Entrevista a Patrick McGuinness, autor de Echadme a los lobos.

Entrevista con Patrick McGuinness.

El pasado mes de enero llegó a las librerías Echadme a los lobos, de un autor que nos era totalmente desconocido, Patrick McGuinness. Desde las primeras líneas nos dimos cuenta de que nos encontrábamos con una novela especial por los temas tratados, el nivel de reflexión, y por una prosa nada habitual en el noir. Al tener ocasión de ello, hemos tenido la gran fortuna de poder hablar con él, para que nos detalle lo que rodea histórica y temáticamente a esta gran novela.

La reseña de Echadme a los lobos está disponible aquí.

Texto: José María Sánchez Pardo.

Fotografía: Manuel López Isidro.

1. ¿Qué le impulsó a escribir novelas?

Como mucha gente que escribe libros, empecé leyendo. Leyendo y pensando “a mí me gustaría hacer algo como esto, me gustaría hacer algo nuevo”. En el colegio escribía poesía, pero no era muy buena, pues estaba influenciada por las letras de las canciones de grupos como The Cure o The Smiths. Vivía en un internado en el Reino Unido. Antes había vivido en Bélgica, en Irán y en Venezuela. Escribía poemas, pero no eran muy buenos, pues estaba muy influenciado por las letras de ese tipo de música. En 2004 escribí un pequeño libro de poemas, pero siempre tuve el deseo de escribir ficción.

Me he dado cuenta de que todo lo que he escrito tiene un punto autobiográfico. Por ejemplo, escribí sobre Rumanía en la época de la caída de los Ceaucescu, o de mis impresiones en Bélgica con mi grupo familiar. Es cierto que todo lo que he escrito hasta ahora tiene un aporte autobiográfico, aunque mi próximo libro será distinto, pues me he empeñado en hacer algo nuevo, pura ficción.

2. ¿Qué le impulsó a escribir entonces Echadme a los lobos?

El tema fundamental de mis escritos es el recuerdo. La memoria y el recuerdo. A veces pienso que hay varias vidas distintas y que no hay relación entre ellas. Y aquí quería escribir sobre mi infancia, sobre la época en que estuve en un internado inglés.

En las navidades de 2010 estaba viendo la BBC en la televisión, y me encontré que un profesor del internado donde estudié era acusado de asesinato. Luego se demostró que era inocente, pero en aquel momento estaba considerado como un asesino. Esto disparó una fuerte colisión en mí, entre mi vida colegial, interno en Inglaterra, donde no fui muy feliz, y mi ser actual, con 45 años, como profesor en Oxford, casado y con dos hijos y una vida feliz. Estas dos vidas colisionaron, chocaron, y el resultado fue este libro.

En mi mente el libro empieza con la historia de alguien que fue mi viejo profesor, destapa recuerdos de la infancia, no especialmente felices. Y le di forma de novela detectivesca para poder ir realizando una profunda investigación, para poder ir llevando adelante descubrimientos. Este profesor había sido un buen hombre, era inocente, no había cometido ningún crimen, pero la prensa británica lo destrozó con una terrible persecución. Sus propios estudiantes, que habían sido mis compañeros, dijeron mentiras sobre él, inventándose datos y hechos que no habían sucedido, bien por dinero, o por mera notoriedad. Aparecieron pintadas en su casa. Aparecieron fotos manipuladas para hacerle pasar por alguien malvado. Con lo cual el libro aborda dos temas, la inocencia del profesor, que fue finalmente exonerado, y por otra parte el daño que está haciendo la prensa británica a la psique colectiva británica.

