La partitura misteriosa, de George A. Birmingham.

La partitura misteriosa, George A. Birmingham. Editorial Espuela de plata.

La ficticia ciudad catedralicia de Carminster es un lugar idílico y pintoresco de la Inglaterra de 1929, una especie de Brigadoon apartada de los sinsabores de las ciudades industriales.

En esa encantadora ciudad, en el entorno de la catedral,  se desarrolla la historia de The Hymn Tune Mystery, editada originalmente en 1930 y de la que ahora  Espuela de Plata Narrativa nos presenta, por primera vez en España, una traducción íntegra,  bajo el título de La partitura misteriosa.

Portada de una edición inglesa de The Hymn tune Mystery.

En Carminster “No hay carbón en muchos kilómetros, y por lo tanto, nadie pensó en establecer en ella una fábrica. Las casas se apiñan abigarradamente en estrechas calles que quedan a respetuosa distancia de la catedral, separadas de las venerables murallas por el encantador cuadrilátero del recinto canonical y los jardines del deanato. La ciudad parece existir – y así es en realidad- únicamente para glorificar a la catedral, y ninguna persona que en ella haya estado ha podido haber supuesto jamás que la catedral existiese para servicio de la ciudad. Sin embargo, hoy en día, gracias a que los viajeros en busca de lo pintoresco han ocupado el lugar de los antiguos peregrinos, la ciudad se beneficia espléndidamente de la catedral”.

En la ciudad hay un hostal, ocho tiendas de antigüedades y muy poca cosa  más. Hay también una casa señorial, Carminster Park, de tan nuevo cuño como su señor, lord Carminster, un conde de poco pedigrí y mucho dinero, protector de la catedral muy a pesar del deán de la misma.

Ciudad catedralicia de Lincoln.

El deán es, sin duda, el personaje más simpático de toda la historia. Es un anciano de pelo blanco y rostro ascético, al que, a lo largo del relato,  unas veces se calificará de gatito y otras de corderito. Se trata de un reposado erudito cuyo deleite es traducir canciones tabernarias medievales; siempre y cuando pueda ocultárselo a su hija Sybil. Porque Sybil, una brillante titulada en Clásicos por el Somerville College de Oxford,  es la serpiente en el paraíso del deán. Una serpiente cuyo veneno no es la maldad, sino la más estricta eficacia y moralidad.

El deán quiere que la catedral sea un lugar de paz espiritual y su hija que la catedral funcione. Y, puesto que Sybil cuenta con una voluntad de hierro y con la entusiasta colaboración de la otra máxima jerarquía de la catedral, el eficiente y poco simpático arcediano, la catedral funciona.

Coro de la catedral de Winchester, Inglaterra.

En realidad esta novela podría compararse de alguna manera con The Mitre, el hostal de Carminster. En la novela, el misterio es, como en el hostal las comodidades,  algo secundario; los lectores de la novela,  como los turistas americanos que se hospedan en el hostal, con lo que disfrutan y se entusiasman es con el colorido y pintoresquismo local. Lo que verdaderamente sobresale en esta novela es su capacidad de llevarnos a un tiempo pasado y a un mundo ya desaparecido; su habilidad, en suma,  para describir las relaciones entre los diferentes personajes que en ella aparecen y, sobre todo, el exquisito sentido del humor del que hace gala a lo largo de toda la historia el autor, George A. Birmingham.

Ese fue el nombre que eligió el reverendo James Owen Hannay (1865-1950) para su carrera literaria. Fue un clérigo anglicano nacido en Belfast, que desarrolló, a partir de 1905, una extensa carrera literaria, y al que su espíritu crítico le causó algún que otro problema con la opinión pública. 

George A. Birminham en su estudio.

Precisamente, ese espíritu crítico y ese sentido del humor, suavemente irreverente con la autoridad, están muy presentes en toda la novela y, sobre todo, en el personaje de John Dennis, un canónigo menor, prefecto de la catedral y, como tal, encargado de la educación musical de los niños del coro.

