Jazz Maynard. Cómic.

Guión: Raule (Raúl Anisa Arsís).

Dibujo y color: Roger (Roger Ibáñez).

Editorial: Diábolo Ediciones.

Tras una década en Estados Unidos, Jazz Maynard debe volver a su barrio, El Raval, para comprobar que todo ha cambiado pero nada lo ha hecho realmente. Jazz se fue siendo un carterista enamorado del jazz y, en particular, de Chet Baker y vuelve siendo un trompetista talentoso y un osado ladrón de guante blanco, pero sigue siendo el mismo. El barrio también ha cambiado, ahora es multiétnico pero igual de lumpen que cuando lo dejó. Sus abuelos siguen en el mismo piso en el que se criaron él y su hermana Laura tras la muerte de sus padres. Y de los otros dos miembros del trío que formaba Jazz en su juventud, su antiguo colega Judas Melchiot viste trajes caros, sale con la antigua novia de Jazz, Lucía, y que ahora dirige el submundo criminal autóctono. En cuanto  al tercero, Teo, sólo viste trajes.

Éste es el barrio al que vuelve Jazz Maynard, el personaje creado por el guionista Raule (Barcelona, 1971) y el dibujante Roger (Barcelona, 1977), pero que el resumen anterior no haga creer que estamos ante un relato negro canónico. En esta serie, que ya consta de siete álbumes, se nos presentan, divididos en ciclos de tres álbumes, thrillers con gotas de serie negra y crítica social que priman, ante todo, la aventura desenfrenada, en la mejor tradición de la BD francobelga.

La imagen con la que se abre el primer álbum, in medias res, con Teo y Jazz atados y siendo apalizados, nos agarra de las solapas y nos conduce por un Raval que tras sus persianas metálicas está plagado de crímenes, asesinos ninja y películas snuff. Los autores han cogido todos los tópicos que la gente que no ha leído en su vida novela negra asocia con el género negro y han armado un tiburón narrativo que en ningún momento se para.

En el primer ciclo de la serie (que abarca los álbumes Home Sweet home, Melodía del Raval y Contra viento y marea), el retorno no tan casual de Jazz a El Raval le acaba poniendo tras una moneda de incalculable valor y, con esa excusa, se nos muestra una urbe plagada de corrupción, donde los alcaldes pasean escoltados por matones cortos de entendederas, como si de malos de máquina recreativa se tratasen, mientras hacen tratos con clanes de asesinos orientales y se dan a las mayores perversiones, todo ello mientras son servidos por un cuerpo de Mossos D´Esquadra, uniformados a medio camino entre conserjes de finca bien y nazis, entre los que se cuentan con los dedos de una mano los agentes íntegros. Hasta la fecha sólo se nos ha presentado al inspector Blanc, hombre de acción capaz de detener atracos en calzoncillos, y a la sargento Ribas, quienes ejercerán tanto de perseguidores del protagonista como de reticentes aliados en aras del bien mayor.

Una vez pasada esta aventura, en el segundo ciclo (que comprende los álbumes Sin esperanza, Blood, jazz and tears y Tres cuervos), Jazz y Teo recalan en Islandia, donde el robo de un ojo milenario hace que se mezclen con agentes secretos iraníes, un millonario racista, y permite a los autores hablar del resurgimiento de ideologías supremacistas que pensábamos extintas en lo que los españoles consideramos paraísos nórdicos. Alejado un poco de El Raval y sus tramas, podremos enterarnos, entre persecuciones trepidantes y viajes suicidas en helicóptero, de parte de la década oculta del personaje que da nombre a la saga.

El dibujo de Roger ha cambiado casi imperceptiblemente desde el primer álbum, en que presentaba un estilo de figuras alargadas y sombras bien definidas, ahora sus rostros siguen estando exagerados pero se muestran más reales y transmiten mucho mejor sus sentimientos y sensaciones, envuelta toda la historia en sombras mucho más huidizas y atmosféricas, con ambientes más sucios. Sigue presentando una estructura de página francobelga, ordenada en cuatro tiras de viñetas, aunque se permite ciertas licencias a la hora de jugar con sus bordes, la colocación y tamaños de las mismas, y la integración de éstas en el espacio en que se hallan enclavadas las figuras de los protagonistas. La ambientación es otro punto a favor del dibujante, si en los primeros álbumes era un espacio realista que recorrían Jazz y sus secundarios, actualmente es un espacio vivo y que en todo momento está al servicio de la historia. Los que recuerden al autor de cuando usaba un estilo manga también comprobarán que no ha perdido ni un ápice de espectacularidad en sus encuadres, manteniendo aún el uso de líneas cinéticas de ese estilo para los momentos más trepidantes. Todo lo anterior envuelto en colores que parecen un bitono, aunque no lo sea realmente, que es otra de las señas características de esta serie.

Con el séptimo tomo (Live in Barcelona) parece iniciarse un nuevo ciclo de aventuras en el que se adivina un cambio en la trama hacia derroteros más intimistas y trágicos, con un mayor protagonismo del entorno de Jazz Maynard. Desde aquí esperamos con ansia el siguiente capítulo en esta emblemática serie, hasta entonces nos morderemos las uñas y revisitaremos (muchas veces) estos siete álbumes.

Miguel Ángel Vega Calle.

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