La deshonra de Sarah Ikker, de Yasmina Khadra.

La deshonra de Sarah Ikker, Yasmina Khadra. Alianza.

El teniente de la policía de Tánger, Driss Ikker, interrumpe la violación de su esposa Sarah en su casa. Pero el agresor logra escapar y la vida de la pareja queda brutalmente dañada. Ambos quedan sumidos en un marasmo depresivo, por el que se ven abocados bien a una melancolía feroz, bien a un desenfreno alienante.

Las pesquisas alrededor de este crimen resultan muy lentas, conduciendo a los investigadores a soluciones que los llevan a detener a improbables sospechosos. Para activar la resolución de este caso y poder castigar al violador, el propio teniente Driss Ikker intervendrá en las investigaciones, lo que le acarreará duros enfrentamientos con algunos de sus compañeros y también el descubrimiento de realidades inquietantes tanto en su mundo profesional, como en su ámbito privado.

El autor argelino Yasmina Khadra.

Otra gran línea argumental de esta novela es el cataclismo sentimental que transita la pareja protagonista, Driss y Sarah Ikker. Los sentimientos encontrados, el manejo de la vergüenza y la culpa, los abocan a soluciones personales poco recomendables y que dificultan su reingreso en su vida de pareja previa al intento de violación. Pues este maremoto que asola sus vidas los expone con crudeza a las luces y las sombras de su matrimonio. Él, un pobre inmigrante de una de las zonas más miserables de Marruecos, pues su pueblo natal se sitúa allá en el monte Tidirhine. Ella, por el contrario, procede de la clase formada por los altos burócratas que se reparten el poder en Marruecos y que pretenden vivir una vida de lujo y esnobismo, que más bien roza lo hortera, para cuya financiación no dudan en saquear las arcas públicas desde sus puestos administrativos, dando rienda suelta a su rapacidad y corrupción.

Fiesta en Marrakech.

El retrato que se hace en esta novela del aparato policial del reino alauita es desolador. Los niveles de corrupción son masivos, pues todo está en venta, sin que importe la eficiencia del trabajo, excepto cuando se ven comprometidos los poderosos. La corrupción también afecta a todos los trámites de ingreso en la policía y, por supuesto, en la asignación de destinos y ascensos. De esta forma se nos relatan las vicisitudes del protagonista que, siendo un alumno mediocre de la escuela de policía, gracias a casarse con la hija de un preboste policial, Abderrahmane Chorafa, logra buenos puestos y dudosos ascensos y privilegios.

Pero el lamentable estado de la policía no se circunscribe a la organización, sino también a su actuación. Se trabaja poco y mal, y no se tiene el menor reparo en usar chivos expiatorios a los que colocar la autoría de casos criminales. El relato de la actuación del jefe del protagonista, el comisario Rachid Baaz, así como la de su siniestro secretario, Slimane Rachgoune, resultan paradigmáticas.

Policía actuando contra población civil.

Esta penosa situación es resumida por uno de los protagonistas en esta lapidaria sentencia:

“Así funcionan las cosas en el reino de los papanatas. El que no tiene padrino es un bastardo, y corre menos que un tullido…”

La desolación que se abate sobre la pareja protagonista es otro de los temas fundamentales que trata Yasmina Khadra. Por un lado, el maremoto que sufren internamente, donde se mezclan múltiples emociones y sentimientos. El dolor, la culpa, la vergüenza o la rabia. La mezcla de todos ellos provoca situaciones desesperantes para cada uno, y entre ambos. Tampoco resulta fácil la comunicación de los mismos, y el buscar ámbitos donde poder expresar e intentar metabolizar el dolor y sufrimiento que los asola.

Es muy interesante la descripción que hace el autor del papel del clan familiar como refugio ante la ignominia. El problema es cuando el clan impone ciertas obligaciones, que recuerdan, en palabras de un personaje, a cuestiones cercanas a algunas mentalidades medievales.

Un clan familiar marroquí compartiendo la comida.

Pero el otro gran problema es la imagen pública y cómo afrontar la mirada o la curiosidad de aquellos que los rodean. La curiosidad, más o menos entendible, se mezcla con el morbo, la calumnia o la maledicencia, colocando en la diana a dos pobres víctimas en una situación bien desairada. Pues como se afirma en el texto:

“Sabía que, en un país como el suyo, siempre hay alguna posibilidad de absolución para quien ofende a los santos y a los profetas, pero no para quien provoca un escándalo.”

Manifestación en una ciudad del Rif.

Por último, y entreverado en la narración de los hechos policiales y las circunstancias personales, el autor hace un duro retrato de la realidad social y económica de Marruecos. Así, hace un despiadado retrato de las clases sociales en el gran país del Magreb, de sus prácticas y corruptelas, dejando muy claro el brutal socavón que existe entre los pobres y los ricos, prácticamente infranqueable para los menesterosos. Khadra no duda en llevar a cabo un terrible retrato de la miseria imperante en buena parte de la población marroquí. Y para muestra tenemos el terrible retrato que nos da de un pequeño de la calle:

“El joven ojeador era un granuja encallecido que parecía haber padecido todo lo malo de este mundo antes de saber andar. Era uno de tantos chicos abandonados a su propia suerte que infestaban los barrios bajos y que, alcoholizados a los diez años, con la maldición grabada en su frente, dormían en portones y malvivían en los parajes más sombríos, seguros de que la tierra que pisaban con sus pies sangrantes solo les iba a ofrecer espinos y ortigas hasta que les llegara su hora.”

Niños de la calle en Marruecos.

Yasmina Khadra ofrece en esta novela una narración que combina la denuncia social con duras historias personales y una singular visión de una sociedad de cultura musulmana, como ya ha llevado a cabo en otros libros, gracias a los cuales hemos podido conocer la realidad de pueblos bajo la bandera del Profeta, desde Kabul a Tánger pasando, entre otros, por Irak, Palestina y, por supuesto, su Argelia natal.

José María Sánchez Pardo.

Disponible en la librería Estudio en Escarlata.

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