Beso feroz, de Roberto Saviano.

Beso feroz, Roberto Saviano. Anagrama.

“—Pues así da gusto ser niño en esta ciudad. Quien te toca se vuelve frágil. Quien te hace daño se hace daño. ¡Vaya chollo! Yo también quiero ser niño”.

Esta categórica afirmación que un delincuente expresa en Beso feroz sirve para enmarcar el relato de un gang de mafiosos napolitanos formado por menores que ya conocimos en La banda de los niños, primera entrega de Saviano con esta temática y estos personajes.

Si en la primera entrega se nos relataron los pormenores de la formación del grupo, en esta ocasión veremos en qué prácticas se embarcan con el objeto de hacerse los amos del tráfico de drogas y de la extorsión de la ciudad de Nápoles. La historia es casi tópica, al describirnos los usos y costumbres de un grupo de malhechores organizados: las agresiones, cuando no directamente asesinatos, las feroces luchas por el poder y el control de los diversos barrios de Nápoles, los problemas internos y cómo se resuelven. Se llega casi a lo paródico cuando se nos describen algunos regalos que pretenden doblegar la voluntad de ciertos peones fundamentales en su estrategia criminal, o cuando aparece el incomprensible tema del respeto, una situación que puede tener derivaciones muy, pero que muy complejas.

Lo que ocurre, y diferencia esta narración de otras de la misma temática, es que está protagonizada por niños, y no es una gracieta de niños vestidos de gánsteres como en la película Bugsy Malone. Estos niños matan, roban, agreden sin ton ni son, hacen lo que les da la gana. En eso nos recuerdan lo afirmado por Manuel Valle en su entrada sobre Agatha Christie, en lo referido a “lo quiero todo, y lo quiero ya”. Para ellos hoy es tarde, y mañana no existe.

Esta situación permite a Saviano hacer una poderosa reflexión, en la que diferenciará entre niño y criatura (a partir de ahora iremos introduciendo frases entrecomilladas referidas a las reflexiones de Saviano sobre las criaturas, que nos permitirán dar cuenta de los diversos temas tratados en la novela)

“En Nápoles, los niños no son niños. Los niños son criaturas. «Llevo a una criatura», dice la madre y se salta la cola de la ventanilla, o se lo grita al municipal de turno y deja el coche delante de la guardería. La criatura dicta las reglas, se vale de los derechos que le pertenecen, que se discuten menos que las leyes del Estado.”

Porque hay algo casi telúrico en la relación de estos chicos con sus madres, pese a las diferentes actitudes que estas toman frente a sus actividades criminales. Unas las aborrecen, intentando apartarlos de las mismas, procurando que siempre cuenten con ellas. Pero hay otras que apoyan ardorosamente las prácticas de su hijo, sobre todo si hay alguna cuestión de venganza entre manos.

“Las criaturas son como la creación. Por eso, en Nápoles, las criaturas son sagradas, más sagradas que en ningún otro sitio. Es sagrado lo que porta el don de la vida, absoluto, y nada sabe de la muerte que lleva ya dentro.”

Las peripecias de este grupo de chavales: Briato, Lollipop, Bizcochito, Dragón, Dron, Pichafloja, Tucán y Estabadiciendo, dirigidos por Nicolas, el Marajá, van conformando toda una narración criminal, en la que veremos los intentos de este singular grupo de delincuentes por hacerse los amos de una ciudad ya bastante poblada de gangs del crimen organizado. Eso sí, con un estilo muy propio de su edad, y con reacciones en las que nos es difícil distinguir al delincuente sin escrúpulos del niño que juega. Les recomendamos dos momentos. En el primero, veremos la reacción de estos chicos durante un trasvase de droga desde un barco. Y en otra, la acción conjunta que llevan a cabo con sus scooters para salvar a su jefe de la policía.

Todo lo que tiene entidad y significado cobra forma en torno a las criaturas: las familias, los barrios, desde Forcella al Vomero, desde Chiaia a Secondigliano.

            Por eso el niño es rey de Nápoles, el único al que nunca nadie ha querido destronar.”