Este profesor, el personaje real, era un hombre cultivado, culto e inteligente, amable y preocupado por enseñar, con un aspecto un poco excéntrico, con el pelo un poco largo, teñido, y con unos peinados extraños para camuflar su calvicie. Se empezó a decir de él que era un acosador sexual, antiguos alumnos dijeron que era un pervertido y se empezaron a inventar historias sobre él. Aunque se demostró que era inocente, la prensa destruyó su vida, pues dio igual que fuera inocente, ya se lo había considerado culpable y juzgado. Este libro lo empecé a escribir antes del “Brexit”, y lo acabé cuando ya se había decidido sobre el “Brexit”. Creo que hay una correlación, pues pienso que ha sido esa mentalidad imperante en los medios, cargada de populismo, de intolerancia, de mentiras e incluso de protofascismo. Toda esa amalgama que destruye a la gente es la que ha llevado a este escenario actual, donde se encuentra el Reino Unido ahora. Lamento no ser más optimista, pero creo que ha sido así.

3. Su libro relata una terrible historia de acoso mediático al sospechoso de un crimen. ¿Dónde pondría usted la responsabilidad? ¿En los medios o en el público lector o usuario de redes sociales?

Efectivamente, la prensa siempre ha mentido y siempre ha realizado ataques. Pero esto nos lleva a que las raíces del “Brexit” tampoco son nuevas. Este modelo de prensa ya existía en los setenta y ochenta, con un modelo que se llegó a exportar a otros países. Es un tipo de prensa que odia la cultura. Esto lo muestro en mi novela en la figura del profesor. La prensa ve que al sospechoso le gusta la ópera, pues lo considera un pervertido; que tiene la casa llena de libros, pues debe ser un acosador. Para este tipo de prensa hay una conexión entre la cultura y el mal. Todo esto es lo que nos ha traido el “Brexit”. Una derecha aislacionista, que solo ve la pequeña Inglaterra, muy cerrada de mente. Estos políticos actuales fueron educados en los años setenta y ochenta por unos profesores anglocéntricos, que han creado unos auténticos sociópatas. Aunque espero que no me haya sucedido igual a mí …(risas).

4. Su libro traza una dura historia sobre la soledad. ¿Qué peso tiene la soledad en el hombre contemporáneo?

Efectivamente mi libro trata sobre la soledad, la soledad y el aislamiento. Diferencio entre ambos términos, pues son conceptos distintos. La soledad puede ser elegida voluntariamente, como es el caso del profesor de la novela, que es alguien que ha decidido vivir solo. Es distinto al aislamiento, en el que los demás te imponen que estés solo, sin tú desearlo. En primer lugar, el profesor es alguien que tiene personas con las que acude a actos culturales, pero que prefiere disfrutar de su vida solo. Esta forma de vivir es recogida por la prensa de forma despectiva, acusándole de loner. Un término que en inglés resulta despectivo, marcándolo como un solitario raro. En el libro también hablo de la soledad del niño, del niño que es llevado a un internado, que para él resulta como un cuartel. Además no conoce bien la lengua, por lo cual se siente aún más aislado. Un niño con unos padres poco empáticos, y que le dejan en la puerta del internado, volviendo a Teherán, donde vivían. E incluso la soledad de esos dormitorios para cuarenta chicos, donde estás rodeado de chicos, pero a la vez pierdes toda la privacidad.

La soledad de la que hablo no es una soledad de ficción, sino muy real. Se refiere a la falta de privacidad, siempre rodeado de gente, incluso para cambiarte de ropa. Además en un ambiente muy agresivo: si no eres blanco, manejas bien el idioma, o en algo seas distinto, te van a aplastar.

Eso también lo hacían los profesores. Esa negatividad, esa soledad negativa, aparece mucho en el relato, en forma de fetiches retrospectivos, que muestran que algo ha quedado dañado, siendo esto lo que quería plasmar en el libro.

Actualmente sigo tratando a mi viejo profesor. Y quedando a comer en alguna ocasión. Él también está intentando reconstruir su vida, que quedó muy maltrecha tras el linchamiento y persecución que sufrió por parte de la prensa. Esto no es fácil, pues aún hoy en día, hay gente que lo reconoce por la calle, lo cual le hace un personaje público, pero eso lo aboca a una mayor soledad.

5. Su novela muestra la pobreza por la que están pasando buen número de británicos. ¿Cómo piensa usted que está la situación hoy en día?

