El primer gran caso de Yaiza Cabrera. Novela negra para adultos, de Javier Holmes.

El primer gran caso de Yaiza Cabrera. Novela negra para adultos, de Javier Holmes. Disponible en Amazon.

¿Qué diferencia un consolador de una daga? En esta novela de Javier Rodríguez Pascual, o Javier Holmes, bastante poco.

El primer gran caso de Yaiza Cabrera—novela negra para adultos—cuenta de qué manera una zamorana, ex auditora de cuentas, llegó a fundar la agencia de detectives Yaiza y Asociados, empresa en la que, por el momento, trabaja como única empleada.

Todo comenzó cuando Yaiza Cabrera descubre el cadáver de su ayudante, Ismael Lorenzo, tumbado de bruces sobre un charco de sangre, con la máquina ya nombrada sobresaliéndole de una parte, lugar este ya inmencionable. Ambos—Yaiza y su ayudante, se entiende—trabajaban para la firma gestora Leo&Blas.

Con anterioridad al horrendo asesinato, la señorita Cabrera había recibido el espinoso encargo de auditar las cuentas de Fuerza Igualitaria (FI), partido “ultraconservador, antieuropeísta y xenófobo”. Con la consigna de elaborar un informe sin salvedades—es decir, “limpio”—, pues FI aspira a obtener una subvención europea, la veinteañera se lanza, con recelos, al primer gran caso de su recién estrenada carrera como contable.

Ahora bien, Yaiza tampoco le hace demasiados ascos al juego sucio. Como muestra un botón: con el fin de persuadir al matrimonio para el que trabaja, Leo y Blas, de que contraten a un ayudante, la futura detective amenaza a uno de ellos con contarle sus escarceos en el gym al otro.

Por este comportamiento, y algunos otros que no hacen al caso ahora, quizá algún lector podría pensar que nuestra Yaiza ha recibido su merecido cuando se convierte en la principal sospechosa del asesinato de Ismael. La policía, encarnada en la persona del inspector encargado del caso, Luis Bárcenas, ha descubierto que tanto el consolador rojo, como el cuchillo que había degollado a la víctima, le pertenecen. Pero ni siquiera Bárcenas se traga esta historia, así que contrata a Javier Holmes, personaje a quien tal vez los lectores del escritor homónimo recuerden de otra serie criminal, para que investigue el caso. Y la propia Yaiza, hasta los ovarios de que la utilicen—palabras suyas, no mías—, decide implicarse también en la investigación, porque no se fía ni de la policía, ni de los detectives.

Este batiburrillo de investigadores—Bárcenas, Holmes, Cabreira, y algún otro—se enfrenta a los políticos-mafiosos que controlan tanto al FI, como el dinero de sus subvenciones, a quienes se añade, además, otra formación política, Movimiento contra la Intolerancia (MI), de intereses opuestos a los del FI. Todos ellos viven inmersos, además, en un ambiente en el que la estafa, el alcohol y el sexo circulan sin tasa ni medida. Mundo-jungla donde casi todos los personajes con quienes nos topamos procuran pisotearse los unos a los otros—o acostarse con el contrario, lo cual, en estos “procelosos lodazales”, supone muchas veces casi lo mismo—con el innoble fin de acumular poder o, simplemente, dinero.

Por todo esto, lejos de tratarse de un asunto ancilar, el sexo y sus exuberantes descripciones se erigen en componentes imprescindibles de esta novela. Pero quizá sea el hecho de que el valor de las personas se halla aquí medido por lo abultado de su físico o de su cartera, más que la presencia de escenas con sexo explícito, lo que le confiere a este título la clasificación de “novela negra para adultos”.

Denominación curiosa, cuanto menos. Porque cabría preguntarse, ante este membrete, si existe algún tipo de noir que no esté concebido necesariamente para un público “adulto”. No se me escapa, claro está, que hay aquí una pequeña trampa del lenguaje: la adultez a que remite la admonición, se sabe, no se refiere en ningún caso a la capacidad de los lectores de asimilar la muerte, sino el sexo.

Y es una pena. Porque, pese a la aparente crudeza de algunos momentos camastriles, o a las pobres decisiones sartoriales de la Cabrera—lleva para ir a un casino unos zapatos acharolados de tacón alto con apliques metálicos, sombra azul celeste, labios rojos, tanga, un vestido malva con escote palabra de honor abierto por los lados y unas medias negras, con costura, para rematar el espeluznante conjunto—tras la fachada de intrépida “femdomista” de nuestra detective late un cierto corazoncito y bastante ingenuidad. Una inocencia que provoca que la utilicen y le tomen el pelo tanto los unos, como los otros. A fin de cuentas, lo que importa aquí, viene a decirnos el autor, son, precisamente, las cuentas. Nadie—o casi nadie—sale demasiado bien parado de esta historia, porque la sordidez no se halla necesariamente en las escenas subidas de tono de El primer gran caso. Esta novela negra parece sostener, pues, que la verdadera obscenidad, lo que hace que lo noir sea para adultos, consiste en la exposición de la rapacidad de la que a veces podemos ser capaces ante la tentación de lo verde.

Porque “no se trata de ideas, ni de un signo ni de otro, solo se trata de dinero”. Y, en este sentido, quizá también en otros, estamos ante una novela muy negra.

M.M.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s