Katanga.

(2018 – 2019. Norma Editorial)

1- Diamantes. 2- Diplomacia. 3- Dispersión.

Guionista: Fabien Nury. Dibujante: Sylvain Vallée. Colorista: Jean Bastide.

Siempre ha habido mercenarios en Katanga.

De hecho…Katanga fue creada por un mercenario”.

Con esta historia, contada por el Ministro del Interior de la Katanga Independiente, Godefroid Munongo, al Director General de la Unión Minera del Alto Katanga (UMAK), Bernard Forthys, empieza y acaba la presente obra. Pero no nos adelantemos, comencemos por el principio. El día treinta de junio de mil novecientos sesenta se declara la independencia de la República Democrática del Congo respecto de Bélgica y el día once de julio de mil novecientos sesenta, antes de que los belgas hubieran reconocido dicha independencia, las provincias de Katanga y Kasai se declaran a su vez independientes también de la recién creada república congoleña.

En un escenario como ese el caos y las vendettas contra la anterior administración colonial y/o los opresores blancos es muy poco extraño, y si encima un empleado bancario intenta poner a salvo unos diamantes sin que Charlie, su chico para todo, le corte el cuello, esconda los diamantes y vaya a refugiarse a Katanga, donde vive su hermana Alicia, todo esto resulta aún menos sorprendente. El caso es que Alicia resulta ser la trampa de miel que Munongo les ha tendido no solo a Bernard Forthys, sino también a Armand Orsini, asesor especial en asuntos militares de dicho ministro. Si la UMAK, a cambio de tener la exclusiva en la extracción de cobre, permite la subsistencia financiera de Katanga frente al exterior, la subsistencia militar la provee Orsini a través de los mercenarios que ha reclutado junto a Félix Cantor, anterior camarada de las Fuerzas Armadas francesas y su actual brazo derecho. Y ahí, en un campo de refugiados, aparece Charlie con tres diamantes, solicitando protección y dispuesto a comprar un pasaje para sí mismo y para su hermana Alicia hacia cualquier lugar que rime con “prosperidad”.

“Serás rica, los ricos no tienen color”.

Fabien Nury (Francia, 1976) no se corta un pelo a la hora de presentar los aspectos más innobles del ser humano, ya sean estos blancos, negros, mercenarios, políticos o médicos. No hay una idealización del buen salvaje que busca la libertad, ni del mercenario que le ayuda a ello en busca de su propia redención. El guionista, como ya nos tiene acostumbrados en su producción historietística, inserta en el marco de la guerra una serie de personajes con una personalidad muy marcada si bien, aunque no haya idealización, eso no implica la inexistencia de una moralidad en los personajes, por muy básica que esta sea. El mundo de los mercenarios, integrado fundamentalmente por navajeros y delincuentes, se nos muestra sin embargo regido por una serie de principios, aunque estos sean mínimos. Félix Cantor aparece como un hombre endurecido, pero no sin escrúpulos; Charlie es un asesino a sangre fría, pero más para asegurar su porvenir y el de su hermana en un mundo hostil. Alicia, por su parte, es una superviviente que, tras una vida de humillaciones y sometimiento sexual, aún es capaz de ver lo mejor en los otros. El mimo en la caracterización llega incluso a los personajes más secundarios, que siempre tienen unas muy efectivas frases que los definen, siendo el perfecto ejemplo el encuentro entre Alicia y la esposa de Forthys.

Aparte de lo anterior, Nury muestra en diversos diálogos un cinismo y una hipocresía tales que, en según qué personajes, al leer y releer la obra uno no puede por menos que sonreir. Así, la escena en que el Ministro de Exteriores katangués, Évariste Kimba, es enviado en visita diplomática a territorio de la etnia baluba tras emitir un insulto racista contra esta etnia es simplemente espléndida, y buena muestra de esa comedia que surge involuntariamente de los personajes en determinados pasajes de la obra.

Para mostrar todo esto, Sylvain Vallée (Sannois – Francia -, 1971) usa un dibujo que caricaturiza las caras de los personajes en beneficio de la expresividad de los mismos, pero plasmando de manera realista las formas y fondos en que se mueve la acción. La estructura de página que emplea es la de cuatro o cinco filas de viñetas generalmente rectangulares, aportando un aire cinematográfico a la narración.

El color de los tres álbumes de que se compone este cómic corre a cargo de Jean Bastide (Albi -Francia-, 1982), quien emplea una paleta de colores brillantes, como corresponde a la luminosidad de la región africana, si bien los matiza usando variaciones de tonalidad a la hora de marcar las numerosas sombras que surcan la obra.

Una aclaración final: esta historia, a primera vista, parece deberle más a novelas como “Los perros de la guerra” de Frederick Forsyth o a las de Jean Larteguy que a los callejones de Los Angeles o a las gabardinas de Bogart. Sin embargo, para mí, personalmente, la etiqueta de serie negra de la misma está plenamente justificada al integrarse esta denuncia de la codicia, de los abusos del poder y, en cierta medida, del racismo, en la línea del polar francés representada por Patrick Manchette o Jean-François Vilar.

En definitiva, Norma editorial nos ha traído un thriller rápido y duro, pero de los que dejan lugar a la reflexión, presentado con una soberbia traducción y con el magnífico nivel de edición al que esta editorial nos tiene acostumbrados.

Miguel Ángel Vega Calle.

5 comentarios en “Katanga.

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