En muchos momentos de la novela tenemos que hacer el esfuerzo de hacernos a la idea de que aquellos que roban, extorsionan, apalean, violan, e incluso matan son preadolescentes, o adolescentes, que luego juegan al fútbol, o se pasan el día con sus videojuegos, pero que también tienen que ir al colegio. Hay algo desazonador en estos chicos, que tanto pueden dedicarse a hacerse aguadillas rodeados de fardos de hachís, como pueden ponerse a matar a un competidor o a un presunto traidor, aparentemente sin el menor problema, ni vacilación.

“Pero las criaturas no gozan de los derechos de la infancia.

La creación no educa, no protege, no enseña la diferencia entre el bien y el mal. La creación no conoce otra cosa que la sagrada posibilidad de existir y transformarse, siendo siempre inmortal.”

Pues estos muchachos deciden que lo quieren todo y lo quieren ya. Que quieren divertirse, lograr dinero para poder conseguir todas las cosas que les fascinan. Y si para ello tienen que traficar con drogas, robar o matar, no hay problema, porque para eso son niños, y se lo merecen todo. En este sentido nos recuerda otra banda infantil de mocosos de ocho años de colegios privados de Edimburgo, ladrones y asesinos, que nos fueron descritos por el gran Stuart MacBride en su novela Piel herida. Y algo que resulta especialmente inquietante es que Saviano nos está contando una historia que se basa en hechos y personajes reales, que no son de ficción, sino que responden a niños napolitanos que ¿juegan?, aunque deberíamos decir, actúan, como auténticos gánsters, con toda su parafernalia de sangre y dolor.

Todos los niños del mundo se creen inmortales. Las criaturas de Nápoles, en cambio, no disponen de tanto tiempo. Definen en cada momento de su existencia lo que son y lo que serán, así como la creación decide sin decidir que un árbol sea abatido por un rayo, o que una semilla florezca en medio de la tierra polvorienta.”

El título hace una doble mención. Porque la historia habla del amor, eso sí, en sus versiones más entregadas y abrumadoras. Se hablará del amor de padres e hijos, de las poderosas relaciones entre camaradas, del peso de la sangre y la familia, pero también de la admiración social, tanto de la gente en general, como de las mujeres en particular, y nos enfrenta a ese mistérico tema del respeto, que tanto parece importar a los delincuentes, y por el que llegan a situaciones realmente problemáticas.

Y, por otra parte, se nos muestra la ferocidad del amor, que en su oceánica pulsión de deseo, puede destruir tanto al objeto de amor, como a aquel que dice amar. Hay algo feroz en las muestras de ese amor, que impelen tanto a lo más apasionado, como a la muerte más cruenta y salvaje.

Solo las criaturas humanas tienen que establecer ellas mismas quién será presa y quién predador. No es solo por la negra hambre de antaño o por un iPhone hoy en día por lo que los niños de Nápoles roban, disparan y a veces matan, sino porque la vida de toda criatura desafía la muerte, como debe ser: hasta que la muerte se la lleve.”

Porque la muerte está siempre presente. Los que matan molan. Es el precio de los traidores. Es moneda de intercambio para conseguir favores. O simplemente se ejecuta al que está en medio, y molesta a su paso. Porque en esta entrega de las peripecias de la banda de los niños, la muerte será cuestión a la que hay que hacer caso, pues el precio de este gran juego de poder, egolatría, diversión y dominación será la muerte. La muerte del enemigo, del que está por medio. Pero también la muerte de los amigos, por muy diversas y terribles razones.

Todo esto conforma una narración apasionante, llena de luz y sombras, y donde se demuestra que Saviano no es solo un gran periodista, con brillantes crónicas del crimen organizado en Nápoles y el resto del mundo, sino que resulta también un espléndido novelista, con una escritura absorbente, y una profundidad temática y de personajes poco habitual en la literatura general. Deseamos que su triste condición de escondido por las amenazas del crimen organizado pueda resolverse de una vez, pues obligar al confinamiento a un ser humano simplemente por contar lo que ocurre es una maldad que no tiene justificación alguna.

Esperamos que disfruten tanto de esta magnífica novela como lo hemos hecho nosotros.

José María Sánchez Pardo.

Disponible en la librería Estudio en Escarlata.

2 comentarios en “Beso feroz, de Roberto Saviano.

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