Bad Girls.

Bad Girls

Guionista: Alex De Campi

Dibujante y colorista: Víctor Santos

Edita: Norma Editorial.

La Habana, Nochevieja de 1958. Fidel, el Ché y sus barbudos luchan contra Batista ya hace años pero en el Casino El jardín del Edén los asistentes sólo quieren oír hablar de diversión. Bueno, quizá no todos, Albert se ha venido con unos cuantos brazos fuertes desde Nueva York a comprobar en los libros cómo es que ese casino sólo produce unos dividendos exiguos comparado con otros de la mafia; el general Morrero quiere su mordida habitual del propietario Albert Rothman, que a su vez  necesita una horita para solucionar todos esos problemas contables. Entre medias: una amante que necesita huir, una bailarina con deudas de juego, una madre con una venganza que cumplir y seis millones de dólares.

Alex de Campi, guionista de cómics y cineasta británico-norteamericana, plantea un thriller en clave femenina enmarcado en los últimos estertores de la dictadura de Batista en Cuba y, en consecuencia, en el final de la era dorada de los casinos mafiosos en esa isla. Partiendo de unos arquetipos femeninos tan antiguos como las narraciones de género negro, la guionista, como viene siendo habitual en sus guiones, escribe una narración llena de violencia y de personajes que siempre tienen un lado oscuro a poco que se rasque en su amable fachada.

Las diferentes mujeres en las que se centra la narración (Carole, la querida de Albert Rothman pero no sólo, Taffy, la bailarina estrella, Ana, la bailarina situada segunda en la realeza del casino, y Kitty, la turista que sólo busca diversión) se presentan como mujeres fuertes e independientes, dentro de lo que la época y el lugar permitían, y capaces de llegar a extremos que en un primer momento parecen impensables pero que con el discurrir del relato y sus evoluciones, desde el arquetipo a personajes con entidad propia, nos parecen como poco coherentes. Como viene siendo habitual en de Campi desde sus primeros trabajos (la mayor parte, desafortunadamente, sin publicar en España) la violencia, tanto física como psicológica, no se hace esperar y la adrenalina supura sus páginas; todo ello dejando lugar a pequeñas reflexiones sobre la situación de la mujer, el racismo y la hoy tan traída sororidad sin que en ningún caso sean obvias ni se conviertan en un pegote que engulla el relato.

Quiero hacer hincapié en que no nos encontramos en un relato políticamente correcto a la manera Disney, si las protagonistas son mujeres y el reparto es multiétnico todo ello está anclado en una situación social y en un ambiente moral concreto, plenamente justificado por lo que se nos quiere contar. Realizarlo de otra manera y con otros actores podría haber funcionado bien pero tal y como está desarrollado no se puede emitir la más mínima queja y no tiene nada de prefabricado ni de victimización, las protagonistas no son víctimas en ningún momento, ni siquiera Taffy en su encuentro con el mafioso Albert, sino supervivientes natas. 

Incluso esa Kitty, el personaje de la norteamericana pija que sólo quiere encontrar la fiesta a la que dicen que va a ir Marlon Brando y que en algunas reseñas se nos dice que no encaja en la acción, le sirve a la autora para hacer una reflexión sobre esos turistas que van a los lugares a embriagarse sin involucrarse con los nativos ni hacer la más mínima reflexión sobre lo que ocurre a su alrededor (de hecho, ya encontramos personajes así en “No Mercy”, otra de las obras importantes de esta autora).

A los lápices se encuentra nuestro compatriota Víctor Santos. Santos es un monstruo del cómic y todo lo que se le alabe es poco. Que un tour de force gráfico como este tebeo tenga sentido es un mérito exclusivo de él. Entiendo que la guionista ha ideado la historia y ha colaborado estrechamente con el mismo, visto el resultado. Pero se me hace difícil, a la vista de la carrera del valenciano, pensar que esas composiciones de página, en que las viñetas nos van llevando de un lado a otro, resaltando momentos, conversaciones y elementos pudieran haberse llevado a cabo por otro dibujante con una efectividad y una claridad expositiva como las suyas, sin perdernos entre tantos elementos y llevando nuestra atención de un lugar a otro de una manera casi mágica. 

Una muestra de su pericia está en cómo, al inicio de la novela gráfica, integra en el relato la música de “Fever”, la canción de John Davenport y Eddie Cooley, creando una sensación sinestésica que, además, viene acompañado de páginas de presentación de personajes plagadas de acciones paralelas. Podemos hablar perfectamente de las influencias que han ejercido en Santos diversos autores ya convertidos en clásicos del cómic, aquí es especialmente evidente la sombra de Frank Miller, si bien su estilo ya es propio e instransferible. Además aplica el coloreado, una paleta de colores oscurecidos que nos muestran ambientes nocturnos pero que crean sensaciones de ambigüedad parejas con la moralidad que atraviesa toda la narración. Sólo la participación de Víctor Santos en el proyecto debería hacer que éste fuera una compra segura en nuestras listas.

 Norma Editorial nos trae este interesante cómic, en una lujosa tapa dura a imagen de la edición primigenia que lanzó de Simon and Schuster en su división de Gallery 13, y desde aquí esperamos que siga apostando por el trabajo de esta guionista tan interesante, sea acompañada o no por Víctor Santos, de quien seguro, o eso esperamos, que traerán más cosas en el futuro.  

Miguel Ángel Vega Calle.

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