Cosecha roja, de Dashiell Hammett.

Cosecha roja, Dashiell Hammett. Alianza.

Tema de la serie Rawhide.

“Dios creó a los hombres, Samuel Colt los hizo iguales”.

O, al menos, a quienes pueden pagarse uno—o varios—de los codiciados revólveres. Cosecha roja sucede en el mundo del hampa y, de hecho, Hammett da un paso más allá: el mundo del hampa, el de los bajos fondos, se convierte aquí en el mundo, a secas. Un mundo que a veces evoca más la sátira y la voracidad de Rebelión en la granja—”Todos los animales son iguales”, sin olvidar el corolario que añaden los cerdos: “pero algunos son más iguales que otros“—que la melancolía, la sentimentalidad y un cierto aire de inevitabilidad que acompañan a El largo adiós.

Tema principal de El bueno, el feo y el malo.

Personville ha abierto de par en par las entradas a las minas y también las puertas de los negocios. Tanto lo que está bajo tierra, como lo soterrado, en todo caso, deja una pátina mugrienta, un poso asqueroso y un regusto amargo en quienes se ven obligados a lidiar con los bajos fondos de Personville que, como ya adelantamos, aquí coinciden con los fondos.

El argumento de Cosecha roja se desarrolla como sigue: El Op—el operativo de la Agencia Continental, quizá también el operario—acude a Personville respondiendo a la llamada de socorro del director de los dos únicos periódicos de la mediana ciudad minera. Cuando este director aparece asesinado, el Op acepta el encargo de Elihu Wilsson, el acaudalado padre del fallecido. El propósito ostensible del magnate consiste en limpiar Personville—por mal nombre Poisonville—de los rufianes a quienes él mismo había contratado tiempo atrás con el innoble fin de que metieran en cintura a los obreros huelguistas. En el transcurso de la investigación se suceden los tiros a quemarropa, los golpes bajos y los cadáveres—de ahí, supongo, que Hammett decidiera titular esta novela Cosecha roja y no Poisonville, como inicialmente se había planteado—. O quizá, al modo de Holmes, porque se llevó muy poco de este caso: a pesar de existir al menos cuatro películas basadas en esta novela (Roadhouse Nights, Yojimbo, Brick, quizá Por un puñado de dólares—sugerente, por cierto, el trastrueque americano del “per”, “por”, del original en “un”: A Fistful of Dollars o en nada: Fistful of Dollars, “puñado de dólares”, se llamó en la gran pantalla—), ninguno de estos filmes, en definitiva, reconoció abiertamente su deuda con Cosecha roja.

Mundo rapaz también el de Poisonville—o Personville, qué más da—. La mirada del Op jamás se centra en la pierna bien torneada de Dinah Brand, sino en la carrera que lleva en la media—”el tejido soporta demasiada tensión”, le explica groseramente a la chica—. Hasta los guapos carecen de barbilla o tienen quijada de cerdo. Tampoco se detiene nuestro investigador en las luces de Personville, parece preferir las bombillas fundidas en los letreros de las salas de fiesta. Ni siquiera conocemos los interiores de ninguna casa o habitación. El Op cruza el vestíbulo de un gran hotel, pero nada más menciona que se hundió en un gran sillón de cuero. Cuando acude a alguna mansión, vemos el servicio de ginebra o la cama deshecha de algún vejete asustado, aún con restos de fanfarronería en los acuosos ojos azulados. En Poisonville, pues, no hay hogares, únicamente guaridas o madrigueras, según la calaña o el poder del sujeto en cuestión. El Op—y, por tanto, sus lectores—, como explica Manuel Valle en su entrada sobre Hammett acerca del manual de estilo de la Pinkerton, solo ve lo que le interesa a la Agencia. Y lo que le interesa a la Agencia, claro está, son los intereses (el beneficio) de la Agencia. Por eso no conocemos—no le importa a la Agencia, tampoco a nosotros, por tanto—el nombre del Op.

El cowboy con traje de ciudad (The cowboy in the continental suit).

Un mundo en el que, aunque haya varios bandos—cuatro, incluyendo al de la policía, en este caso—, la posibilidad de encontrar lealtades escasea. Porque cada quien mira por su propio beneficio, algo que no parece condenarse demasiado en Hammett: “¿qué cosa más natural hay que apoyar al vencedor?”, le espeta Dinah al Op a raíz de su cambio de apuesta en un combate de boxeo amañado. Combate que da lugar a una escena, dicho quede de paso, escalofriante: al terminar ese mismo combate de boxeo, vuela un puñal desde las gradas y aterriza en el omóplato del triunfador, matándolo en el acto.

Si Holmes jugaba a cazar—noble pasatiempo de ociosos caballeros— y los personajes de Christie al bridge—de desocupados rentistas—, el juego de Hammett podría muy bien resultar el póker, quizá también el boxeo, y no solo por la partida o el round que le acabó ganando a Joseph McCarthy. Vencer, tanto el póker, como el boxeo—también en la vida, según Cosecha roja—, depende en buena parte de la capacidad de cada quien para tomar la medida del adversario. Unas medidas exteriorizadas—la mirada o el tic delator en el póker, la talla y el peso en el boxeo—para quien las sepa o las quiera leer. Por ello la mirada del Op siempre se centra en el flanco débil—la barbilla huidiza, el jirón en la ropa, la bombilla rota—, porque cualquiera es un oponente en potencia, si nuestros intereses se solapan con los suyos.

Incluso los de la policía, aunque aquí deberíamos hablar, más bien, de los policías. Puesto que constituyen una banda más en Cosecha roja, también se traicionan entre ellos. Hasta el punto de que el también corrupto jefe de policía de Personville, Noonan, se ve obligado a recurrir a los chicos que dirigen el tráfico en Broadway para llevar a cabo una redada: no le quedan más efectivos de quienes fiarse.

¿Qué intriga o misterio puede existir en un entorno en el que todos son hostiles? Fuera del nombre de la mano ejecutora, ninguna. Se trata Cosecha roja, por tanto, de una gran novela noirsoberbiamente escrita, refrescantemente antisentimental—, pero desvela pocos secretos. A estas alturas del partido—o de la partida, como gusten—, a pocos se nos oculta que no existe un lado limpio—ni siquiera un lado sucio—de la lucha por—¿contra?—el dólar.

M.M.

P.D. Los dejo con Kenny Rogers, “El jugador”.

Cosecha roja está disponible en la librería Estudio en Escarlata.

2 comentarios en “Cosecha roja, de Dashiell Hammett.

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