Los planificadores, de Un-Su Kim.

Los planificadores, Un-Su Kim. Maeva.

Reseng es un joven coreano cuya única ocupación consiste en trabajar como asesino a sueldo. Es la vida que conoce, pues fue sacado de un orfelinato cuando era un niño pequeño. Su existencia ha transcurrido fuera de los estándares educativos y sociales, ya que nunca acudió a escuela alguna, ni tuvo trato con otros niños. Toda su formación, por tanto, se la dieron otros asesinos, reduciéndose su cultura a lo que ha sido capaz de leer. Pues el lugar donde vive es una enorme biblioteca particular, la llamada bilioteca de los perros, regentada por un misterioso personaje, Viejo Mapache, que dirige un pequeño grupo de asesinos a sueldo. Este grupo depende a su vez de una misteriosa organización, llamada Mercado de carnes, que parece aglutinar las actividades delictivas de Corea.

De dicho Mercado de carnes se afirma:

“Era el más capitalista de todos los mercados, lo que significaba que podías comprar lo que fuera siempre y cuando tuvieras dinero. Allí nada estaba prohibido ni por la ley, ni por la justicia, ni por la moral. Eso no encajaba con los principios del capitalismo, así que los productos prohibidos por la ley, la justicia y la moral lograban colarse en el mercado de carnes a través de lagunas legales”.

El mercado de carnes …

La vida y las actividades de Reseng vienen determinadas por las instrucciones que le hacen llegar una serie de intermediarios, los planificadores, a quienes no conoce, y que tienen el poder de decidir—basándose en razones insondables—sobre la vida y la muerte de meros peones como el propio Reseng.

De ahí que la vida de nuestro protagonista no cuente con ningún futuro claro, pues sabe que en cualquier momento se puede prescindir de sus servicios, y será asesinado por razones que no alcanza a comprender.

“En aquel lugar podías comprar lo que fuera: desde un ojo humano, un riñón, un pulmón, un hígado y otros órganos humanos, hasta bombas de fabricación casera, venenos, mujeres del sudeste asiático o de Europa del Este; drogas baratas de Myanmar o Afganistán, y armas de contrabando procedentes de bases militares de Estados Unidos. Con un poco de suerte, podías incluso adquirir enseres y armas baratas que los antiguos agentes de la KGB le vendieron a la mafia rusa por una bicoca”.

El mercado de carnes…

Esta inestable situación le obliga a Reseng a vivir en la paranoia y la depresión,  pues siempre te pueden matar, y convierten su vida cotidiana en un infierno, lo que le lleva a afirmar que “Es mejor morir que vivir como si estuvieras muerto”.

La dificultad de poder afrontar su vida cotidiana le hace plantearse si no es el momento de hacer como la vieja Orin en La balada de Narayama: golpearse los dientes contra una piedra de molino e irse a morir a las montañas.

“Allí podías comprar venganza, placer, ruina, resurrección y rehabilitación. Quinientos dólares deslizados en la mano adecuada te permitían hacerte con un inmigrante ilegal de Vietnam para que matara a quien tú le dijeras, y la adquisición de un cadáver—o de alguien dispuesto a convertirse en cadáver—te proporcionaba la oportunidad de hacer borrón y cuenta nueva a una vida de mierda. Los expertos en blanqueo de capitales limpiaban tu botín secreto y retiraban cualquier suciedad de origen, y, sorprendentemente, podían hacer lo mismo con tu sucio pasado. Al comprarle un flamante rostro nuevo a un cirujano plástico sin licencia y un nombre y una historia nuevos a un falsificador, un odioso criminal que debería pudrirse en prisión quince años podía pavonearse por las calles del centro de Seúl y comenzar una nueva vida”.

El mercado de carnes…

La sensación de irrealidad nos la traslada el autor mediante la presentación de la historia en pequeñas escenas, sin orden cronológico, que nos van montando una suerte de puzzle tanto de la vida interna del protagonista—de su pasado y su presente—, como de la descripción de acontecimientos, personas y lugares por donde transita la narración. Alternan escenas de extrema violencia y gran brutalidad—especialmente impactantes las luchas a cuchillo—, con intensas reflexiones personales, referidas a los sentimientos del protagonista, al que acompañaremos en el calvario de vida que lleva, pues esta no tiene ningún sentido para él, ni ve forma de desasirse de sus compromisos y acciones de su turbulento pasado.

David Bailey, Cluster puzzle.

