El irlandés.

Director: Martin Scorsese.

Guionista: Steven Zaillian.

Reparto: Robert DeNiro (Frank “el irlandés” Sheeran), Al Pacino (Jimmy Hoffa), Anna Paquin (Peggy Sheeran), Joe Pesci (Russell Bufalino), Harvey Keitel (Angelo Bruno), Ray Romano (Bill Bufalino), Stephen Graham (Anthony “Tony Pro” Provenzano), Gary Basaraba (Frank Fitzsimmons), Bobby Cannavale (Navaja afilada), …

Según la sinopsis de la productora, Frank Sheeran fue un veterano de la Segunda Guerra Mundial, estafador y sicario que trabajó con algunas de las figuras más destacadas del siglo XX. ‘El irlandés’ es la crónica de uno de los grandes misterios sin resolver del país: la desaparición del legendario sindicalista Jimmy Hoffa. Un gran viaje por los turbios entresijos del crimen organizado; sus mecanismos internos, sus rivalidades y su conexión con la política.

      Scorsese ha vuelto al cine de gangsters y adapta a la pantalla una historia real, como hacía en “Casino” o en “Uno de los nuestros”, pero yendo un paso más allá. A pesar de que se nos ha vendido como “la crónica de uno de los grandes misterios sin resolver del país: la desaparición del legendario sindicalista Jimmy Hoffa” Scorsese se encuentra más interesado en contarnos una forma de vivir, una época y las consecuencias familiares y peajes que pagaron las personas que vivieron según esas reglas.

      Al ritmo de “In the Still of the Night”, un travelling nos conduce por una residencia de la tercera edad hasta Frank Sheeran (un Robert De Niro digitalmente envejecido) quien, desde una silla de ruedas, comienza la historia de un viaje que con su amigo y protector Russell Bufalino y sus respectivas esposas inició en 1975 hacia la boda de la hija de Bill Bufalino en Detroit. Y con ese viaje, como si de una matrioshka se tratase, se disparan los recuerdos de estos dos viejos amigos hacia los inicios de su relación. Hacia la parada que hizo Frank para arreglar una avería y en la que Russell Bufalino le ayudó. Vamos viendo cómo Frank va pasando de camionero que sisa cosillas a chico de los recados del mafioso Russell (gracias en parte Bill Bufalino, abogado del sindicato “Hermandad Internacional de Camioneros” al que Frank pertenece), a brazo fuerte y luego a “pintar casas” sin pintura acrílica. De ahí a tratar a Jimmy Hoffa y al cielo.

      Scorsese usa la misma estrategia para sumergirnos en la historia que usó en “Casino” o en “Uno de los nuestros”: el protagonista nos cuenta su vida paso a paso, sin apresurarse; su día a día, su familia, las mentiras que le cuenta a ésta, …; en definitiva, su lenta progresión desde don nadie obrero a sindicalista mafioso. Scorsese ya no tiene nada que probar a nadie, puede contar la historia que quiera, con los actores que quiera y del modo que quiera; y eso es justo lo que hace aquí. La película sabe a despedida cinematográfica y para ello se ha rodeado de los actores que mejor le han entendido en su larga carrera y se han embarcado en un rodaje que suena a juerga de amigos en todo momento.

      Que no se me entienda mal, Scorsese no se jubila y entrega una película sólida, aunque sí ha manifestado que con este film se retira de uno de los temas que ha atravesado su filmografía: la mafia en Estados Unidos y su relación con el devenir de esta nación. Así Scorsese, apoyándose en el guión de Steven Zaillian, nos conduce de lo particular a lo general, dejando en bastante mal lugar a los prósperos USA de los años cincuenta y sesenta, cuyo mito parece erigido sobre arenas movedizas, y de vuelta a lo particular.

      De esta forma, da un fuerte repaso al sindicalismo que en su día practicaron Jimmy Hoffa y sus adláteres al frente de la “Hermandad Internacional de Camioneros” (que rozaba, como poco, el gangsterismo en sus métodos y que se sumergía directamente en éste en sus relaciones), recuerda los vínculos de la familia Kennedy con la mafia, nos muestra la institución del jurado como altamente falible y a la justicia como poco menos que un paripé e, incluso, llega a presentar al ejército como una fábrica de asesinos (en una pequeña secuencia en que compara la labor de Frank para la mafia con la que llevó a cabo en la Segunda Guerra Mundial, aunque admito que en esta interpretación puedo estar haciendo cierta proyección al ser una cuestión en la que se extiende el libro en que se basa la película). En resumen, sacude a todos los sacrosantos pilares de la sociedad estadounidense.

