Un cadáver con clase, de Jessica Fellowes.

Un cadáver con clase, Jessica Fellowes. Roca Editorial de Libros.

“Hacerse mayor en la campiña inglesa se nos antojaba un proceso interminable. El gélido invierno daba paso a una primavera glacial, que a su vez se fundía con el frío verano, pero nunca jamás pasaba nada”.

Con estas palabras describía Jessica Mitford en sus memorias (Nobles y rebeldes) cómo transcurrió tanto su propia infancia y adolescencia, como la de sus cinco hermanas.

Pero aproximadamente un siglo después de aquellos años campestres, una escritora, Jessica Fellowes, se ha propuesto, aunque sea póstumamente y en la ficción, rescatar a las extravagantes Mitford de aquel terrible pozo de aburrimiento, convirtiéndolas en protagonistas de una serie de misterios—en la tradición de los de la Edad de Oro del género—que hubieran dejado verdaderamente heladas, más allá de ese frío tan propio de la campiña inglesa que sufrieron en su infancia, a las seis Mitford.

Jessica Fellowes.

Sobre las vidas de las Mitford han corrido ríos de tinta. Sin embargo, la originalidad de Jessica Fellowes ha consistido en iniciar una serie de novelas en la que cada una de ellas aparece como elemento central de una trama basada en la investigación de hechos criminales ocurridos en el entorno próximo de la familia Mitford. Un recurso verdaderamente inteligente para aprovechar el interés popular que todavía hoy suscitan aquellas singulares hermanas.

Nancy (1904-1973), Pamela (1907-1994), Diana (1910-2003), Unity Valkyrie (1914-1948), Jessica (1917-1996) y Deborah (1920-2014) fueron las seis hermanas Mitford. Todas hermosas, todas extravagantes, algunas verdaderamente talentosas y otras alarmantemente fanáticas.

Aunque también podríamos recurrir a describir al clan Mitford con las cáusticas palabras que, según contaba Jessica Mitford, empleó su hermana Deborah cuando un empleado del censo le preguntó de cuántos miembros se componía la familia y ella contestó con malos modos: “tres gigantes, tres enanas y un bruto”. Las gigantes eran Nancy, Diana y Unity, todas excepcionalmente altas; las enanas, Pam, Debo y yo (Jessica); el bruto, el pobre Tom (el único hermano varón).

El clan Mitford.

Nancy, la hermana pretendidamente socialista, fue una brillante escritora de lengua viperina y amores desgraciados. De Pamela, llamada “la Mitford rural”, hablaremos más tarde, puesto que es la Mitford protagonista del libro que hoy reseñamos.

Diana fue la nazi de esplendorosa belleza. Unity Valkyrie (de nombre profético) fue la groupie de Hitler, la que optó morir antes que elegir entre su führer y su patria (en Trifulca a la vista, una de las primeras novelas de Nancy, se hace una divertida parodia tanto de Unity, como de su cuñado Mosley, marido de Diana y líder de los fascistas británicos). Jessica combatió el aburrimiento mortal de su infancia huyendo pronto de su familia y convirtiéndose en comunista. Deborah, la menor, quiso desde niña ser duquesa y logró hacerse con el principal ducado inglés, el de Devonshire.

Deborah Mitford.

Evidentemente, estas hijas de la aristocracia británica más extravagante tenían que llevar en sus genes, o en su educación, algún elemento especial que fomentara sus peculiaridades, y quizás el principal fuera el carácter de sus padres, Lord y Lady Redesdale, a los que Jessica Fellowes describe en un momento de Un cadáver con clase, diciendo que “si Lord Redesdale era el fuego y la ira, Lady Redesdale era el hielo y la cólera”. 

Lord y Lady Redesdale con Nancy.

Pero es todavía más vívida la descripción que Jessica Mitford hizo de su padre en sus memorias:

[E]n cierto aspecto, no era un hombre con prejuicios en el sentido moderno de la palabra. Desde los años treinta, el término ha venido a designar un odio acérrimo y apasionado hacia una raza o credo determinados: negros, orientales o judíos; la palabra discriminación incluso ha llegado a ser prácticamente sinónima de prejuicio. Mi padre no discriminaba, de hecho, en general, no hacía distinciones entre las distintas clases de forasteros. Cuando una prima nuestra se casó con un argentino de puro linaje español, comentó ‘He oído decir que Robin se ha casado con un negro’.

Lord Redesdale se murió sin saber que, gracias a la hija de Jessica, Constance Romilly, activista política como su madre y casada con un afroamericano, algunos de sus descendientes son, seguramente, bastante más oscuros de piel que los de aquella prima Robin.

Todos estos personajes, los Mitford, son los protagonistas de Los crímenes de Mitford (publicado en España hace un año) y de Un cadáver con clase, publicado ahora por Roca. El primero transcurría en 1920 y tenía como protagonista a la Mitford mayor, Nancy, de 16 años, que colaboraba con su niñera, Louisa Cannon, en la resolución del asesinato de la enfermera Florence Nightingale Shore (sobrina de la famosa creadora de la enfermería profesional), víctima de un crimen real que todavía hoy sigue sin resolverse, pero al que la novelista Jessica Fellowes dio una solución muy imaginativa en su novela.

