El hombre que volvió a la ciudad, de George Pelecanos.

El hombre que volvió a la ciudad, George Pelecanos. RBA.

Michael Hudson sale de la cárcel con el firme propósito de no volver a meterse en nada que le pueda obligar a regresar a semejante lugar. Armado de esta proba resolución, decide volver a casa de su madre en Washington, donde buscará trabajo en el sector de la restauración. Para aguantar el duro tirón que implican tanto la libertad, como los requerimientos de su nuevo trabajo, Michael cuenta con un nuevo recurso existencial: la lectura. Durante su estancia en prisión y, gracias a la guía de la bibliotecaria, Anna, Michael descubre la lectura, lanzándose a ella con la pasión y el entusiasmo del descubridor neófito.

La cárcel.

Pero, pese a sus buenas intenciones, un curioso personaje, Phil Ornazian, lo enreda para participar en algunas actividades, digamos, extralegales. El tal Ornazian trabaja habitualmente como investigador o detective para abogados defensores, pero mantiene al mismo tiempo ciertas prácticas al margen de la legalidad que le involucran en situaciones realmente peligrosas.

Como socio y compañero de las mismas cuenta con Thaddeus Ward, un exmilitar y expolicía, que regenta una exitosa empresa de fianzas. Juntos, con la esporádica colaboración de Michael, nos llevarán por algunos de los lugares más siniestros de la vida contemporánea norteamericana, dejando una singular huella de su paso.

Pelecanos en una presentación sobre El hombre que volvió a la ciudad.

La narración transita más por el lado de la descripción de situaciones o el relato de vidas personales que por el ámbito de lo delictivo, pues se extiende mucho más en descripciones que en el relato de los hechos criminales o de intriga.

De esta forma, la novela nos habla con detenimiento de algunos aspectos de la vida en cautiverio, sobre todo en lo referido a determinadas actividades culturales, tales como los clubes de lectura que se organizan en las cárceles, y que pueden servir para enganchar a los reclusos a una actividad, que dentro de los muros de la prisión, les permite poder llenar los grandes espacios de tiempo muerto y les ofrece, además, una opción de ocupación existencial que, en ciertos casos, puede darles grandes satisfacciones.

Un club de lectura en prisión.

En esta línea, el autor nos va citando muchos y muy buenos libros a lo largo de la narración, tanto en el ambiente del penal, como en el del exterior y, a través del descubrimiento de la lectura que tiene el protagonista, aparecerán viejos conocidos de los aficionados al género noir, como el gran Elmore Leonard, con dos de sus mejores relatos del Oeste, “Hombre”  o “Que viene Valdéz”, o el inigualable John D. MacDonald con Adiós en azul, primera entrega de las aventuras del inclasificable investigador Travis Mcgee.

Una prisión en Washington D.C.

El relato de las vicisitudes de la vida de Michael Hudson al salir de la cárcel formará la urdimbre básica alrededor de la cual aparecerán otros personajes y algunas historias secundarias. En este relato también adquiere gran relevancia la descripción de la vida social de los diversos barrios que conforman la ciudad de Washington, una ciudad que, como en otras novelas del autor, tendrá un peso significativo en la narración, pues Pelecanos describirá las tensiones sociales, raciales y económicas en la capital administrativa de los EE.UU.

Con todo, la novela se lee muy bien, pero debemos volver a señalar que la narración se inclina más hacia el lado del relato social y personal que del de la trama noir. En definitiva, aprenderemos bastante sobre la vida de los delincuentes, pero poco de sus delitos.

José María Sánchez Pardo.

Selección de fotografías: M.M. (Despachos de Corpus Christi).

Disponible en la librería Estudio en Escarlata. https://www.estudioenescarlata.com/libros/hombre-que-volvio-a-la-ciudad-el/52351/

2 comentarios en “El hombre que volvió a la ciudad, de George Pelecanos.

  1. Buenas.

    Creo que lo mejor de la novela es el peculiar personaje de Bill Ornazian. Bastante inverosímil, es cierto pero con un sentido del humor y de la justicia muy particular

    Besos y saludos.

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