Cómo escribir una novela negra, de Óscar Urra y anuncio especial: ¡solicitamos relatos inéditos!

¡Relatos contra el confinamiento!

En estos días de obligada reclusión, nos parece que es el momento ideal para ponernos a escribir aquellas historias noir que siempre nos han bullido en la cabeza.

Desde Total Noir os proponemos que nos enviéis vuestros relatos inéditos, y de ellos publicaremos una entrada especial para celebrar el final de este encierro contra los virus.

Fecha límite de entrega: las 12 del mediodía del 21 de abril de 2020.

Tema: cualquier aspecto del noir: negro, policíaco, detectivesco, misterio, intriga, …

Extensión: un máximo de 2.500 palabras.

Características: Título, texto, nombre del autor y email de contacto.

En formato digital. No admitimos papel.

Lugar de envío: totalnoire@gmail.com

Entre los relatos que nos lleguen, el equipo de Total Noir elegirá el, o los, relatos que nos parezcan mejores y los publicaremos en una entrada especial para celebrar el final de este obligado confinamiento.

No ejerceremos ningún derecho sobre la propiedad del relato, ni hay ningún premio en metálico o especie para el relato, o los relatos elegidos.

A continuación, nuestra reseña de hoy, que versa, como no podía ser de otra manera, sobre cómo escribir novela negra. Intercalados, vídeos en los que se habla del mismo tema.

Total Noir.

Cómo escribir una novela negra, Óscar Urra. Editorial Fragua.

Extracto de la conferencia de Óscar Urra sobre su libro.

Sorprende una portada blanca en un libro titulado Cómo escribir una novela negra. No supone esto, sin embargo, un aviso a navegantes: aunque breve, abunda en contenido. La obra de Óscar Urra, autor también de la serie del detective Julio Cabria, se divide en siete capítulos. El primero supone una introducción al género negro y, al tiempo, una estimulante reflexión sobre el mismo. El segundo trata de los elementos constitutivos de la novela criminal, mientras que los capítulos tercero, cuarto y quinto se ocupan, respectivamente, de los personajes, la trama, la acción y el ambiente, junto con ejercicios prácticos que nos enseñan a escribir en noir. El último capítulo, a mi parecer el más interesante, consiste en un estudio de caso: Urra nos ofrece un análisis literario por capítulos del clásico 1280 almas, de Jim Thompson.

Tal vez algo de lo más valioso de este libro—y no solo por lo inusual del planteamiento—es el hecho de que el autor nos dé una teoría de la práctica y una práctica de la teoría del noir. No es este, pues, un libro de consejos sobre cómo llegar al top ten en Amazon, pero tampoco un manual de historia de la literatura noir o de comentario literario al uso. Incluye, como ya se mencionó más arriba, ejemplos extraídos de las novelas clásicas del género para ilustrar las técnicas descritas, lo que le da a esta obra una cualidad—y una calidad—extraordinarias.

Urra parte de una teoría basada, al menos en parte, en la dinámica de la pérdida y la restitución que, según él, no solo informa el género negro, sino también la literatura en extenso. Así, en líneas generales, para el autor que nos ocupa, Ulises, Mío Cid y don Quijote, entre otros hitos literarios, funcionan a partir de este elemental mecanismo: Ulises necesita regresar a Ítaca y recuperar, tanto a Penélope, como el trono; el Cid se aventura a tierra de moros para recobrar la honra tras su infame destierro; don Quijote busca, en el entretanto, la cordura perdida en algún lugar de La Mancha.

Pérdida y restitución: un esquema constitutivo difícilmente cuestionable, especialmente desde nuestro hoy, en el que nacemos ya desde siempre en y para el mercado, imbricados en la dinámica de los winners y los losers, la de la lucha feroz de todos contra todos, en definitiva. Ahí, en el mercado, espacio de la competencia y la compraventa, se conciben las denominaciones de negra, polar, giallo—noir también, fuerza es admitirlo—nombres, en fin, comerciales, como se sabe. Es posible, por lo tanto, que la archiconocida indeterminación genérica que tantos prólogos ha consumido tenga más que ver con dudas de las editoriales a la hora de etiquetar sus productos que con la clasificación del género en sí.

Pero ¿es imaginable un mundo—u otros mundos—en los que pudieran verse las cosas de otro modo? ¿Es La odisea una épica en la que prima la recuperación de lo arrebatado o podría tratarse de cómo ejercer el poder dentro de un sistema esclavista en el que, por ende, los Olímpicos dirimen sus rencillas aprovechándose de las pasiones humanas? ¿Es posible que la clave del cantar de gesta radique en cómo convertirse en un buen vasallo, aunque no se tenga un buen señor? ¿Podría Quijana andar a la caza de cualquier cosa que legitimase su derecho a ponerse el don ante el apellido, cuando no lo llevaron ni sus padres, ni sus abuelos? ¿Podría consistir nuestro noir, en este hipotético mundo, en una exposición de los mecanismos—y de sus numerosas contradicciones—que gobiernan el capitalismo global?

El autor, además, documenta y sostiene su obra con notas al pie abundantes, pero no intrusivas. Hay enterrada en una de estas notas una maravillosa anécdota acerca de 1280 almas. Aparece y desaparece como por ensalmo un corte misterioso en la cara de Myra, esposa del protagonista, Nick Corey. Esa huidiza cicatriz inevitablemente nos retrotrae—poniéndonos en la piel de la niñera del ya mencionado Ulises—a la escena del encuentro entre Pascual Duarte y su mujer, la cual muere mientras se abrazan, de manera aparentemente inexplicable, hasta que el narrador confiesa haberle asestado varias puñaladas en el vientre porque se quedó embarazada del Estirao, un chulo innoble con la cara atravesada por (otro) tajo. También se nos viene a la mente, cómo no, el rostro más marcado del noir, el de Terry Lennox.

Urra rastrea ese tajo enigmático que, previsiblemente, resulta de una amputación: el texto original se refería a scare (un susto o asustar), mientras que la traducción se basa en la palabra scar (cicatriz o corte), dos cosas que, a primera vista, podrían resultar totalmente diferentes.

O quizá no lo sean tanto. Acudo veloz al Diccionario etimológico indoeuropeo de la lengua española—una maravilla y una vindicación: confirma que la palabra trabajar está inexorablemente unida a sufrir—y descubro que el étimo –sk se halla presente en las palabras scar, scare, corte y cicatriz, pero tal vez también en otras como escalera, escamar o escoriar, excoriate (censurar gravemente a alguien, en inglés) y, estirando un poco la imaginación, hasta escritura.

Me dice un psicoanalista lacaniano, además, que el acto de escribir efectúa una ruptura—una escansión—en el nivel imaginario para acceder al nivel simbólico, el de la significación. Tal vez por eso Chandler decidió en alguna ocasión jugar al despiste con la e final de Philip Marlowe.

Esta raíz, pues, apunta en ambos idiomas precisamente a eso, a una interrupción de lo esperable o conocido, bien en el plano de lo emocional (el scare original inglés de Thompson), bien en el de lo físico (scar, cicatriz en su traducción al español). Para suturar el círculo, solo queda añadir que el Diccionario va prologado por Cela.

Y es que este libro nos encauza por derroteros quizá no previstos por el autor, pero no por ello menos interesantes. Tiene, además, el tamaño perfecto para llevárnoslo tranquilamente a la cafetería sostenerlo con una mano—en la otra, el café casero— y empezar a pergeñar nuestro primer asesinato.

Los dejo con esta maravillosa conferencia de Paco Ignacio Taibo II. Que la disfruten.

M.M.

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