Noche cerrada, de Chris Offutt.

Noche cerrada, Chris Offutt. Sajalín editores.

El joven Tucker vuelve de la guerra de Corea, con un buen puñado de medallas y unos cientos de dólares en sus bolsillos. En su tranquilo regreso a su pueblo de Kentucky, se dará de bruces con situaciones violentas, de las que por lo menos sacará una pareja, Ronda, que terminará siendo su esposa y la madre de sus hijos.

Para sobrevivir, se enrolará en el transporte de bebidas alcohólicas de fabricación ilegal, lo cual le obligará a enfrentarse con un mundo muy corrupto. Y también con unos personajes traicioneros que no dudan en echar mano de la violencia para dirimir sus conflictos o mejorar el rendimiento de sus actividades.

Alambiques ilegales.

Siguiendo los pasos de este personaje callado y resolutivo, conoceremos los singulares chanchullos que se traen los diversos poderes fácticos de la región con los contrabandistas de alcohol.

Dentro de estos grupos de influencia se incluyen políticos, predicadores o la misma policía, ya que todos ellos sacan tajada de este lucrativo negocio, pues nos enteraremos de que existen condados en los EE.UU. que mantienen la ley seca: ¡una gran oportunidad de negocio para los fabricantes de alcohol ilegal y los contrabandistas! Ahondando en este hecho, hoy día existen condados, que se denominan “secos”, en los que está prohibida la venta e ingesta de bebidas alcohólicas.

Para información del usuario, en los EE.UU. hay condados secos, semisecos, húmedos y mojados, según la permisividad en la venta e ingesta de bebidas espirituosas.

Por ejemplo, en el condado de Moore, en Tennessee, que se declara “condado seco, se sitúa la más famosa destilería del celebérrimo bourbon Jack Daniel´s, donde usted no puede comprar ninguna botella llena de tan maravilloso elixir …

Mapa de EE.UU. en el que se muestran los condados secos (en rojo), húmedos (en azul) y mixtos (en amarillo).

Debido a sus actividades delictivas, acompañaremos a Tucker en su contacto con el mundo carcelario, del que se nos hará una durísima crónica se nos relatarán violentas escenas en las penitenciarías norteamericanas, por muy de mínima seguridad que sean estas.

La violencia será omnipresente a lo largo de la narración. Se nos describirá una sociedad con reglas muy primitivas, que dirime sus conflictos echando mano de violencia explícita, aunque sorprenderá la existencia de ciertos códigos de control que están fuera de lo que entendemos por “la ley”. Pensemos que estas comunidades viven en un continuo enfrentamiento con todo lo que huela a gubernamental, o a normas generales de conducta. Lo dicho desemboca en la descripción, bastante explícita, de una violencia interna entre la gente del terruño, que dirimen sus problemas de aquella manera, pues la ley no sabe, no puede, o no quiere intervenir.

Soldados del ejército de EE.UU. en la guerra de Corea.

En esta galería de situaciones y personajes violentos, el autor nos muestra la dura realidad del fin de muchos veteranos de guerra—tanto de la II Guerra Mundial, como de la de Corea—que fueron adiestrados para desatar la violencia, pero no para controlarla. Estos personajes tendrán un difícil encaje en una sociedad que, por un lado, les alaba y ensalza, pero por otro los desprecia por su difícil acomodación a la vida y normas cotidianas.

Al igual que en su libro de relatos, Kentucky seco, el autor nos ofrece un pormenorizado y entrañable relato de la vida cotidiana de las comunidades que viven en las zonas más deprimidas de Kentucky. Una gente con niveles socioeconómicos y culturales muy bajos que, como señalaba anteriormente, se rigen con unos criterios sociales singulares, en los que el clan familiar tiene un gran peso específico, y donde se dirimen los conflictos con abundante uso de violencia. Una gente que considera que el gobierno y sus funcionarios son el enemigo, ya que de ellos no sacan nada bueno.

El escritor Chris Offutt.

Son un grupo humano que vive con bastante naturalidad el paso de la vida a la muerte, pues subsisten en condiciones muy duras, tanto médicas, como de entorno, lo que los lleva a un singular fatalismo vital ya que, como tienen poco que perder, se arriesgan y luchan por lo suyo hasta límites insospechados. Este ambiente de pobreza y falta de horizontes hace que buena parte de su gente joven sea carne de cañón para las guerras en las que se ven involucrados los EE.UU. Así, Tucker, sin haber cumplido aún los dieciocho años, vuelve curtido de una guerra que le deja recuerdos inquietantes y una capacidad insospechada de destruir a quienes pretendan hacerles daño a él o a su gente.