      En la parte personal de la gente a la que vemos desfilar por la pantalla, pues Scorsese se esmera en crear gente lo más tridimensional posible, se vuelve a introducir en los rituales de esa sociedad dentro de la sociedad que es la Cosa Nostra, reincide en temas como es el de si la lealtad a la familia (familia natural o amigos, que en el fondo es la familia que nosotros escogemos) está por delante de la lealtad a la Famiglia, la forma en que afrontamos las consecuencias de nuestros actos, el sentido último que tiene la existencia de quien elige la vida mafiosa y la espiritualidad. Al final, no sé si intencionalmente, la película acaba emparentándose con “Érase una vez en América” (la última película de Sergio Leone, quien también contó con De Niro como personaje principal en ella) al intentar mostrarnos la falta de sentido que tiene dicha existencia una vez se llega a la senectud.

      Cuenta para ello con un reparto completamente entregado a su trabajo, encabezados por un Robert De Niro muchísimo más contenido de lo que lo hemos visto en años (aunque algunos de sus tics habituales se dejan ver a lo largo del metraje), y por un Al Pacino al que la naturaleza histriónica del Jimmy Hoffa real le deja más libertad a la hora de sobreactuar y que contrasta con el resto del reparto al moverse en un mundo en el que todo se ejecuta en voz baja y mediante sobreentendidos (ese gorro rojo con el que se presenta al personaje ya nos indica mucho de su personalidad, con esa sabiduría que adorna al director de Queens a la hora de vestir a los personajes y de crear entornos psicológicos). Junto a ellos aparece un Joe Pesci (Russell Bufalino) que personifica la maldad del sistema en el que Frank se interna con una calma y afabilidad que contrastan poderosamente con las anteriores actuaciones que a las órdenes de Scorsese y que, justo por ese contraste, nos trasmiten una mayor sensación de amenaza. La cima actoral se completa con una Anna Paquin (Peggy Sheeran, la hija de Frank) que sólo dice una frase en toda la película pero que siempre la encontramos omnipresente en los actos más brutales de Frank a lo largo de la película, con su mudo testimonio aporta toda la censura moral que el mundo “normal” siente por los actos de unos “wise guys” a los que el testimonio de Frank siempre trata de exculpar y que, a la vez, denuncia de la situación familiar de amenaza que sobrevuela en todo momento el hogar de los Sheeran.

      Fuera de estos cuatro grandes, el resto de actores que aparecen, que incluyen caras tan conocidas para los que frecuenten la filmografía scorsesesca como Bobby Cannavale, Harvey Keitel o Ray Romano, se encuentran a un buen nivel interpretativo pero palidecen al lado de los anteriormente mencionados y, por pequeños que sean sus papeles, nos confirman la fama de la dirección de actores que suele acompañar al director neoyorquino.

      Una de las pegas de la película que se han esgrimido es que los actores son gente que interpreta a personajes casi cuarenta años más jóvenes y que eso se nota, es cierto que la misma hubiera ganado en verosimilitud si el casting hubiera incluido actores más cercanos a las edades que se suponen que interpretan, pero como decía antes, esta película parece una última juerga entre amigos y Scorsese sabe que puede apoyarse en las interpretaciones de todo el elenco y, en cualquier caso, no es éste un problema que saque en ningún momento del relato que se pretende contar, cuyo ritmo pausado no decae en sus tres horas y media de metraje, manteniéndonos interesados en lo que sucede en pantalla (a menos que lo que esperemos sea un thriller palomitero a lo Michael Bay, claro, pero eso ya no es culpa del director sino del que entra a la sala sin intención de entender lo que se le cuenta y el por qué de las decisiones autorales).

      Creo también que la promoción de la película induce a otro error, si hacemos caso a la sinopsis que abre esta reseña parece que la película es la historia de la desaparición del sindicalista Jimmy Hoffa pero en realidad lo que aquí se cuenta es más una historia en que la amistad, su traición y la posibilidad de redención o no de Frank Sheeran son las centrales (prueba de ello es que el personaje de Jimmy Hoffa no aparece hasta que casi ha pasado una hora de película y que tras su muerte aún queda un trecho lleno de consideraciones como la imposibilidad parcial de hacer un luto sobre una persona desaparecida, aunque se tenga la certeza de que ha muerto).

      Para acabar, ¿es esta película un clásico instantáneo o una obra maestra, como se nos ha vendido desde casi antes de su estreno? No lo sé, sólo sé que es una película que deseo revisitar muchas veces en el futuro para poder degustar de nuevo sus pequeños momentos, algunos silencios y para dejarme llevar por el ritmo de las vidas que Scorsese retrata. Porque, además, tengo el convencimiento de que siempre tendré matices nuevos que descubrir en cada nuevo visionado y, porque como dice Russell Bufalino en un determinado momento, “A veces es mejor no entenderlo todo”.

Miguel Ángel Vega Calle

3 comentarios en “El irlandés.

  1. Desde luego es un imprescindible para los que les gusten las pelis de la maffia y de Scorsesse en particular. Se que la veré varias veces, como he hecho con la trilogía de el Padrino o con Erase una vez en America, y que en cada visionado encontraré algo nuevo.

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