El signo de los cuatro, de Manuel Valle. 3a entrega: vol II. Agatha Christie. Historias sin historia de la naturaleza humana.

Manuel Valle. El signo de los cuatro. vol. 2. Agatha Christie. Historias sin historia de la naturaleza humana. Comares.

Hoy les ofrecemos la tercera entrega sobre el Signo de los cuatro, de Manuel Valle, referida en esta ocasión a la obra de la gran Agatha Christie. En esta nueva entrevista, el autor nos desvela una visión poco ortodoxa sobre la autora inglesa.

Esta entrada supone la tercera de la serie de ensayos-entrevistas que Manuel Valle ha concedido a TotalNoir sobre El signo de los cuatro, estudio dedicado a analizar la obra de cuatro grandes del noir: Arthur Conan Doyle, Agatha Christie, Dashiell Hammett y Raymond Chandler. La primera entrega, “Introducción”, está disponible aquí.

Agatha Christie haciéndose medir su cráneo.

¿Cuál es el punto de partida en Agatha Christie para la creación de sus personajes? Estamos pensando específicamente en la relación de cercanía-distanciamiento con respecto al gran detective, Sherlock Holmes. ¿Qué parecidos y diferencias encuentra usted Holmes y los investigadores de Agatha Christie: Poirot, Miss Marple y otros?

Agatha Christie escribió su primera novela, El misterioso caso de Styles, en 1916. En ese momento, como ella misma relata en su Autobiografía, era inevitable escribir en la estela de Sherlock Holmes, y ella pensó en un detective que fuera como Holmes, pero diferente de Holmes. Para ello tuvo que dar dos pasos atrás: el primero al configurar a Poirot como un hombre física y socialmente ridículo, frente al empaque aristocrático y deportivo de Holmes; el segundo al abandonar el cientifismo del detective londinense, un terreno en el que ella no podía competir, pues no tenía ni los conocimientos ni la habilidad narrativa para situarse en ese terreno. Pero estos dos pasos atrás le permitieron dar el paso adelante que le sirvió para configurar su mundo literario: el desplazamiento del núcleo narrativo desde el sujeto investigador, el detective, al objeto de la investigación, es decir, el laberinto de pasiones, intereses, mentiras, crueldades y traiciones que conformaban el mundo en el que se cometía un asesinato (pues en las novelas de Christie la mayoría de los crímenes eran asesinatos). Y lo hizo a través de la concepción hobbesiana del mundo como un caos, como una lucha de todos contra todos en medio de una interminable y despiadada litigiosa guerra civil por la propiedad, desatada por el despliegue del indomeñable egoísmo como característica principal de lo que ella definió como “la naturaleza humana”. El desenvolvimiento de esta naturaleza humana y sus luchas y conflictos le permitió alcanzar su verdadera estatura narrativa, aunque a cambio produjo una escritura en la que el detective ya no era una pieza tan fundamental como en el ciclo holmesiano. De ahí la diferencia entre los seguidores de Doyle y Christie: mientras los primeros adoran a Holmes, los segundos admiran a su autora por encima de sus detectives.

Usted afirma que los personajes de Agatha Christie se mueven en el mundo de la distribución (del gasto de dinero), y no en el de la producción (son retirados, rentistas, etc.) ¿Qué tipo de narrativa de lo criminal produce esta situación?

Agatha Christie presenta en sus novelas un muestrario en cierto modo poco variado de ambientes y personajes. En cuanto a los ambientes, suelen ser la casona solariega, la pequeña comunidad rural o los espacios de disfrute viajero o vacacional. En cuanto a los tipos suelen ser el rico hacendado junto con toda la corte de parientes (esposa, hijos, cuñados…), sirvientes (amas de llaves, asistentas, damas de compañía…) o amigos y empleados de diverso tipo (médicos, abogados, militares retirados, vicarios, solteronas…).

La característica fundamental de estos ambientes y personajes es que están totalmente alejados del mundo de la producción: en casi ningún momento aparece nadie en el acto de ganarse la vida. Todos son de un modo u otro retirados, bien en sentido temporal o bien en sentido espacial: los jubilados, los rentistas, los ricos que ganan su dinero en los negocios burgueses ciudadanos pero lo disfrutan en el espacio rural del retiro y el recreo. Ello incluye también a Poirot (policía retirado) y a Marple (solterona sin necesidad de trabajar y con todo el tiempo a su disposición).

