Echadme a los lobos, de Patrick McGuinness.

Echadme a los lobos, Patrick McGuinness. Siruela.

Cuando pensamos en literatura noir, normalmente se nos viene a la cabeza una obra en la que se lleva a cabo una investigación sobre un misterio criminal. Parece que hemos de enfocarnos en los aspectos fundamentales de la trama: víctima, investigador, motivos… Pero en algunos casos una novela noir, además de relatarnos las peripecias que rodean la resolución de un hecho criminal, logra contarnos otras historias, que pueden estar asociadas o relacionadas con la misma.

Esto último ocurre en Echadme a los lobos, narración que nos muestra los esfuerzos de la policía para desentrañar la autoría del salvaje asesinato de la joven Zalie Dyer. Pues, mientras se intenta dar luz a un caso bien misterioso, el autor nos lleva a transitar por parajes colaterales a la historia criminal. Entre estos podemos resaltar la dramática crónica de cómo la prensa puede convertirse en una bestia salvaje contra ciudadanos indefensos; se nos relata la brutalidad gratuita que campa en el sistema de colegios privados ingleses; se reflexiona también sobre los diversos modos de asumir la pérdida irreparable de nuestros seres queridos.

Patrick McGuinness.

La acción se desarrolla en nuestros días, en una pequeña localidad británica, situada en el estuario del Támesis. En su comisaría local, el detective Alexander “Ander” Widdowson y su compañero Gary han de resolver este salvaje crimen. Durante sus pesquisas, un vecino de la difunta, el viejo profesor Michael Wolphram, atrae la atención policial por diversas coincidencias. En este momento se presentan dos graves problemas. Uno, el detective encargado de la investigación, Ander Widdowson, fue alumno hace casi treinta años del sospechoso en el Chapleton College, en una época un tanto difícil para el futuro policía. El otro lo causa la prensa porque tanto los tabloides, como la presunta prensa seria, pondrán sus zarpas sobre este sospechoso convirtiéndolo ante la opinión pública en un terrorífico criminal, sin pruebas ni condena formal.

Portada del tabloide británico The Sun.

El retrato de las prácticas que llevan a cabo los medios de comunicación de los involucrados en asesinatos es terrible. La verosimilitud de lo que se ofrece en los medios de comunicación tiende a escasa, pues fundamentalmente se dedican al vilipendio y la calumnia, a las insinuaciones y los rumores… importando bien poco su ajuste a la realidad. De ahí que la vida real se convierta en una historia para crear historias, en una “mierda de espejo” de la realidad.

En Echadme a los lobos, el retrato de este mundo que se hace denominar “de información” se concentra en el de la periodista—aunque realmente deberíamos llamarla trabajadora de medio de comunicación—Lynne “la loca” Forester, de quien se nos describirá el nulo interés que muestra por la verdad de los hechos, interesándose únicamente  en montar una historia—falsa, por supuesto,—para el presunto disfrute de los lectores, oyentes o televidentes y donde a un sospechoso, por el mero hecho de serlo, se le puede destruir impunemente la vida, pues a los medios de comunicación la vida de las personas les importa bien poco y no dudan en darse un festín con su sangre, si así consiguen vender más.

Linchamiento informativo de Dolores Vázquez.

La historia que se nos cuenta del personaje Michael Wolphram nos trae a la memoria el terrible caso del asesinato de la malagueña Rocío Wanninkhof y de cómo la prensa se ensañó con la sospechosa—que se demostró finalmente inocente—, Dolores Vázquez Mosquera, con la presión consiguiente sobre el jurado popular que tan injustamente la condenó. Sobre esta situación de calumnias a un inocente el autor de nuestra novela afirma:

“Soltarlo ¿dónde? Devolverle ¿el qué? No hay vuelta atrás. Es como cazar un animal, incendiar su hábitat y después soltarlo en la nada arrasada que ha quedado. Sea inocente o culpable, ahora ya solo le espera un mundo calcinado. Uno se da cuenta con solo ver las pintadas en la fachada de su casa, o las amenazas de muerte en los comentarios a los artículos de prensa.”

El calvario judicial de Dolores Vázquez.

Otro eje de la narración lo constituye la descripción de la vida y prácticas llevadas a cabo en un colegio privado inglés—en el caso que nos interesa, el Chapleton College—. El tema de los recuerdos infantiles del policía protagonista ocupará muchas páginas de la novela, pues estas memorias servirán para entender tanto al policía protagonista, como al sospechoso. Se nos da una durísima imagen de la vida en semejante institución, describiéndonos la estructura de poder de los colegios ingleses de los años 80, resaltando el sadismo colegial, mientras se relata las particularidades de la vida colegial con sus identificaciones y maneras de manejar los conflictos.

Imagen de un college británico.

En este sentido el autor pone en boca de algunos protagonistas afirmaciones como las siguientes:

“Una brutalidad descuidada administrada de improviso y con una aleatoriedad que llega a resultar tranquilizadora porque da a entender que no es algo personal contigo, sino simplemente con tu cuerpo.”

“Avergüénzalos por su cuerpo, pero asegúrate de avergonzarlos también por su alma. O porque piensan que es su alma.”

El último gran tema que trata la novela consiste en lo difícil que resulta llevar a cabo el duelo por aquellos que hemos amado y nos han dejado de forma irreversible. Esta parte de la novela se centra alrededor de la figura de la señora Snow, una mujer que ha enviudado recientemente, a la cual el protagonista Ander Widdowson y su sobrina Marieke visitan regularmente. Este personaje permite al autor llevar a cabo también un duro alegato contra la pobreza que empieza a desolar a importantes segmentos de la población británica, exánimes ante su desgracia.

Diputados británicos denunciando la pobreza en UK.

Todo esto nos es relatado con una prosa densa y profunda, llena de matices reflexivos y cargados de poesía, con una traducción impecable y llena de tonalidades—lo cual es de destacar en estos días de chocantes traducciones—. El autor nos va llevando del caso criminal a los recuerdos de los protagonistas, sin olvidar los sangrantes problemas que rodean a los actores de un drama, tanto personal como social. McGuinness no se muestra confiado en el futuro, pero sí postula alguna opción ética para nuestro mundo, con nuevas reglas para que no olvidemos algo muy simple y fundamental: la humanidad que debemos establecer entre los hombres.

José María Sánchez Pardo.

Disponible en la librería Estudio en Escarlata.

Un comentario en “Echadme a los lobos, de Patrick McGuinness.

Responder a Manuel Cancelar respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s