Enero sangriento, de Alan Parks.

Enero sangriento, Alan Parks. Tusquets.

“Bienvenido a 1973. Las cosas han cambiado”. Las diversas implicaciones de esta rotunda afirmación recorren esta novela policial, muy, pero que muy negra, en la que se relatan las cuitas de un policía al intentar resolver misterios y enfrentarse a los diversos poderes que tienen atenazada a la ciudad de Glasgow.

Pero antes de nada, pongámonos en situación. Al detective de la policía de Glasgow, Harry Vincent McCoy, le llega el aviso de que un interno de la terrible prisión de Barlinnie, Howie Nairn, quiere hablar con él. Durante la conversación, el recluso le da el soplo de que a una tal Lorna la van a asesinar al día siguiente. McCoy duda de esta información, pero los acontecimientos se precipitan cuando, al día siguiente, la joven Lorna Skirving es asesinada por los disparos de un tal Tommy Malone, que se suicida a continuación.

Este sangriento suceso pone en marcha  a la policía de Glasgow, que encarga a McCoy y al bisoño agente “Wattie” Watson esclarecer unas muertes tan violentas y espectaculares. Las pesquisas que inician les conducirán, por un lado, a los territorios más sórdidos de la ciudad de Glasgow y, por otro, a los centros de poder de la que fue gran urbe del Imperio británico, ciudad que empieza a pasar por horas bajas.

Los policías se verán involucrados en el mundo de las prácticas sexuales extremas. Un mundo que vive fuera de la mirada del común de los ciudadanos, pero que tiene sus adeptos, y en el que sus acciones discurren fuera del control social y policial, ya que sus practicantes, de todo pelaje social, se saltarán todos los límites legales para llevar adelante sus prácticas.

Tanto el ámbito de investigación como los participantes en el mismo, pondrán a prueba la tenacidad y valentía de los policías, que recibirán poca ayuda, cuando no directamente continuas trabas durante sus investigaciones.

Un aspecto inquietante a lo largo de toda la novela es el nivel de violencia y brutalidad que va apareciendo durante la narración. Más allá de las características propias de los sucesos investigados surgirá, como un torrente, una serie de acciones marcadas por un nivel de extrema violencia. Esto se debe a muy diversas razones. En primer lugar, por lo mucho que anda en juego en este mundo, lo cual hace que las reacciones de los actores que participan en él sean de una gran brutalidad, ya que no conocen límites morales ni sociales en la búsqueda y mantenimiento de sus actividades. En segundo lugar, la violencia se dispara por la presencia de bandas criminales con métodos tremendamente expeditivos es una constante a lo largo de la novela, lo que llenará de sangre y dolor toda la narración. Les adelantamos que durante todas las páginas del libro, se relatan acciones de una enorme crueldad, que en más de un caso sobrecogen por su verismo.

El papel de los centros de poder, en especial el de la policía de la ciudad de Glasgow, queda muy en entredicho. Su poca eficiencia, la sumisión que muestra con grupos de poder fáctico, de los cuales parecen resultar casi sus matones, y la torpeza, cuando no indiferencia, hacia los estratos sociales más desfavorecidos, proponen un retrato despiadado y bastante inhumano de aquellos, que por elección o empleo, deberían servir y proteger a los ciudadanos. Veremos cómo la obediencia ciega y un nauseabundo sentido del patriotismo, priman por encima de valores como la diligencia o la eficiencia en la labor policial.

El desolador retrato de la sociedad de Glasgow no se circunscribe exclusivamente a las administraciones públicas o la policía, sino que se extiende al mundo de los bajos fondos y a la actividad y poder de auténticas bandas de criminales, con una presencia y un poder sorprendentes. De ellos el autor nos relata sus diversos negocios del pasado, y sus nuevas formas de enriquecimiento; su estructura; sus relaciones con la policía y la administración; y, sobre todo, la brutalidad y violencia con las que dirimen sus conflictos, bien sean internos o entre grupos rivales. Los personajes fundamentales de estos grupos delictivos serán Ronnie Naismith y Stevie Cooper. Este último se convertirá en un personaje fundamental de la novela, por su implicación en los hechos y, sobre todo, por una muy especial relación que mantiene con el protagonista de la novela, el policía Harry McCoy.

