Button Man. Tomo 4: La hija del asesino.

Guión: John Wagner

Dibujo: Frazer Irving

Color: Fiona Staples

1992, Escocia. Adele Cotter se esconde en un armario mientras escucha como su padre es tiroteado, alcanzando solo a escuchar entre los estampidos el nombre de Harry Exton. 2005, Londres. Adele, con la ayuda de su tío Max, lleva toda la vida preparándose para conseguir venganza y va a empezar por hacer una visita al único hombre sentenciado por el asesinato de su padre.

El padre de Adele, como ya se habrán imaginado, era un button man que intentaba salir de la competición entre asesinos. La joven tendrá que lidiar emocionalmente con ese pasado de su difunto padre mientras va encajando las piezas de este rompecabezas que, inexorablemente, la conduce a situaciones que ni ha planeado ni puede controlar. A esto se une que Harry Exton reaparece en la competición, aunque aplicando sus propias reglas y eligiendo una voz a la que poder controlar él en vez de al revés.

El regreso de Button Man a las páginas de la revista 2000 AD, tras más de un lustro de ausencia, vino intentando renovar el concepto; colocando los focos sobre Adele. Tenemos así una visión de la competición diametralmente diferente, todo ello ideal para seducir a los lectores nuevos y recuperar a los antiguos. Harry se convierte aquí en un elemento que se mueve en los márgenes de la trama sólo para acabar en un encuentro con Adele que enseña a esta que, por mucha preparación que tenga y por muchas ganas de venganza que la impulsen, jamás podrá ponerse a la altura de un carácter tan frio como el de Harry Ex.

El contraste entre una persona con sentimientos normales y un asesino que roza la psicopatía sirve a Wagner, además de para remozar el concepto, para mostrarnos una violencia poco idealizada y que choca con la visión de Adele tiene. Aquí los golpes duelen y dejan moratones, las balas tienen consecuencias irreparables y poco a poco la venganza se vuelve algo vacío. John Wagner olvida aquí los cuadros narrativos y los bocadillos de pensamiento en favor de unos diálogos rápidos que definen a los personajes sin necesidad de ser excesivamente expositivos. Se vuelve a la sátira de clases en la sociedad británica al ver las profesiones que elige para los jugadores e, incluso, se permite cierta parodia con el tío Max de Adele, a costa de su carácter y su relación con su criado Bert.

No es casual entonces que los personajes de extracción más humilde (Adele, hasta cierto punto, su abuela y Bert) sean los únicos personajes positivos que hemos visto en toda la serie, máxime cuando los personajes fuera del juego han servido en anteriores entregas sólo como bajas colaterales. Wagner emplea tanto para los jugadores como para los button men que aparecen, incluido Harry Ex, una caracterización menos trabajada que roza la unidimensionalidad al definirlos principalmente por un solo rasgo de personalidad: su crueldad y falta de empatía.

El problema se presenta cuando llegas al final, pues parece que falta algo. Lo que se ha contado es satisfactorio pero quedan demasiados cabos sueltos y el arco argumental de Adele Cotter no parece completamente cerrado. Esta sensación se acentúa si venimos de leer los anteriores tomos y hemos contemplado lo persistentes y despiadadas que pueden ser las voces para no dejar testigos de sus actividades. Siendo 2000 AD una revista en que las series sufren prolongados hiatos y pueden resucitar en cualquier momento no sería extraño que en el futuro la serie volviera (sobre todo ahora que los derechos han pasado de Dreamworks, para una o varias películas, a Netflix, para realizar una serie) pero por ahora el punto y final tiene algo de coitus interruptus.

En el dibujo tenemos a Frazer Irving, dibujante que usa un estilo pictórico muy característico. En lo positivo, emplea una estructura de página maleable que transmite eficazmente la historia sin que se vuelva caótica en ningún momento, si bien falla un tanto en plasmar las diferentes expresiones de los personajes. Ello no es óbice para que la historia se siga con interés y fluidez aunque suponga, ciertamente, un choque si lo comparamos con las planchas dibujadas por alguien tan naturalista como Ranson. Aquí lo acompaña una Fiona Staples al color que realiza un trabajo muy atmosférico basado en la gama de los ocres, con ocasionales rojos y verdes.

No quiero acabar la reseña sin dejar constancia de que, aunque es cierto que este final sabe a poco, estamos ante un capítulo en la saga que no desmerece a los anteriores. Wagner e Irving nos ofrecen unas páginas en las que el entretenimiento y la reflexión -si uno la busca- están asegurados. Esperemos que ECC continúe su publicación a este lado del Canal de La Mancha si la serie fuera reactivada en el futuro ya que, sin duda,   estos tebeos son merecedores de ser más conocidos en la escena comiquera española.  

Miguel Ángel Vega Calle.

Button Man. Tomo 1: El juego de la muerte, disponible aquí.

Button Man. Tomo 2: La confesión de Harry Exton., disponible aquí.

Button Man. Tomo 3: Asesino de asesinos, disponible aquí.

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