Oro negro, de Dominique Manotti.

Oro negro, Dominique Manotti. Versatil.

Marsella 1973. Al gran puerto mediterráneo es destinado el joven comisario Daquin, a quien encomiendan la resolución de una serie de asesinatos, que tienen todas las trazas de ser ajustes de cuentas entre mafiosos de la zona.

Tras aposentarse y crear su equipo, Daquin empieza a notar que los casos que le encargan no parecen ajustarse del todo a la hipótesis oficial. Esta discrepancia, por un lado, le enfrenta a sus superiores, que empiezan a inquietarse por los derroteros de la investigación y, por otro, obligan al equipo investigador a  transitar por el oscuro y peligroso mundo del comercio internacional, el transporte marítimo y diversos negocios en los que la geoestrategia está involucrada.

El encuentro de Daquin y su equipo con los poderes económicos internacionales los obligará a enfrentarse a—y de paso nos mostrará—, la violencia que se maneja en el mundo económico y empresarial donde se juegan fabulosas cantidades de dinero, y en el que el asesinato será una práctica bastante común para dirimir conflictos comerciales. Se nos describirá con detalle el mundo del transporte petrolífero, y la lucha despiadada que existía en esos días por el control y monopolio del transporte del oro negro. Hemos de recordar que estamos en los meses previos a la gran crisis petrolífera de 1973, que cambió el equilibrio de poderes en la economía mundial.

La escritora francesa Dominique Manotti.

La autora no olvida que la novela transcurre en la Marsella de 1973, época y lugar en la que se desmontó uno de los mayores centros de manufactura de heroína, lo que se llamó la French Connection. Manotti nos recrea el ambiente delictivo tras este duro golpe a los gangs de la gran ciudad mediterránea, incidiendo en distintos aspectos referidos al tráfico de estupefacientes:  el papel de la alta política y los grandes grupos financieros en las decisiones estratégicas sobre el consumo de drogas, su distribución, y los nuevos encargados de este enorme negocio.

La autora también nos habla de la reconversión de los gangs marselleses en busca de nuevos negocios fraudulentos, y los pactos a los que han de llegar con las fuerzas vivas del país, incluidas las empresariales, políticas o las policiales. La visión que Manotti nos ofrece de los engranajes que mueven el mundo del consumo de drogas resulta inquietante, pues como ocurre en las novelas de Don Winslow, se nos muestra una realidad bien distinta a la que nos enseñan los medios de comunicación.

Foto de un alijo de drogas similar a los que entran en Francia a través del Puerto de Marsella.

En lo referido al mundo policial, la autora nos describe el batiburrillo de servicios policiales, de información, de la pretendida seguridad republicana, y de otros diversos pelajes, que pululaban en la Francia de aquellos años. Nos dará a conocer a ciertos grupos policiales, que no dejan de servir de matones al poder político, y por supuesto a los grandes grupos económicos, que no tienen por qué tener malas relaciones con agrupaciones de delincuentes, ni dejar de participar en negocios, que normalmente serían tildados de ilegales. No dejaremos de sorprendernos con los campos de actividad de la vieja guardia de corps del régimen gaullista, que es capaz de vendernos la grandeur francesa, mientras trafican con armas, mujeres o drogas.

Vista del puerto viejo de Marsella.

Un aspecto muy a destacar en esta novela es el recorrido geográfico-económico que la autora nos plantea. En el mismo, con Marsella de epicentro de operaciones, nos trasladaremos a lo largo del Mediterráneo central y oriental. Este periplo nos llevará a lugares como Malta, que conoceremos como un singular lugar para establecer negocios oscuros; Córcega, de donde se nutre buena parte del material humano que forman los gangs marselleses, y que cumplen a rajatabla sus afinidades de clan; también nos daremos un garbeo por Estambul y la costa búlgara, donde se llevan a cabo sorprendentes negocios poco conocidos. Finalmente, Israel también tendrá su papel en esta endiablada historia, mostrándonos que más allá de  esperpénticas declaraciones, los negocios son los negocios, y estos pueden saltarse, en aras de sus intereses,  las diferencias culturales y religiosas.

No podían faltar en esta crónica del dinero negro corporativo, los dos grandes centros de gestión y muladares del mismo: la ciudad de Nueva York y la, presuntamente, higiénica Suiza, donde se deciden y planean los grandes crímenes internacionales con la excusa de los negocios.

Foto de una calle de Niza.

Pero donde la historia nos lleva con detenimiento por sus calles y sus lugares es en Marsella y Niza, de las que se hace un retrato colorista y desinhibido de lo que tienen de  magnífico y de terrible, y donde anidan frenéticas pulsiones, que no se detienen ante nada ni nadie.

La narración también nos cuenta impresionantes historias personales. Dejando a un lado la del protagonista, la autora hace unos finos retratos de los diversos protagonistas de la novela. Desde el asesinado con un sorprendente background personal, a los asesinos, que juguetean con el poder y el dinero, y no pararán ante nada con tal de conseguir sus objetivos. Es de destacar el retrato que se hace de los corsos y sus tradiciones de clan, de la férrea ley del silencio y del apoyo mutuo en un mundo ordenado y legal que ellos no dejan de ver como un enemigo.

Calles de la vieja Marsella.

La homosexualidad masculina está muy presente en la narración, pues el protagonista y buena parte de los personajes lo son. Resulta más que interesante la descripción de usos y costumbres a principios de los años setenta, donde la plaga del SIDA todavía no ha dejado su rastro de muerte y desolación, pero aún no se ha dado a la homosexualidad la visibilidad de nuestros días.

Y ahí brilla sobre todo la figura del protagonista, el comisario Daquin, un hombre enérgico, honrado sin ser ñoño, con una opción homosexual clara y definida, muy activa y viril, reforzada por su físico de rugbier y una actitud vital hedonista y proactiva.

Foto de un cartel de la película El clan de los marselleses, de los años 30.

Con esta última entrega de las aventuras del comisario Daquin, Dominique Manotti nos vuelve a deslumbrar con un thriller de temática apasionante, con un ritmo vibrante, y que nos da luz sobre algunos temas que suelen estar bien escondidos de la opinión pública y cuyo conocimiento permite entender mucho más nuestra vida cotidiana. Recordemos como, en anteriores entregas de esta serie, la autora nos hizo conocer la explotación de los talleres de confección clandestinos en París, o la destrucción el tejido industrial de la Lorena, tristemente sustituido por la llamada economía verde.

Les recomendamos esta novela como una experiencia poco habitual en el mundo del noir.

José María Sánchez Pardo.

Disponible en la librería Estudio en Escarlata.

2 comentarios en “Oro negro, de Dominique Manotti.

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