Pero estos personajes se dividen en dos grupos: los propietarios y los no propietarios (dependientes de los anteriores). Claro que hablar de sujetos no propietarios es, en cierto modo, una contradicción, ya que en la configuración burguesa del sujeto todos somos propietarios (aunque solo sea de la propia persona), y en la concepción hobbesiana del hombre, todos somos iguales, si no por la propiedad sí por la pasión por la propiedad, por el deseo de poseer lo que tienen los demás (lo quiero todo y lo quiero ahora). En el mundo de la producción es posible acceder a la propiedad de diversos modos, como el trabajo, el negocio, el robo, etc., pero en el mundo de la distribución el sujeto no propietario se enfrenta a una estructura completamente rígida y jerarquizada en torno a la organización familiar. Ello hace que la única manera de despojar al propietario de su propiedad sea el asesinato y la sustitución mediante la herencia o la suplantación. Por ello, el mundo de la lucha por la propiedad, el mundo del crimen y el asesinato son en Agatha Christie siempre el mundo de la familia.

Con una particularidad: cuando hablamos de propiedad no nos referimos únicamente a las mercancías o bienes sino también a la propiedad sobre los otros, a la consideración de las relaciones sexuales o matrimoniales como una forma de propiedad. Los críticos han señalado que la narrativa de Agatha Christie despliega un pansexualismo exacerbado, pero conviene no olvidar que la sexualidad es mostrada siempre en relación con las formas familiares de propiedad, tanto si hablamos de cazadotes o cazafortunas (de un sexo u otro) como si hablamos del disfrute sexual como algo paralelo al disfrute de cualquier otra mercancía. Quizás por ello se explica la especial configuración de los dos detectives principales de Agatha Christie, Miss Marple y Poirot: ambos están al margen del intercambio sexual, ella por ser una solterona y Poirot por su condición ridícula y asexuada, y ello permite su independencia respecto del caso.

¿A qué cree que se debe ese interés de Agatha Christie por proteger al inocente? No nos referimos necesariamente a las víctimas en sentido estricto de los crímenes, ya que la mayoría son personajes bastante desagradables, por lo general, sino a los personajes inocentes que rodean al caso y podrían verse manchados por la sospecha.

En el género de misterio aparece como uno de los temas recurrentes el de proteger a un inocente. En muchos casos, la investigación del detective o de la policía están encaminadas a descubrir la verdad para evitar que sobre un inocente caiga el peso de una condena o incluso de una simple duda. Así ocurre en varios casos del canon holmesiano y también lo podemos encontrar en alguna novela de Chandler. Pero esta temática de “proteger a un inocente” es endiabladamente enrevesada en el caso de Agatha Christie. En su mundo narrativo todos los personajes están atravesados por la pasión por la propiedad. Todos lo quieren todo y lo quieren ahora, todos serían capaces de llegar al crimen para conseguir sus propósitos. Por ello todos, absolutamente todos, son posibles asesinos y, por ende, posibles sospechosos. La comisión de un crimen extiende la sospecha sobre todos los personajes cercanos. Solo uno ha cometido un crimen, solo uno es culpable, pero eso no quiere decir que los otros no lo hubieran hecho. Si no ha sido así es por falta de posibilidades, porque otro se les adelantó, etc. Por ello, porque todos comparten la pasión del egoísmo, la falta de escrúpulos (que Hobbes llamaba crueldad) y la ausencia de remordimientos, eso que Agatha Christie llamaba la maldad y que según ella formaba parte inalienable e importante de la naturaleza humana (sin distinción de clase, ni de sexo, ni de ambiente social ni de época), es imprescindible encontrar al culpable para mostrar la inocencia de los otros. Pero esta inocencia no es ausencia de maldad, sino latencia de maldad. De ahí la necesidad de esos finales teatrales en los que Poirot mostraba la maldad de cada personaje implicado para acabar señalando al culpable como aquel que había recorrido el camino completo que llevaba desde la pasión egoísta al crimen.

Pero la necesidad de proteger al inocente muestra su otra cara: la necesidad de castigar al culpable. En este sentido la posición de Agatha Christie fue siempre clarísima: era partidaria del máximo castigo, que incluía la pena de muerte, y usó muchas de sus novelas para sustentar esta posición.

¿Qué imagen de la mujer aparece en la obra de Agatha Christie?

