Tragedia en el tribunal, de Cyril Hare.

Portada de Tragedia en el Tribunal, de Cyril Hare, publicada por Siruela.

Tragedia en el tribunal, Cyril Hare. Siruela.

Querida Tierra de la Esperanza…

Tus leyes iguales, para la libertad ganada

te han gobernado bien y por mucho tiempo;

Para la libertad ganada, para la verdad sostenida,

tu imperio será fuerte

Tierra de Esperanza y Gloria, Madre de los Libres.

(Land of Hope and Glory, letra de A.C. Benson, música de la Marcha nº 1 de Pompa y circunstancia, de Edward Elgar).

Edición inglesa de Tragedia en el tribunal, de Cyril Hare .

Bien parece que este sería el más adecuado telón musical  de la novela que hoy vamos a reseñar, Tragedia en el Tribunal -Tragedy at Law-, de Cyril Hare. Al leer en sus primeras páginas  la descripción del recibimiento que se le hace al juez Barber en sus visitas a los municipios que recorre,  creemos escuchar esa letra y esos acordes en sustitución de las trompetas que el juez  tanto echa de menos. Una ausencia, la de las trompetas, -motivada  por la guerra-, que nos da una idea de la pompa con la que los representantes de la justicia real británica eran acogidos allí donde iban a cumplir sus funciones.

Porque nadie como Alfred Alexander Gordon Clark (1900-1958), juez de su Graciosa Majestad y también escritor de nueve novelas de misterio bajo el seudónimo de Cyril Hare, supo recrear la pompa, y la circunstancia, de la justicia británica; especialmente en su cuarta novela, Tragedy at Law, la reconocida unánimemente como la mejor de su producción literaria.


Fotografía de Cyril Hare.

Cyril Hare ocupó durante  la Segunda Guerra Mundial el mismo cargo que uno de los personajes de la novela, el de marshal; es decir, ayudante de un juez de la Sala de la Corte del Rey del Tribunal Supremo de Justicia, durante un circuito de justicia itinerante por los condados del sur del Reino Unido.

Esa experiencia le sirvió para describir de la manera más vívida el circuito que lleva a cabo por los condados del sur del Reino Unido el juez sir William Hereward Barber, en el otoño de 1939; es decir, recién iniciada la Segunda Guerra Mundial, suceso que, por otra parte, apenas tiene incidencia en el relato.

Tragedy at Law -que ahora Siruela nos presenta como Tragedia en el Tribunal, aunque ya lo conocimos hace años como Tragedia en la Justicia, uno de los títulos de la mítica colección El séptimo círculo, de Borges y Bioy Casares- se publicó en 1942 y destaca por lo bien que describe, especialmente en su primera parte,  ese mundo legal, del que Hare era participe, como muy bien se advierte tanto en el afecto como en la ironía con la que sabe representarlo.

Portada de la edición de la colección El séptimo círculo de Tragedia en la Justicia, ahora titulado como Tragedia en el tribunal.

Pero también destaca la capacidad de Hare para crear unos personajes totalmente vivos y creíbles, con estupendos diálogos que son dignos de una buena comedia teatral. Hay también, como es lógico,  un misterio muy bien construido en torno a las amenazas y atentados de que es objeto el juez a lo largo de sus sesiones de justicia itinerante.

El misterio será, finalmente, resuelto por el abogado Francis Pettigrew, una nueva versión de aquellos detectives aficionados de la Edad Dorada. En este caso, y aquí se muestra  la evolución que está sufriendo la novela de misterio, mucho más interesado en el “¿por qué?” que en el “¿quién?”, porque, realmente el quién, por lo menos a él, se le evidencia pronto.

Edición de Aguilar de Obras escogidas de Cyril Hare.

Pettigrew es un hombre simpático y sencillo, sin esas ínfulas  que hacen pronto antipático para el lector  al juez amenazado. Es un hombre, también al contrario que el juez,  sin un gran éxito profesional, que en esos momentos de su carrera tiene que aceptar su relativo fracaso y lo hace  reflexionando sobre ello con absoluta sinceridad:

“ Todo prometía mucho al principio y todo había salido torcido al final. Había excusas de sobra, por supuesto; siempre las había. La guerra, por un lado (la otra guerra, a la que su sucesora ya esta echando al olvido), que había interrumpido el ejercicio de su profesión justo cuando estaba mostrando signos de “echar a andar”. Una mala elección de bufetes, agravada por un secretario holgazán e incompetente, por el otro. Dificultades personales que le habían mantenido la cabeza apartada del trabajo en momentos cruciales, como, por ejemplo, la eterna y prolongada agonía de su afán por conseguir a Hilda… los amigos que le habían fallado, las promesas de apoyo nunca cumplidas, los momentos de brillantez nunca reconocidos… Aunque, para ser sincero, y por una vez tenía ganas de serlo consigo mismo, ¿acaso el motivo primordial de la falta de éxito de Francis Pettigrew… no era simple y llanamente que carecía de algo? ¿De algo que él no tenía y otros  (otros que en muchos sentidos eran inferiores, lo sabía muy bien) poseían de sobra? ¿Cierta cualidad que no era ni de carácter, ni intelecto ni suerte, pero sin la que ninguno de esos dones era capaz de encumbrar a su poseedor? Y, de ser así, ¿hasta qué punto le importaba eso a Francis Pettigrew?

El abogado Pettigrew aparecerá como personaje principal en otras cuatro novelas de Cyryl Hare. Y de igual forma,  aparecerá otro interesante personaje, el inspector Mallet de Scotland Yard, que lleva a cabo la investigación oficial de los hechos criminales, se le encontrará en siete de las novelas de Hare.

Policías británicos en Londres durante la Segunda Mundial, ayudando a población civil.

Un aspecto muy interesante para el lector español es, precisamente, esa pompa de la que hablamos inicialmente, y, en relación con ella, el respeto reverencial imperante en el mundo anglosajón por las instituciones y los cargos que las representan, por mucho que pueda despreciarse personalmente  a los individuos que ostentan dichos cargos. Una diferenciación en la  que la sociedad española suele fallar, con la carga negativa que ello tiene para la estabilidad institucional.

El mismo Pettigrew explica esta diferenciación al joven Derek Marshall -el personaje en el que coincide el cargo con el apellido- y en el que no es difícil adivinar las experiencias del joven Hare durante la Segunda Guerra Mundial:

“..¿No entiende usted que el sistema entero depende de que a ellos se les trate de un modo distinto que a la gente normal? Les suele perjudicar como individuos, y a los colegas más débiles se les sube a la cabeza, pero es bueno para la administración de la ley en su conjunto y por eso debemos respaldar ese proceder en la medida de lo posible. El problema que en realidad me interesa es si algún magistrado sería competente para juzgar a un magistrado por un delito cometido en el circuito. Verá usted, se supone que este juez es el equivalente al rey y todo eso, y el rey es infalible, aunque no creo que eso se haya puesto nunca a prueba.”

Un juez británicos con su esplendorosa indumentaria, reglamentada desde 1635 en las Juddges Rules.

Otro aspecto muy interesante de esta novela, que brilla en tantos, es el que nos permite reflexionar sobre la discriminación profesional a la que se vio sometida la mujer hasta no hace muchos años y que en los años cuarenta del pasado siglo suponía que muchos talentos, como el de Hilda Barber -la mujer del juez y amor imposible de Pettigrew- fueran penosamente desaprovechados, con graves consecuencias en ocasiones.

“A decir verdad, Hilda Barber era una persona peculiar, una mujer con auténtico talento para las leyes. Le contó (Pettigrew) a Dereck que había entrado a formar parte de la abogacía, pero que nunca había ejercido. Esta última afirmación era cierta en el sentido de que, como muchas otras mujeres abogadas, nunca había logrado conseguir que le asignaran un caso. Con no contar con ninguna influencia excepcional, había sido incapaz de superar el prejuicio por el que la abogacía seguía siendo una profesión esencialmente masculina.

Retratos de Helena Normanton (1882-1957), la primera mujer -en 1922- en ejercer como abogado en Reino Unido.

Esta, y otras muchas facetas, que se unen en una trama muy bien hilvanada, de las que disfrutar en esta interesante novela que nos ha permitido conocer a uno de los grandes escritores británicos de novelas de misterio.

Yolanda De Pablos Valencia.

Un comentario en “Tragedia en el tribunal, de Cyril Hare.

  1. Muy buena la reseña.
    El libro me ha gustado mucho, de hecho voy a hacer con otros del autor, Es interesante, como dices, la exposición del sistema inglés de justicia, que salvando las distancias me ha recordado a Rumpole,
    El desarrollo es un poco lento y el enigma se resulte en un pis-pás, pero con un final curioso con esa dicotomía que les gusta plantear entre justicia y ley.

    Me gusta

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