“Así que, por supuesto, una mujer casada con el ojo puesto en el seguro de vida de su marido a-punto-de-morir-en-un-accidente y con deseos de vivir la vida al máximo no causaba el más mínimo asombro en el mercado de carnes. Después de todo, era el tipo de lugar donde un hombre podía vender cada órgano prescindible de su cuerpo, quemar dinero apostando y luego arrastrar allí a su hija de once años para ver si podía vender también sus órganos. Eso era el mercado de carnes”.

El mercado de carnes…

La alternancia de la temática criminal en la que está inmerso el protagonista se combina con un retrato implacable del desgarro existencial por el que pasa. Es de destacar que los libros que el autor nos señala como los de lectura en su mesilla de noche son El verano y La peste, de Camus; El barón rampante, de Calvino; Suicidios, de Martin Monestier y El demonio de la depresión, de Andrew Solomon. Como podemos apreciar, todas obras en las que se nos habla de la desesperación y la falta de ideales en la vida.

“Lo único que no estaba a la venta en aquel lugar eran emociones baratas que a nadie le interesaban (compasión, empatía, resentimiento), ni palabras inservibles y deprimentes (fe, amor, confianza, amistad, verdad). El honor y el crédito no funcionaban como garantías. Ni de lejos. En el mercado de carnes no había ningún puesto que vendiera sentimientos nobles; no allí, entre lo peor de lo peor. Gracias a todas esas vidas que tocaban fondo, provenientes de todas partes, siempre podías oír el sonido de una existencia desmoronándose en el mercado de carnes. Bien pensado, pocos lugares reúnen tantas lágrimas. Y aun así allí nadie les prestaba atención. Nadie gastaba energía en una empatía inútil”.

El mercado de carnes…
Imagen tomada de Society6

Pero nuestro héroe no se resignará ante su destino fatal. Esta rebeldía le conducirá al encuentro con tres mujeres, que le aportarán desde calor y comprensión, a la pretensión de someterle para que  se involucre en oscuras conjuras, aún más siniestras de las que acostumbra a transitar por su singular oficio. El autor nos impacta en la descripción de un alma humana, que ha vivido aislada de la relación social, y que ha de crearse un nuevo mundo de emociones y sentimientos en el encuentro con otros seres humanos, que ni se rigen, ni se mueven, por los caminos delictivos que le son tan habituales al protagonista.

“Los ingenuos se quejaban. «¿Por qué, simplemente, no los encierran en la  cárcel?» Pero era absurdo. Jamás podrían encarcelar el mercado de carnes. Era mucho más grande que cualquier prisión, y la cárcel no era más que otro mercado de carnes. Igual que los oasis, que solo aparecen cuando cae lluvia en el desierto y que desaparecen con la misma rapidez, el mercado de carnes emergía de la nada y fluía por voluntad propia; era el tumor que se forma tan rápido que resulta imposible atajarlo. Los fiscales y detectives inteligentes se beneficiaban del mercado de carnes. Sabían muy bien que lo que verdaderamente les interesaba eran los huevos de oro y no la gallina que los ponía. Y del mismo modo que descuartizar a la gallina implicaría quedarse sin huevos, masacrar el mercado de carnes los dejaría desorientados, y, de cualquier manera, el mercado era demasiado grande para abarcarlo”.

El mercado de carnes…
Dibujo original de autor que no hemos podido identificar.

La narración nos relata una devastadora historia de violencia, muerte y desolación. Pese a los intentos del protagonista de esquivar el que parece su destino fatal, el autor no pretende hacer ningún alegato social, pues la realidad que nos muestra, la considera prácticamente intocable, pues proviene de la capacidad de hacer el mal de los seres humanos, o bien de buscarse sicarios para que la lleven adelante, asunto para el cual el autor no tiene soluciones. Y en este oscuro fatalismo llega a afirmar:

“Este mundo no es un desastre porque la gente sea malvada, lo es porque todos tienen sus propias historias y pretextos para hacer cosas malas”.

Con todos estos elementos, Los planificadores resulta una lectura apasionante, adictiva y perturbadora, pues combina un thriller de gran violencia y crueldad, con la crónica desesperada de un alma sin objetivo, que no encuentra ni razón de vivir, ni forma de salir del marasmo existencial en el que se halla. Un libro fantástico y nada habitual en la edición noir actual.

José María Sánchez Pardo.

Disponible en la librería Estudio en Escarlata.

2 comentarios en “Los planificadores, de Un-Su Kim.

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