Si espigamos citas aisladas en la obra de Agatha Christie podemos encontrar argumentos a favor de una u otra visión en torno al tema de la situación de la mujer. En ocasiones, como en su Autobiografía, muestra un rechazo irónico a la incorporación de la mujer al mundo laboral, prefiriendo el espacio doméstico, lo que nos daría una imagen antifeminista. Pero en sus novelas aparecen personajes femeninos tan inteligentes y decididos, o más, que sus compañeros masculinos, lo que daría argumentos para sustentar la tesis contraria. ¿Feminista o antifeminista? Posiblemente las dos cosas y ninguna de ellas. Para Agatha Christie había algo evidente: todos somos iguales, la naturaleza humana es igual en todos, y la característica fundamental de esa naturaleza es el egoísmo y la maldad. En ese sentido profundo Agatha Christie no es que fuera partidaria de la igualdad, es que estaba convencida de que no podía ser de otro modo. Una cuestión diferente es la elección del espacio en el que enfrentar la guerra civil con los demás por la propiedad, y en este sentido, digamos superficial, ella consideraba que las mujeres estaban más preparadas para luchar en el ámbito doméstico, privado y familiar, un terreno en el que podían conseguir sus propósitos con más facilidad que en el espacio público, económico o político.

De ahí el personaje de Miss Marple, esa detective solterona, desocupada, inmersa en la vida doméstica, dedicada al chismorreo, a cuidar su jardín, a tomar el té y a observar los pájaros con los prismáticos, sin descuidar echar una miradita a la intimidad de sus vecinos. Como decía Miss Marple, las mujeres no conocen la vida con V mayúscula, pero sí la vida con v minúscula.

Xulio Formoso. Agatha Christie y Poirot.

¿A qué se debe, en su opinión, el éxito de las novelas de Agatha Christie?

Lo primero que hay que recordar a propósito del éxito de Agatha Christie es que se trata de un éxito rotundo y sostenido a lo largo del tiempo, desde la publicación de El asesinato de Roger Ackroyd en 1926 hasta hoy, con millones de lectores (y sobre todo lectoras) en muchísimos países. Se podría decir que de los autores que triunfaban en la década de los veinte, a los que Chandler dedicó El arte de matar, es la única que ha permanecido y sigue vivita y coleando, no solo por lo que se refiere a las novelas sino en adaptaciones al cine y la televisión o representaciones teatrales. Y, a la vez, no hay que olvidar que, entre los grandes del género, posiblemente sea Agatha Christie la autora más despreciada por la academia universitaria y el mundo intelectual. Esto es algo de sobra conocido, pero  nos interesa preguntarnos el porqué de este éxito y, en algún sentido, compararlo con el de Sherlock Holmes, el otro gran hito de la novela de misterio británica. Si nos fijamos bien, Holmes pervive en millones de lectores anónimos, pero también en clubes dedicados a su memoria, círculos, organizaciones de aficionados etc., todo ello acompañado de infinitos pastiches, bisutería, recuerdos y fetiches holmesianos de diverso tipo. Se podría decir que es un éxito público, colectivo, exhibicionista. No hay mucho de eso, sin embargo, en los lectores, y sobre todo en las lectoras de Agatha Christie, cuyo seguimiento de la autora inglesa es mucho más silencioso, privado, íntimo. Es bastante común encontrarse con alguna mujer a la que si le citas a Agatha Christie te diga “yo me he leído todas sus novelas”, pero sin darse importancia, y luego cambie de conversación. Y me atrevería a decir que ello se debe a que, en la división sexual propia del capitalismo, las mujeres han ocupado una posición subordinada que las capacitaba para entender perfectamente que la vida privada y familiar no es en ningún modo una balsa de aceite sino un caos litigioso y que la familia e incluso la intimidad personal están atravesadas por miles de contradicciones en torno a la propia identidad, el lugar social de cada uno o el poder. En este sentido Agatha Christie es quizás la autora de misterio más moderna, la más contemporánea (vista desde hoy). El filósofo francés Louis Althusser respondía a la pregunta ¿en qué consiste el marxismo? con una frase lapidaria: en no contarse cuentos. Por supuesto que Agatha Christie no tiene mucho que ver con el marxismo, hasta ahí podíamos llegar, y claro está que muchas de sus novelas son algo disparatadas, forzadas incluso, o con argumentos casi inverosímiles; pero por el laberinto de pasiones que crea, por la mirada inmisericorde y cruel con la que contempla la privacidad y la subjetividad sí que pertenece–como tantos otros–a esa raza de escritores que no se contaban cuentos a sí mismos, ni tampoco se los contaban a los lectores. Historias sí, pero cuentos no.

Manuel Valle.

Selección de fotografías: M.M. (Despachos de Corpus Christi).

El signo de los cuatro, disponible en la librería Estudio en Escarlata.

2 comentarios en “El signo de los cuatro, de Manuel Valle. 3a entrega: vol II. Agatha Christie. Historias sin historia de la naturaleza humana.

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