La ciudad que no descansa, de Douglas Preston y Lincoln Child.

La ciudad que no descansa, Douglas Preston & Lincoln Child. Plaza & Janés.

El cadáver de la joven Grace Ozmian aparece en un destartalado garaje de Nueva York. Eso sí, decapitada, y su cabeza no se encuentra por ninguna parte. La muchacha es hija de Anton Ozmian, un poderoso y despiadado empresario del mundo tecnológico. La investigación es encargada al teniente de la policía neoyorquina Vincent D’Agosta que, por un lado, debe intentar dar luz a un misterioso asesinato y, por otro, tendrá que lidiar con el padre de la víctima, hombre intransigente, acostumbrado a imponer su voluntad a toda costa.

En estas se presenta, para participar en la investigación, el agente especial del FBI, Aloysius X. Pendergast, que se encuentra en horas bajas profesionales y personales, tras los sucesos narrados en la anterior entrega de la serie, La cámara de obsidiana. D’Agosta y Pendergast volverán a establecer equipo de investigación, pero en un régimen distinto a entregas anteriores de la serie. Estas diferencias se irán acrecentando a medida que nuevos asesinatos de similares características empiecen a ocurrir en la zona de Nueva York, creando un clima de histeria social y política que en nada favorecerá unas pesquisas ya lastradas por la ausencia de motivos y rastros de los asesinos.

Esta 17ª novela de las aventuras de Pendergast y D’Agosta me parece que es algo distinta de las anteriores. De momento no aparece ningún elemento fantástico o del techno-thriller. Tampoco se echa mano de conflictos familiares o personales de ese enorme personaje que constituye el agente especial Pendergast. Los autores nos ofrecen un trepidante thriller, con toda su parafernalia de intriga, acción, golpes de efecto y sorprendentes giros en la trama. Eso no es óbice para que ciertos dejes propios de las historias del gran investigador de Nueva Orleans aparezcan en esta narración. Los personajes extremos, un cierto dandismo en la vida cotidiana, o el relato de lugares y fenómenos singulares de escenarios aparentemente tan conocidos como Nueva York, van surgiendo en la historia, dándole ese toque especial de las novelas de Pendergast, que las han convertido en uno de los mayores éxitos del noir de las últimas décadas.

Un elemento que cabe destacar en esta novela es el papel algo más que de escenario de la ciudad de Nueva York. Más allá de las localizaciones concretas y reales donde se da buena parte de la acción de la novela, es muy importante el diagnóstico que se da de la situación social de los últimos tiempos de esta gran urbe. Los autores hablan de ciertos cambios socioeconómicos que tienen efectos en los habitantes de la Gran Manzana, y que derivarán en ciertos movimientos sociales que tendrán resabios de los que en la Florencia renacentista tuvieron como catalizador los encendidos discursos del predicador dominico Girolamo Savonarola. Pues el tema de las cada día mayores diferencias entre ricos y pobres, será algo que irá apareciendo a lo largo de la narración, no siendo la primera ocasión en que Pendergast, de la mano de sus autores, nos lleve a los más bajos fondos de una ciudad aparentemente rica y opulenta, que da nombre al título de esta novela, La ciudad que no descansa.

Junto con el gran escenario de la ciudad de Nueva York, hay que destacar la galería de personajes que aparecen en las páginas de esta apasionante novela. Por ejemplo, el periodista Bryce Harriman, cuya figura permite a los autores reflexionar sobre el poder menguante del periodismo clásico, pero con el que mantienen un recuerdo nostálgico de lo que significaba la información escrita y no la aparecida por las nuevas redes sociales. Otro personaje a tener en cuenta es el director adjunto del FBI, Longstreet. En él se encarnarán las luces y las sombras de este poderoso organismo de seguridad, así como la singular relación que mantiene Pendergast con sus jefes. Pero donde brillan Preston y Child es en la exhaustiva nómina de multimillonarios que aparecerán a lo largo de la narración. La descripción del origen de sus fortunas, ya sea el despiadado mundo de la industria tecnológica, el crapuloso mundo financiero, o directamente los capos de la nueva delincuencia, de los que se describirán con gran detalle sus prácticas, sus lujos y su desprecio por todo lo que huela a social, convirtiéndose en peones fundamentales en la trama de este intrigante thriller.

Ricas en Manhattan.

Como guinda a esta espectacular narración, el autor nos regala con uno de los enfrentamientos más encarnizados entre Pendergast y el asesino de los que hayamos leído. No sólo impresiona el ominoso escenario donde se dirime el mismo, sino que aparecerán rasgos en la figura de Pendergast que no conocíamos, y que permitirán una resolución sorprendente y original. De igual modo los autores se permiten un cariñoso guiño a ciertas tretas que ya Edgar Allan Poe mostró en las aventuras de su famosísimo personaje Auguste Dupin, y veremos cómo son traspasables a nuestros días.

Con todos estos elementos, nos encontramos con un thriller de extraordinaria factura que no echa mano de elementos fantásticos ni personales en su trama, que se permite una áspera reflexión sobre los nuevos hitos sociales y que nos maravilla por su ritmo, su riqueza de personajes, y unas dosis de acción que no permiten desengancharse en ningún momento de su lectura. ¡No se la pierdan!

Douglas Preston y Lincoln Child.

José María Sánchez Pardo.

Selección de fotografías: M.M. (Despachos de Corpus Christi).

Disponible en la librería Estudio en Escarlata.

2 comentarios en “La ciudad que no descansa, de Douglas Preston y Lincoln Child.

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