de los sangrientos momentos finales de esa experiencia revolucionaria que significó la Comuna. El autor nos va llevando por las calles de un París sitiado y convertido casi en una hoguera, pero en el que late un sentimiento del que se llega a decir:

Esta ciudad posee un talento único para la revuelta y la revolución. Le han hecho padecer hambre, la han bombardeado, humillado, y cuando los importantes la creían muerta, se ha puesto de nuevo en pie, rebelde, generosa, desafiando al viejo mundo y apelando, por encima de las murallas sitiadas, a la salvación común y a la república universal.

Bajo las llamas.

Porque el autor nos logra transmitir ese espíritu de rebeldía ante nuestros amos, sean materiales o anímicos, en un desesperado intento de poder vivir mejor. La narración de semejante anhelo no oculta las sombras y paradojas que implica semejante proyecto, pero deja un lugar a la esperanza y subraya la convicción de que el movimiento es mejor que la resignación y la apatía.

Sobre el estilo, que nos ha parecido fantástico, no podemos más que ratificar lo dicho en “Le Monde des Livres” sobre esta novela de Hervé Le Corre:

es un pintor de aguafuertes. Recorre un espectro completo de registros, excava en las sombras. Su material de trabajo son los cielos y los rostros. En un París de hollín y de noche, surgen aquí y allá mezclas de color y tinta negra: el rojo sangriento de la bandera de la Comuna, el fulgor de un incendio, la llama de una lámpara. En sus obras, los destellos de esperanza titilan… pero nunca se apagan. Aquí ha logrado añadir toques de negro al rojo de la “semana sangrienta” de la Comuna.

Le Monde des Livres, en reseña de Bajo las llamas.

Hay quien ha comparado esta novela con Los miserables de Victor Hugo. Con esta, comparte la alternancia de crear un gran fresco histórico con la descripción de unos hechos ficticios y unos personajes muy bien definidos y de gran profundidad.

La alternancia de ficción y realidad nos conduce a un París del que se hace una minuciosa descripción de sus calles y edificios. No sobra disponer de un plano del París de la época, pues de esta forma se disfruta mucho más de los hechos narrados.

París, 1871.

En esta línea de ficción y realidad es muy interesante la presencia de personajes históricos, como Élisabeth Dmitrieff, representante de la Asociación Internacional de Trabajadores. O bien, hay que destacar el uso de historias criminales verídicas, como la de los crímenes del fotógrafo real, Jean-Baptiste Troppmann, que dan solidez a esta gran novela.

Jean-Baptiste Troppmann.

Pues como ya afirmé anteriormente, Bajo las llamas es una espléndida novela histórica, un apasionante thriller criminal y una profesión de fe revolucionaria, algo que no sobra en estos tiempos tan mezquinos y desalentados.

José María Sánchez Pardo.

2 comentarios en “Bajo las llamas, de Hervé Le Corre.

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