“Castigo”, de Ferdinand von Schirach.

“Castigo”, Ferdinand von Schirach. Salamandra.

El noir es un género en el que se trata fundamentalmente del daño interpersonal, de eso que, genéricamente, se conoce como crimen y donde el dolo puede tener mayor o menor presencia, según los casos.

Trata, por tanto, de lo que la sociedad considera delitos. Todos aquellos hechos humanos que van desde la usurpación de bienes al tráfico de diversas sustancias, pasando por la violencia en sus diversos grados: la psíquica, el maltrato físico y el homicidio. 

Las novelas y relatos noir suelen concentrarse en quién hace el daño, qué daño se realiza, cómo se lleva a cabo y por qué todo esto se produce. Las fórmulas elegidas para la narración son variadas, entre las que se cuentan relatos en forma de misterio en los que hay que resolver un enigma; narraciones que describen las arduas cuitas que se sufren a la hora de llevar a cabo una investigación; historias que se dedican a realzar el escenario personal y social, y muchas otras entre las que, quizás, actualmente sobresale la de manifestar la percepción o vivencia subjetiva de quienes, de un modo u otro, se ven involucrados en este mundo: víctimas, verdugos, personal del ámbito de la justicia y la policía.

En esta última línea, la del punto de vista de quienes se hallan inmersos en el mundo del delito, Ferdinand von Schirach nos ofrece en los doce relatos cortos hoy reseñados una galería muy variada de historias alrededor del crimen, focalizándose en los aspectos subjetivos de los diversos actores que pueden llegar a intervenir en un hecho criminal. La perspectiva subjetiva permite al autor proponernos situaciones que se salen de las tradicionales dicotomías bueno/malo. 

Von Schirach incluso se permite introducir en sus relatos la paradoja que se ha dado en llamar por autores como Manuel Valle, el conflicto entre la Justicia “legal” y la Justicia “natural”. Pues von Schirach nos plantea situaciones muy complejas, en las que ciertas posturas no son fáciles de entender o justificar, donde los contrarios pueden encontrarse, y la valoración y justificación de daños y crímenes puede estar fuera de la moral convencional o eso que se da en llamar el sentido común. 

Otra de las grandes aportaciones de estos relatos es la narración de las historias de gentes que se ven involucradas en actos criminales, y que no estarían englobadas en los habituales perfiles de delincuente o criminal. El autor nos ofrece una serie de historias en que personas “normales”—¡con lo difícil de establecer qué es lo normal!—se ven implicadas de forma activa o pasiva en la producción de hechos delictivos. Las distintas narraciones nos muestran ejemplos de cómo nuestros estados alterados, ensimismamientos o la mera dificultad de admitir ciertas pérdidas existenciales, nos pueden abocar a vernos envueltos en situaciones criminales, para las que ni presentábamos afición ni condiciones.

Un asunto de gran trascendencia en estos relatos es la adjudicación de culpa o responsabilidad en diferentes hechos o ante determinadas decisiones. ¿Hasta qué punto podemos hacernos responsables por nuestra actividad profesional? ¿El haber llevado a cabo determinadas acciones podría haber alterado el triste curso de unos hechos que nos provocan dolor a nosotros o a los demás? Estas y otras cuestiones se tratan en algunos de los relatos de “Castigo”, donde el autor no siempre deja nuestra conciencia tranquila, pues en demasiadas ocasiones no plantea soluciones ante los dramas que están detrás de estos asuntos.

Como se señalaba anteriormente, el papel de los diversos actores del mundo judicial–abogados, jueces, policías o miembros de jurados populares—, es un tema que se trata profusamente en estos relatos, pero desde unas ópticas muy singulares. Por un lado, se abordará el factor humano de cada uno de estos personajes, mostrándonos cuán frágiles—o fuertes—les pueden hacer sus personalidades, más allá de su competencia y saber profesional. Por otra parte, se tratará de la aplicación de la Ley en su ejecución concreta en cada caso, mostrándonos cómo, pese a nuestros denodados esfuerzos, es prácticamente imposible tener en cuenta todos los detalles y circunstancias de cada vida involucrada en un crimen, bien sea la de las víctimas o la de sus verdugos. 

Finalmente, hay una lúcida e implacable reflexión sobre la necesidad del Derecho y la Ley, más allá de que sus carencias, lagunas o contradicciones puedan permitir que ciertos criminales—que serían culpables según la Justicia natural—escapen de la Justicia legal. Desde esta óptica se reivindica el papel del Derecho y la Ley como protección frente al capricho y la dictadura de los demás.

Las tramas de los cuentos son muy diversas. Las hay centradas en el cómo se llega a realizar actos criminales desde el dolor y el ensimismamiento; otras exponen cómo realizar un acto criminal nos puede hacer más grandes; otras explican cómo el dolor y la pérdida nos llevan a situaciones terribles ante la imposibilidad de torcer el destino fatal; incluso en alguno de los relatos se tratan las cuitas morales de aquellos que intervienen en los procedimientos judiciales.

En realidad, von Schirach no precisa de grandes tramas criminales para alimentar sus narraciones, pues echa mano de crímenes más bien domésticos. Desde esa perspectiva, lo que hace es fijar la atención en la vivencia subjetiva de los diversos personajes que circulan por sus historias, con un rigor, una profundidad y una humanidad extraordinarias. Así, logra convertir cada una de estas pequeñas historias en una reflexión que nos llega hasta los más recónditos recovecos de nuestros anhelos y motivaciones. Porque el autor va más allá de nuestra racionalidad cotidiana y de su moral resultante, y rebusca en aspectos mucho menos habituales, como son nuestras debilidades y fantasías, para poder dar una cierta explicación a hechos y reacciones aparentemente incomprensibles.

Como era previsible, la amargura y la desazón recorren estas historias—aunque el autor se permita en ellas ciertas gotas de humor un tanto negro—que, por otra parte, responden a un canon estilístico escueto, sin adornos, pero que logra unos retratos de personajes extraordinarios, en los que late una humanidad que ya quisiéramos encontrar en novelas de mucha más extensión.

Ferdinand von Schirach.

Es de destacar el aire de realismo de estas historias, pues siendo narraciones un tanto extremas, siempre sospechamos que pudieran haber sido casos reales. No sabemos si la actividad profesional como abogado penalista del autor influye, pero el aire de verité de estos cuentos resulta impresionante.

Si en sus anteriores libros—“Crímenes”, “Culpa”, “El caso Collini”, “Tabú” o “Terror”—, ya nos mostró su capacidad de sorprendernos y emocionarnos, en esta ocasión nos regala con unas narraciones llenas de sorpresa, humanidad y reflexión. Todo esto le permite realzar el papel de la narración corta, que tan poco vemos en nuestras librerías, y que fue uno de los pilares de la más grande literatura noir, de la que este volumen es un muy digno representante.

José María Sánchez Pardo.

Selección de fotografías: M.M. (Despachos de Corpus Christi).

Disponible en la librería Estudio en Escarlata. https://www.estudioenescarlata.com/libros/castigo/52761/

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