En nuestros días la sociedad británica es una sociedad con enormes desigualdades. El partido gobernante piensa que esa desigualdad es buena. Tomaron la opción de la austeridad, y eso ha provocado que haya mucha gente pobre. Esa opción por la austeridad está muy relacionada con el “Brexit”, pues la razón esgrimida es que no se quería pagar a Europa, y lo que se ha perdido son los fondos europeos. En este sistema de desigualdad en que vive la sociedad británica, la prensa de derechas justifica todo este estado de cosas, con un discurso muy victoriano, en el que se compara la pobreza con la pereza, la pobreza con la falta de inteligencia. De esta forma, en Oxford, donde vivo, que puede ser considerada una ciudad rica, en el trayecto para ir a mi trabajo, unos veinte minutos caminando, unas cuatro o cinco calles, puedo encontrarme con no menos de dos docenas de personas sin hogar, durmiendo en la calle. Otro dato inquietante es que en los últimos cinco años los comedores sociales se han multiplicado por diez, a los que acuden, no solo gente pobre, sino gente normal, que trabaja, incluso con dos trabajos, pero a la que no le llega para comprar comida. Todas estas decisiones políticas han implicado la destrucción de los servicios públicos, y de llenarlo de privatizaciones, convirtiendo a Gran Bretaña en un remedo de los EE.UU. Con toda esta política basada en la austeridad, se ha llegado a que la esperanza de vida en UK sea la más baja de Europa. Con todo esto parece que la idea de progreso sea algo del siglo XIX.

6. ¿Los colegios privados ingleses llevaban a cabo prácticas tan salvajes como muestra su novela en los años 80?

Sí, en esos años había abuso físico y sexual. Tuve la fortuna de caer en un colegio donde no había mucho abuso sexual, pero sí había mucha violencia física. Violencia física de dos formas. Una brutal, más aleatoria, y otra mucho más perversa, más ritualizada. Ejemplo de esta última, es el castigo de golpearte con una caña en las nalgas, donde había toda una ceremonia de bajarte los pantalones, la charla que se daba, y los golpes con la caña en las nalgas.

Otro ejemplo de brutalidad, lo sufrí en mi primer día de colegio, cuando me preguntó un profesor que de dónde venía. Y al contestarle que vivía en un pueblo belga a seis kilómetros de la frontera francesa, me propinó un brutal golpe con un libro, y me dijo que en Inglaterra se hablaba de millas, no de kilómetros.

Tras publicar mi libro, me he encontrado con compañeros de colegio que me dicen que me he quedado muy corto en las descripciones de los hechos. De hecho, existe una página web, llevada por un exalumno de un internado parecido al mío, donde en sus foros, los antiguos alumnos relatan las experiencias que tuvieron que sufrir. Para muchos es terapéutico poder escribir sobre ello, pues aún hoy día, se despiertan por la noche, y van a ver a sus hijos, y recuerdan con temor y horror las situaciones por las que tuvieron que pasar.

Hay un libro, llamado El labio superior, en el que se intenta explicar la psicopatología de la clase alta inglesa. En una entrevista a su autor, este al ser preguntado por sus recuerdos de la época, señalaba que el peor recuerdo que tenía, era el del olor del cuarto de su tutor, un olor impregnado de esperma y miedo.

7. Su narración reflexiona grandemente sobre la memoria. ¿La considera buena para las personas? ¿o bien, resulta una tenaza que no deja vivir?

En general estoy muy agradecido a mis recuerdos. Tengo buena memoria, no olvido, lo cual me ayuda para escribir. Soy optimista para lo personal y privado, quizá no tanto para lo social. Tengo buenos recuerdos de mi infancia en Bélgica, en un entorno de clase trabajadora, con un padre bebedor y con violencias previsibles. Cuando vine a Inglaterra al internado, empecé a tener conciencia de la pérdida y el tiempo.