Aunque las Mitford ponen la nota elegante y extravagante en los libros de Fellowes, la verdadera protagonista es Louisa Cannon, a la que en la primera novela conocemos como joven raterilla a la que la suerte permite huir de los barrios bajos londinenses y ocupar el puesto de niñera en Asthall Manor, la gélida mansión de los Mitford en la campiña de Oxfodshire.

En Un cadáver con clase, que se desarrolla entre noviembre y diciembre de 1925, Louisa ya tiene 23 años. Es la época conocida como los felices veinte (más felices para unos que para otros, claro) en los que Gran Bretaña comenzaba a recuperarse de los estragos de la Gran Guerra y donde los jóvenes cachorros de las clases altas apuraban hasta el fondo de la copa todos los placeres a los que su riqueza y privilegios les permitían acceder.

Fiesta en los años 20 con campeonato de esgrima.

Esos jóvenes serán conocidos como los Bright Young Things y verán trascurrir sus días en una sucesión de fiestas, ya sea en los clubes del Soho—donde, al compás de la nueva música de jazz que llega de Estados Unidos, bailaban despreocupadamente a la vez que consumían sin tasa alcohol y cocaína—o en las mansiones campestres a las que llegaban conduciendo alocadamente sus modernos automóviles y donde sus distracciones podían consistir, por ejemplo, en búsquedas del tesoro o sesiones de espiritismo, tan de moda en la época. 

Bright Young Things, fotografía de Cecil Beaton.

Louisa tiene acceso a ese mundo—aunque a veces su presencia resulte un tanto inverosímil—gracias a su labor de carabina de las dos Mitford mayores, Nancy y Pamela, que es la Mitford protagonista de Un cadáver con clase. Porque es en la fiesta del decimoctavo cumpleaños de Pamela, celebrada en Asthall Manor, cuando aparece asesinado uno de los invitados, el joven Adrian Curtis, uno de esos jóvenes brillantes miembro de la pandilla a la que pertenece Nancy y a la que arrastra ocasionalmente a su hermana Pamela.

Pamela, que fue llamada la Mitford rural, por el amor a la vida campestre que mantuvo toda su vida, fue la hermana que tuvo una vida más anodina, si puede considerarse como tal el casarse con un científico millonario declaradamente antisemita, como también, en la tradición de una parte de su familia, parece que lo fue ella: no hay que olvidar que, hasta el estallido de la Segunda Guerra Mundial, algunos sectores de la aristocracia británica mantuvieron abiertamente posiciones filonazis—tal y como muestra el nobel Kazuo Ishiguro en Lo que queda del día—y parte de los Mitford estuvieron entre ellos. Después de divorciarse, tras quince años de matrimonio, Pamela pasó el resto de su vida con una amazona italiana.

Pamela Mitford.

En Un cadáver con clase hay dos líneas argumentales convergentes. La primera se centra en lo rural, que bebe directamente de la tradición de la Edad de Oro de la novela de misterio, centrada en el asesinato del que ya hablamos. La segunda—que tiene más carácter de ficción histórica—, la que tiene como protagonista al sargento de la Policía Metropolitana de Londres, Guy Sullivan, a quien ya conocimos en Los crímenes de Mitford, embarcado, junto a la agente Mary Moon, en la misión de detener a Alice Diamond, la jefa de una banda de delincuentes femeninas conocidas como Las Cuarenta Ladronas (y hay que señalar que tanto la Diamond, como su banda, existieron realmente).

Alice Diamond.

Precisamente ese es uno de los mayores aciertos de Jessica Fellowes en esta novela y en la anterior, su capacidad de insertar hechos y personas reales en la ficción.

Asimismo, hay que destacar su excelente capacidad descriptiva a la hora de recrear los más dispares ambientes: los de esa aristocracia británica (personificada en el barón de Redesdale y su familia), cuyo privilegiado modo de vida estaba entrando en crisis ante la aparición de nuevas y pujantes fuerzas sociales, y también los de los barrios bajos londinenses y las gentes que luchaban—dentro o fuera de la ley—por sobrevivir en ellos.

Niños en un barrio londinense.

En esta novela, Fellowes nos introduce hábilmente en una época apasionante en la que se prefiguraba el nuevo mundo que se iría consolidando tras la Segunda Guerra Mundial. Una época en la que uno de los cambios fundamentales que se comienza a percibir es el de los aires de libertad que empiezan a disfrutar algunas mujeres que, a la par que acortaban sus cabellos y sus faldas, ensanchaban sus horizontes mentales y profesionales, como hacía Nancy Mitford o, mucho más modestamente, su niñera, o la mencionada Mary Moon, que en la novela aparece como una de las primeras agentes de la Policía Metropolitana de Londres, aunque deba sufrir, a pesar de su ambición e inteligencia, el que sus mandos la mantengan, por ser mujer, reducida a labores policiales secundarias.

Mujer policía en los años 20.

Por último, hay que mencionar que Jessica Fellowes, sobrina de Julian Fellowes, el creador de la serie Downton Abbey, es la autora de los cinco libros oficiales de Downton Abbey y por ello sabe dotar a sus novelas Mitford de las mismas virtudes que los amantes de Dowton Abbey encontraron en la serie, y que les harán apreciar igualmente estos misterios Mitford.

Yolanda de Pablos Valencia.

Selección de fotografías: M.M. (Despachos de Corpus Christi).

Disponible en la librería Estudio en Escarlata. https://www.estudioenescarlata.com/libros/un-cadaver-con-clase/52881/

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