Como, por supuesto, el misterio también existe en nuestra historia, Dennis se convertirá en el detective aficionado, que intentará resolverlo.

En el joven clérigo irlandés protagonista de La partitura misteriosa se adivina sin esfuerzo mucho de la personalidad del mismo George A. Birmingham, destacando especialmente su fino sentido del humor y su inconformismo ante la rigidez institucional. Un inconformismo que no impedirá que cuando Dennis tenga que imponer la disciplina entre sus jóvenes pupilos, lo haga con lo que, a ojos actuales, se nos antoja incluso sadismo, y nos hace pensar que esa querencia por el castigo físico en los internados británicos no pudo dejar de tener alguna relación por el gusto especial  que en esas tierras tienen por alguna práctica peculiar como el  bondage.

Niños de coro de la catedral de Ratisbona.

En realidad, como se avisa en el estupendo prologo de La partitura misteriosa, en esta historia de misterio “en la que hay un asesinato, pero no particularmente molesto o desgarrador”, el ejercicio de disciplina comentado nos parece, aunque tenga también, como toda la novela, su componente de humor, bastante más crudo que ese aséptico asesinato, relacionado con un robo de joyas, no totalmente resuelto, ocurrido en la mansión señorial cinco años antes.

Pero, en fin, habrá que perdonar al simpático prefecto Dennis su lamentable gusto por los mazos de cricket, a cambio de sus brillantes  esfuerzos por hacer que brille la justicia terrena y también porque, con su declarada antipatía por el arcediano y por la hija del deán, nos regala algunos momentos de franca diversión.

Monumento funerario de un obispo.

En la misma época del robo, relacionado con un miembro menor de la catedral, sucedió otro hecho insólito que también rompió la monotonía catedralicia:  por imposición de las fuerzas vivas bienpensantes -lord Carminster, la hija del deán y el arcediano- el monumento fúnebre renacentista del libertino obispo medieval Feda -y quizás también de su amante la pelirroja Chloe- fue desterrado de la nave central a una lateral, a pesar de la oposición del deán, admirador de las poesías líricas del obispo.

Con estos hechos y todos estos personajes, y algún otro como el inspector Smallways, el policía local despreciado por Scotland Yard; la vivaz Elsie Hill, una de “esas chicas”, un tanto demasiado vivaz, a la que, sin embargo, la sola mención de la policía consigue mantener a raya; el pertiguero Carson; el borrachín organista Cresswood; el taciturno sargento jubilado Hodson… George A. Birmingham construyó una excelente novela que ahora constituye un gozoso descubrimiento para el lector español -que hasta ahora sólo había podido disponer de alguna antigua traducción que mutilaba y desvirtuaba el original-, en la que puede disfrutar de algunos ecos de aquellas maravillosas novelas costumbristas de Anthony Trollope o Elizabeth Gaskell que nos sumergían en las peculiaridades de una Inglaterra ya desaparecida.

Si hemos disfrutado de todos los bibliomisterys -esos misterios ligados a algún tipo de documento escrito- que hasta ahora nos ha ofrecido Espuela de plata, La partitura misteriosa tiene un encanto especial. El encanto de una calidad literaria sobresaliente, en la que la pátina de los años hace destacar su maravilloso humor y su gran capacidad para describir las relaciones humanas dentro de un círculo tan cerrado y jerarquizado como pudo ser el de una pequeña ciudad inglesa y su omnipresente catedral hace casi cien años.

Yolanda de Pablos Valencia.

Un comentario en “La partitura misteriosa, de George A. Birmingham.

  1. Muy buena reseña, Yolanda.
    He leído la novela y estoy de acuerdo en que consigue situarnos en la localidad y el tiempo. De hecho he actualizado mis conocimientos de las jerarquías eclesiásticas y constatado mi absoluto desconomiento musical.
    Qué afición la de los ingleses por sus himnos, órganos y campanas! (aunque estas aquí no aparezcan)
    Hay que reconocer que la investigación no es el fuerte y el final me ha resultado un poco abrupto, a lo mejor por haber leío la edición de 1932 🙂 Ya lo comentaremos

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