Mientras escribía mi anterior libro, situado en Rumanía en la época de los Ceaucescu, mi pareja actual me impulsó a que sacara todos mis recuerdos, soltara lastre. Pues los recuerdos pueden ser una carga, y no sólo los malos, dejándote fijado en el pasado. De hecho, mi próximo libro no va a ser nada autobiográfico, sin recuerdos ni memorias. Pues pienso que la memoria, incluso la buena, nos fija demasiado en el pasado, es como un ancla, nos hace esclavos de un pasado. La escritura me ha permitido desembarazarme de algunos de mis recuerdos, pues creo que, si no escribiera, sería un hombre más infeliz e incompleto.

8. ¿Qué papel tiene la sobrina del protagonista, Marieke?

En lo personal, sigo yendo a menudo por Bélgica, y mi hija se llama como la niña, Marie.

Marieke representa en este libro la memoria tecnológica, es la que graba y archiva. Me interesa mucho esa memoria objetiva. También es la esperanza de quien podrá tener hijos, pues el protagonista no los tiene. Marieke tiene algo de etéreo, frente a los horrores reales que se relatan.

Otro papel que representa la niña es el de ser alguien solo y solitario. En la narración se vislumbra que está inscrita en algún tipo de educación diferencial. Los niños actuales tienen una relación muy distinta con la memoria. Tienen acceso a programas de televisión que pueden ver cuando quieran. Por ejemplo, si quieren ver el programa del miércoles pasado pueden hacerlo. Nosotros no teníamos esa posibilidad. La experiencia del tiempo es distinta ahora. Para nosotros el tiempo fluía, como decía Heráclito como un río, y el agua no vuelve a pasar. Ahora parece que el tiempo es como un lago de aguas quietas, donde un pez puede ser pescado varias veces.

En la infancia tengo la sensación de un tiempo discontinuo, traumático, de ahí mi obsesión por la memoria, pues todo pasaba. mis abuelos, la vida en Caracas o en Bélgica, todo iba pasando, por lo que la única forma de fijarlo era la memoria.

Para la generación de nuestros hijos no es exactamente así. Estamos lejanos y a la vez cercanos. Nos comunicamos continuamente por mensajes de wasap, o van escuchando con sus cascos en sus móviles. No necesitan del archivo de la memoria, pues tienen la posibilidad de que vuelvan las cosas.

9. El que sea el protagonista de origen holandés, ¿qué pretende ser en la novela?

No quería que el protagonista fuera belga, para que no quedara tan clara la conexión conmigo. La elección del holandés es porque escrito no es tan distinto del inglés. En cuanto a la elección del nombre, Ander, que significa “el otro”, quiere representar al otro de mí mismo.

10. ¿Cómo articula los roles de los dos policías protagonistas, Gary y Ander?

De hecho, yo soy los dos personajes, pues son las dos facetas de mí mismo. Una más intelectual, la de Ander, y otra más antiintelectual, como es la de Garet. Son las dos caras de mí mismo. Hay ciertas bromas de Garet que yo también hago. Ander sería mi faceta intelectual, mientras que Garet serviría para sacar lo familiar.

11. ¿La policía británica resulta tan poco eficiente como los compañeros de los protagonistas parecen?

(Gran carcajada). Sí. Sí lo son, y en demasiadas ocasiones llevan a cabo acciones bien estúpidas.

12. Por último, y a partir de sus comentarios despectivos sobre ese juego …¿qué le parece el rugby como deporte?

(gran carcajada) Yo jugué en el colegio de delantero, de segunda línea. Pero pienso que el rugby representa a la clase dominante inglesa. Ahora que vivo en Gales, que es una sociedad mucho más igualitaria, puedo acudir más a gusto a ver rugby, y además mi hijo lo practica.

Esta entrevista se llevó a cabo el miércoles 5 de febrero de 2020 en la sede de la editorial Siruela en Madrid. Queríamos expresar nuestro agradecimiento a Elena F. Palacios, del departamento de prensa de Siruela, por su gentileza y atenciones.

2 comentarios en “Entrevista a Patrick McGuinness, autor de Echadme a los lobos.

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