La galería de personajes que recorren la novela es abrumadora, pues se tocan muy diversos ámbitos de la realidad de Glasgow y, sin entrar en grandes detalles, se nos dan ricos retratos de personas, a menudo con pocos, pero precisos, trazos. Así podemos citar a Murray el jefe de McCoy o a Alasdair Cowie, el sabio compañero de este. Y también, ya en el lado de la ley, hay que citar a la forense Phyllis Gilroy, que parece encarnar al prototipo de forense pija de toda novela tartan que se precie. De igual modo es muy atractivo el personaje de Susan Thomas, la antropóloga que lleva a cabo una tesis sobre el vicio. El ya citado gánster Stevie Cooper tendrá un peso especial en la narración, así como Chas, el matón romántico. Papel aparte es la historia de las víctimas de los asesinatos, que nos hacen pensar en los juguetes rotos, masacrados por la vesania de ciertos ciudadanos.

Papel fundamental lo tiene el protagonista, Harry Vincent McCoy, que resulta un policía contradictorio. Se trata de un personaje con una ética muy particular: alcohólico y drogadicto; con una tormentosa relación con Janey, una prostituta; y con amistad con delincuentes, más por razones históricas, que por inclinación personal. Un hombre de vida atormentada que sufrió en la infancia los abusos de las casas de acogida, pero que se marea con la sangre y las autopsias. Un hombre impulsivo, tenaz, con lealtades muy profundas, pero que se adapta mal a ser un matón del poder, o un tramposo con placa, como buena parte de sus compañeros.

Alan Parks nos ofrece un desgarrador documental de Glasgow, retrato del que, pese a estar esta ciudad cubierta por el blanco manto de la nieve, aflora como un lugar sucio, salvaje y violento. Nos relata con crudeza la vida en los barrios donde se hacinan los perdedores, azotados por el alcoholismo, la pobreza y la prostitución, y nos detalla la introducción de la heroína en sus calles. En esta oscura crónica tendrán un papel primordial el relato de las circunstancias de los chicos desnortados y del destino cruel que van a sufrir aquellos que se equivoquen, centrándose en la dura historia del mundo de los niños de orfanato.

Como ya mencionamos anteriormente, en la novela se trata del mundo de los que gustan de las sensaciones extremas. En esta línea es muy sorprendente la aparición de la estrella del rock David Bowie como símbolo de esa pretensión de vivir a tope. Y el peso de este anhelo lleva a afirmar a un personaje:

“Quería demostrarme a mí mismo que era tan libre y estaba tan liberado como el que más.

La novela es muy intensa, por su ritmo, por sus escenas, por sus giros de guión continuos, y por la frenética marcha de los acontecimientos y de la acción de los personajes. Como ya señalamos, la violencia recorre sus páginas sin reposo, lo que hace que su lectura resulte una experiencia intensa y abrumadora.

Alan Parks consigue con este libro engrosar la ya extensa nómina del tartan noir, esa novela noir, escrita por escoceses, con mucha dureza, mucho alcohol e historias impactantes, de los que podríamos citar, entre otros, a Denise Mina, Stuart MacBride, William Mcilvanney, o al capo de la banda, Ian Rankin.

José María Sánchez Pardo.

3 comentarios en “Enero sangriento, de Alan Parks.

  1. Magnífica la reseña. Además de ser un gran escritor, Alan Parks parece un tipo con gran personalidad por su forma de pensar y analizar el entorno social con el que convive. Las entrevistas que concede suelen ser muy interesantes.

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