Un póster del Tío Sam que reza “Te necesito”, en Times Square, Nueva York.

Otro elemento que debemos destacar es el poderoso contacto que tienen con la naturaleza unas gentes muy rurales, que viven de la tierra, sus frutos y animales, de la que sacan lo mejor, y de la que han de defenderse, pues la tierra no es especialmente fértil, y además están rodeados de alimañas bien peligrosas, como las serpientes de cascabel, que terminan siendo un alimento más para llenar la olla. Es una relación muy intensa, pero de la que no debemos esperar nada trascendente, pues no tiene nada que ver con el naturalismo ni el ecologismo. Es una relación de vida y muerte, donde los seres humanos aprovechan sus conocimientos de la fauna y la flora para su alimento y salud, pero a su vez, deben defenderse de esa misma naturaleza pues, si se descuidan, esta les puede poner mortíferas trampas.

Un pastor manipula una serpiente durante la celebración del culto.

Un asunto peliagudo que aparece en la novela es la presencia de muchos niños con deficiencias cognitivas, achacables fundamentalmente a la endogamia presente en las relaciones de pareja. El protagonista tiene varios hijos con estos problemas, y le acompañaremos en su agonía para intentar cuidar de unos niños que presentan graves déficits para poder afrontar la existencia. Esto además se complica por la intervención de las autoridades de servicios sociales, que pretenden hacerse cargo de los menores, lo que generará unas tensiones y unos dilemas nada fáciles de resolver, ni en aquellos años, ni en los momentos actuales.

En diversos momentos de la narración aparecerán escenas de violencia hacia mujeres. Se nos mostrarán tanto en forma de violencia sexual explícita, como en situaciones de poder y chantaje. El autor no se anda con chiquitas con estos temas, y no solo los circunscribe a los lugareños más rústicos, sino también a aquellos a quienes se les supone mayor nivel cultural y social. Y la contestación que propone el autor resulta… bastante rotunda.

Granja-prisión de Lexington, Kentucky.

Si Noche cerrada es una narración llena de buenas historias, y que nos habla de situaciones sociales complicadas y poco conocidas, también presenta una galería de personajes extraordinaria. Entre ellos destaca el capo mafioso local Ananias Beanpole, un sujeto artero y untuoso, y su esposa, que se dedica a hacer buenas obras en la iglesia para compensar los delitos de su marido. Es muy importante la presencia de Ronda, la pareja del protagonista, mujer que ha de sostener su condición femenina en un ambiente donde eso no parece importar mucho, y que ha de dar la cara ante fatales circunstancias.

Pero el personaje que brilla, y alrededor del cual gira toda la narración, es el joven Tucker que, con sus ojos de distinto color, intenta sobrevivir en un mundo arrasado por la pobreza, y donde la violencia no es algo extraordinario y de la que no se puede escapar. En su compañía veremos cómo poder afrontar los sinsabores que el entorno físico y humano ponen en su camino, con unas soluciones drásticas y tajantes, en las que no hay piedad, pero en las que no hay dureza gratuita, sino defensa de aquello que se quiere, tanto personal, como referida a los suyos.

Esta novela en que la naturaleza y lo rural parecen obligar a sus protagonistas a una dura brega por la existencia, con un poderoso elemento de violencia, nos recuerda a grandes obras de la literatura española, como Los santos inocentes, de Miguel Delibes, o La familia de Pascual Duarte, de Camilo José Cela, aunque en el caso de Noche cerrada, la sordidez de la primera o el fatalismo de la segunda, son conjurados con una actitud y y unos hechos que permiten a su protagonista elevarse por encima del dolor y la muerte.

Montañeses de Kentucky.

Esta novela puede adscribirse a ese subgénero del noir que se ha dado en llamar country noir, del que hemos disfrutado de novelas tan buenas como Bull Mountain, de Brian Panowich, Ángeles en llamas, de Tawni O’Dell, o la maravillosa Los huesos del invierno (Winter’s bone), de Daniel Woodrell.

Si quieren fascinarse con una historia llena de sensibilidad y fuerza, que nos lleva a unos lugares y gentes bien distintos de nuestras realidades cotidianas, no lo duden, léanse esta novela apasionante.

José María Sánchez Pardo.

Disponible en la librería Estudio en Escarlata.

Un comentario en “Noche cerrada, de Chris Offutt.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s